viernes, 18 de noviembre de 2011

Duda (Eugenia Guastavino)

                                      Mujer en el camino, Leon Spilliaert

Mi quinto hijo nació cuando sus hermanos mayores eran  ya adolescentes. Cuando él empezó a crecer, hacía enormes esfuerzos por seguir el hilo de las conversaciones familiares. Muchas veces entendía  aquello de lo que se estaba hablando pero no sabía qué interpretación darle. Entonces siempre preguntaba ¿es mejor o peor?  Es decir, cuando comentábamos algo que había sucedido, el comprendía  lo qué decíamos,  pero no podía deducir de sus propias experiencias si aquello era conveniente, útil, beneficioso o provechoso para el que lo estaba viviendo. El necesitaba, ponerle una calificación para terminar de entender. Pocas veces podíamos contestarle con absoluta claridad porque pocas veces la realidad lo era.   Mi respuesta  intentaba  explicarle la verdad en cada caso, que generalmente era compleja;  algo podía ser “mejor” en un aspecto pero “peor” en otro o a la inversa.
La incertidumbre  sobre qué  será  “mejor”  o “peor” en las distintas decisiones que vamos tomando, el  ir buscando de entre los muchos caminos posibles cuál será el que nos lleve hacia donde queremos ir, es una tarea a la que nos enfrentamos todos los días, más bien a cada rato.  Por supuesto que algunas elecciones son menores y el error en ellas no nos acarrea graves consecuencias y otras presentan un  compromiso  importante para nuestras vidas. Pero aun así en general convivimos con estas dudas  con bastante hidalguía  y generalmente corremos sin mayores dificultades el riesgo de elegir un camino sopesando pros y contras, soportando la normal vacilación  que sentimos al ver las numerosas alternativas.  Convivimos con estas  dudas, siempre nos acompañan cuando tenemos opciones por delante, y las toleramos sin mayores problemas.
Pero hay otro tipo de  duda que si se presenta  nos hace sentir que está  en peligro de desmoronamiento el sentido fundamental  de nuestra vida. Es la duda sobre la verdad o mentira de aquello en lo que creemos y confiamos, o dicho con más precisión, la duda sobre  la existencia o inexistencia de algo importante  para nosotros,  en lo que creemos y del modo en que lo creemos.   Esto nos pone al borde del desengaño en un terreno  que hasta ese momento considerábamos  firme,  queda en tela de juicio nuestra confianza  entregada  a una realidad, un valor, una amistad, un amor que era importante para nuestra vida.  Con esta incertidumbre es muy difícil convivir, nos corroe el alma, porque allí donde antes nos deslizábamos con suavidad aparece una contradicción que nos genera la sospecha de que podemos ser defraudados, deja nuestro ánimo en suspenso y convierte en arduo y trabajoso lo que antes era   espontáneo y natural.  De cómo resolvamos esta situación de la que deseamos afanosamente salir,  dependerá nuestra mirada sobre  muchas elecciones futuras.  
Eugenia Guastavino

Drama como categoría histórica (Luis Baliña)

Kasimir Malevich, Mañana en el pueblo tras la tormenta de nieve, óleo sobre lienzo, 1912 (Ilust. Blog)



Sócrates y Teeteto vienen conversando acerca del arte de sembrar y cosechar. Las parteras –comadronas sería una palabra más adecuada, pero poco usada- cultivan ese arte, porque traman las uniones y cosechan sus frutos. Mi rol es más importante,  λαττον δ το μο δράματος, dice Sócrates, porque consiste en partear y buscar que se engendre según el alma.
La palabra δρμα , es bastante poco frecuente en griego; Liddell-Scott presentan dos acepciones: acción, y representación.
Para nombrar lo que nosotros llamamos drama, es más frecuente en griego la expresión tragedia. Pero no quiero usarla como categoría para expresar la historia. Me parece que no es verdad que cualquier historia sea una tragedia.
Pero sí un drama. Y no sólo como representación, sino como realidad. Ahora bien, debajo de esa representación, y también debajo de esa realidad, hay un suelo no dramático, que se hará fértil con la lluvia, florecerá y dará frutos de alegría. Es lo que estoy buscando en estos días.

 Luis Baliña




Domingo, eterno domingo (Santiago Vorsic)




Viéndose inmerso en el estupor de un momento insoslayable, pensó cómo recomponerse. Su semblante menguaba y el disgusto le recorría la piel. Buscado salida al ahogo elevó los ojos al cielo y se permitió devorar una nutrida bocanada de aire. Finalmente algo de calma. El celeste profundo que rodeaba las blancas nubes abrazaba suavemente el momento brindando un poco de alivio. Su mirada caminó unos pasos más hacia ese abismo de cabeza midiendo cada trecho que proyectaba su huída. Pero se encontró con el frío del metal que esperaba en el arco de su mano y, regresando a sí, chupó un poco más de aire por la nariz y succionó de la bombilla del amargo mate que todavía humeaba. Mientras acomodaba la reposera para callar los reclamos de su espalda, trazaba una línea hacia su derecha el sonido curioso que produce el contacto del caucho vulcanizado en la calle de adoquín con el ronroneo de su motor. A lo lejos rugen unos rocanroles. Cantan sus metales y queman sus melodías en guitarras. Hasta donde está él, sólo llegan susurros, pero él solo piensa en cuándo se van a callar ¡Éstos desgraciados que no les interesan los demás, que nos envenenan con sus caprichos y egoísmo! A esos tiene mucho que decirles, y a Cristina y a todos esos atorrantes. Él votó a Macri, pero no sabe que los dos no se entienden y no buscan lo mismo. Pero solo quiere que le dejen de joder, que le den paz para que con flores en las manos pueda bajar tranquilo las escaleras a su tumba.
Allí en frente camina una pareja ¿A quién le importan? Un sorbo de mate corta la escena. El amargor aflora de la bombilla, pero ya está lavado. Conviene con el mate en que la apariencia engaña el nutrimento que respalda su presencia que es ausencia. Están lavados. De nuevo esa ausencia que acarrea la nausea y de nuevo se ve obligado a elevarse al cielo y recordar su búsqueda que está pendiente “¡Pucha! ¿Cuándo se va a aclarar? ¿Dónde está la puerta que al abrirse me ilumine?” La artrosis corrige y el mate reclama un recambio. Tira la verdosa insipiente en una bolsita y la recarga con seca yerba. “¿Qué voy a seguir buscando si conozco bien esta porquería? Estoy pensando demasiado y pensar demasiado sólo hace mal al estómago”. Se inclina a buscar un bizcocho y cruje ese grasoso polvoriento que seca su boca. De nuevo respira, y se ahoga a pesar de estar próximo a sobreoxigenarse. Y ahogaba ese sentimiento.
Unos pasos y un bastón golpeteaban el suelo de baldosas con proximidad creciente.
-¡Que hacé dejgraciado! ¿Cómo andá?-
Torcer la cabeza le contestó la inquietud. Era Pascual forzándose a tomar algo de aire fresco y a romper la angustia de mirar el cielorraso. -¡Que hacé Pajcual! ¡Acá andamo! ¿Y vós?-.
-Y vo sabés. Son cosas que a veces no ayuda preguntar-.
-¡Así estamos! ¿Qué más querés? Vení, servite un mate ¿Querés un biscocho?-.
-¡Gracias, che!-. Glup, Glup… Flishhh… Cruhh, hoom hoom… -¡Gracias! Pero a ver si sigo con esto de caminar que si me quedo no vuelvo y el médico y Claudia me matan ¡Que andej bien! ¡Cuidate!-.
-¡Que andej bien Pajcual!- Y se fue. “¡Seguí caminando huevón y llevate gratis lo que te doy al pedo!”
No se dijeron nada y con palabras. Así sigue el día de los viejos que todavía no se quieren dar cuenta. Hombres que no comprenden la vejez y desprecian la poca juventud que aún conservan 

 Santiago Vorsic

jueves, 17 de noviembre de 2011

Domingo (María Lanusse)

Antonio Seguí, La ciudad de los chicos malos (Ilust. Blog)





Para vivir un domingo agradable en la Capital.

Si usted quiere seguir manteniendo ese ritmo tranquilo que llevamos “los del interior”, le aconsejo respetar a rajatabla los siguientes pasos:

Trate de levantarse de la cama alrededor de las diez de la mañana. Dormir hasta las tres de la tarde no hará que recupere el sueño perdido. Acéptelo, los porteños no conocen lo que es el horario para la siesta. Así que deje de salir de juerga y duerma en horarios prudentes.

Prepárese unos buenos mates. Sé que querrá tener unos bollos para acompañar, pero sino, pruebe con los bizcochitos Don Satur. La mayoría de los porteños, suele agarrar el diario en este momento. Yo le recomiendo evitarlo. Un domingo, es día de descanso, por lo tanto, comenzar el día viendo titulares como “Quejas a la AFIP por la restricción en la compra de dólares”, inconscientemente, provoca un negativismo para el resto del día. Además, seamos sinceros, para usted como estudiante, la restricción de los dólares no restringe sus salidas nocturnas.

Para el resto de la mañana, se recomienda salir a caminar. Por más que sabemos que el paisaje siempre es gris e impide poder quemarse como corresponde, el aire matutino y la tranquilidad de un domingo, quizá le recuerden un lunes en sus propios pagos. Lamentablemente, el ritmo del domingo porteño no suele ni acercarse al ritmo del domingo provinciano. Pero deje de quejarse y póngale onda.

Si es un día soleado y quiere comer al aire libre, la masa suele ir a las plazas. No se sienta incómodo cuando comience a ver mujeres en bikini y palanganas con agua para refrescarse. Es normal. Podríamos aplicarles la frase “para el hambre no hay pan duro”. Así que deje el pudor de lado y pele ese cuerpito.

Por la tarde, puede aprovechar para visitar otros espacios verdes, como Los bosques de Palermo, El Rosedal, La Represa, pero siempre teniendo en cuenta, que en todos lados habrá gente.

Si es un día frío o lluvioso, sé que querrá quedarse en casa para deprimirse pensando que estaría mucho mejor en su casa, con mamá preparando una buena torta para la tarde, así que no perderé el tiempo recomendándole programas. Quédese vagueando.

Entre las siete y las nueve, encontrará Misa en las Iglesias, puede elegir a su gusto. Eso sí, llegue temprano si quiere encontrar dónde sentarse.

A la noche, como sé que usted es estudiante, no le puedo recomendar un buen restaurante, su sueldo no se lo permite, así que puede conformarse con comida chatarra, total, McDonald´s y BurgerKing siempre están al alcance de la mano.

Para cerrar el día puede ver una película, pero no se ilusione, los cines no tienen 2x1 los domingos, así que entre en www.cuevana.tv y elija una película de su gusto.

De este modo, logrará tener un agradable domingo, a usted que tanto le cuesta estar lejos de sus pagos en un día tan familiar. No se rinda, todavía le quedan aproximadamente, 144 domingos más.



María Lanusse


Dolor (María Echevarría)




Dolor.
Angustia.
La misma angustia de antes.
Esa sin palabras, esa sin gestos,
esa angustia sin nombre ni sonido
una vez más estrecha mi garganta.
Y no hay nada por hacer,
las ausencias premeditadas son las que más duelen.
Sólo esperar.
Esperar que estas delgadas pero fuertes manos
suelten un poco mi tráquea,
me dejen liberar algo de aire,
sacar algo de lo que llevo dentro.
Dejar afuera alguna de las lágrimas que adentro
se abaten en una marejada indomable.
Sólo eso, esperar.
Pero cada segundo duele,
absolutamente cada uno de los segundos que pasan,
duele.
Sólo eso me queda.
Dolor.
Dolor y angustia.

9 de octubre de 2011

Maria Echevarría 

Dodecafonismo – Δωδεκαφθογγισμός (Martín Acero Vivanco)



Uno - να (autopercepción)
Y es que yo soy así, canchero. Si me gusta, lo obtengo. Nada, ni nadie me detiene, por eso me dicen “el bala”, porque nadie me para.

Dos – δυο (religión)
¡Yo te voy a enseñar! Y te lo digo así, señalándote con este dedo que Dios y la Virgencita me dieron: Lo de los católicos es todo mentira, porque yo no soy católico, los curas son todo mentira. Yo soy cristiano, pero cristiano posta, no de los truchos, como esos católicos.

Tres – τρια (trabajo)
Robo. Para vivir, robo. Dios me lo perdona, Dios perdona todo.

Cuatro - τεσσερα (justicia)
Pero ya viste como es ésto, la cárcel es para los pobres, son todos pobres acá… Pero los que deberían estar acá no somos nosotros. ¿Nosotros? Nosotros somos las víctimas, acá deberían estar los políticos, esos son los verdaderos chorros.

Cinco – πεντε (hijos)
Yo también te quiero a vos, hijito. Vos sabés que sos lo único que hice bien. Solo vos.

Seis - ξι (defensa)
Si se defiende lo hacés boleta. Yo voy por atrás y lo agarro del cuello mientras vos le quitás lo que tiene en los bolsillos, y el reloj, no te olvides del reloj.

Siete - πτα (la mujer)
La única mujer que vale la pena, es nuestra mamá. Todas las demás son re-gato.

Ocho - κτω (amistad)
Es mi amigo, es mi hermano. Yo, al Rolo me lo banco, le perdono todo, es de diez el chabón. Tiene sus cosas como todos, pero como amigo es muy piola.

Nueve - ννεα (pasiones)
Te voy a matar la conchadetuhermana. Te voy a matar, esto no se queda así, te metiste con lo que es mío, mi mujer es mía. Sabelo, ¡La granputaquetepario, te vas a morir!

Diez – δεκα (familia)
De mi viejo nunca supe nada, a mi vieja no le importo un carajo, no quería que vaya a la escuela, que perdía el tiempo, me decía, por eso no supe leer, pero yo solito aprendí, todo lo aprendí solito... Pero yo no soy como ellos, yo sé perdonar, la perdoné, siempre le doy plata, pero mi vieja se lo termina dando a mis hermanas y ellas a sus maridos…

Once - ντεκα (amor)
¡Hay amor en mis golpes!

Doce – δωδοκα (sexualidad)
Yo no beso a los hombres, si querés que te coja, todo bien. Te hago el favor. Pero nada de besos, esas son mariconadas. Chorro soy, pero puto… puto, no soy.




Martín Acero Vivanco

Docente (María Sol Rufiner)

Escena de la película: Music of the hart,  Wes Craven, 1999



Dedicado a María del Carmen
una verdadera docente y madre
Cuyas palabras me llenaron de esperanza



Docente se es de alma o no se es
Docente se empieza al alba
al lavarle a cada discípulo los pies

Docente se empieza cada día
una y otra vez
Con una sonrisa  en los labios
a pesar de la hiel
 
Docente se da todo
sabiendo que aún un alumno
vale más que el todo

Docente es imagen del Maestro
que da la vida por todos
y por cada uno de los nuestros

 María Sol Rufiner










miércoles, 16 de noviembre de 2011

Do-cencia (Inés Uriburu)

http://www.planetalector.com/libro/116/teo-va-a-casa-de-una-amiga/




Estudiando para el parcial de Griego, me encuentro con que la raíz do- significa:
dar, ofrecer, ofrendar, dar rienda suelta, sacrificar, conceder, otorgar, entregar, confiar, perdonar.

Dar en el blanco de las necesidades
Ofrecer lo que le desborda el alma a uno
Ofrendar las experiencias para que, una vez sembradas en los corazones, se transformen en sabiduría
Dar rienda suelta a la capacidad de imaginar, de pensar, de proyectar, de errar
Sacrificar, hacer santos los momentos de compartir, de encuentro
Conceder todas posibilidades que estén al alcance y enseñar a discernir
Otorgar las herramientas para ser parte de este mundo que está cambiando 
Entregar la precisa imagen del adulto que asume responsabilidades, se apasiona con la vida, que sangra y llora, que sigue aprendiendo y que también se ríe fuerte
Confiar en los procesos, en los distintos tiempos, en las intuiciones
Perdonar con un corazón capaz de renovarse porque no se olvida de que hay una historia y un mundo detrás de cada persona.


¿A dónde están los do-centes en el mundo?
¡En todos lados!
Maestros de disciplinas, maestros de la vida…
Responden con autenticidad al llamado del do que suena bien adentro, como una campana, insistente.


Con tiza en mano, o de cualquier manera,
están ahí dándonos de a bocados
lo que los desvela, lo que los deleita, lo que les preocupa, lo que los alienta.
Están ensanchándonos la alegría de existir.
Y en el caso de los profesionales: pensando para nosotros (alumnos),
sentados horas viendo cómo transmitir lo que conocen,
para llevarnos a aguas más claras.
Pensando para nosotros, logran removernos la tierra, plantar cosas nuevas,
enderezar lo que venía creciendo.

Me acuerdo de mi maestra de sala de cinco, que una vez me sacó de la formación para darme una tarjeta especial que me dejaba sacar libros de la biblioteca, pero clandestinamente, porque había que esperar a primaria para tener esa licencia. Me la acuerdo clarito, agarrándome de los hombros, bien sonriente. Creo que esa noche no dormí de los nervios, tenía mi libro de “las aventuras de Teo” debajo de la almohada. Y así me dio la llave para un nuevo mundo.

Partera, jardinero, albañil, artista, guía, espejo,
más cerca o más lejos, ¡maestros!

Inés Uriburu

P.D: Con los ojos entrecerrados busqué la verdadera etimología de docencia (del latín,  docere). ¡Profesor Lavalle, Profesora Espósito, perdón por tomarme esta licencia!




Divinidades (Federico Caivano)




Dios es inmutable, eso lo sabemos bien (de alguna manera). Sin embargo, existen divinidades menores que van cambiando según las épocas en las que se presenten, animando y sosteniendo al mundo. Y puesto que éste es siempre cambiante, es lógico que las divinidades cambien con él.

En nuestra era nos encontramos con que un nuevo panteón ha venido a rivalizar con el olímpico; los dioses informáticos. ¿Cómo se explica si no el repentino cambio de humor que parecen sufrir las computadoras cuando no obedecen nuestros comandos? ¿Por qué a veces dos acciones iguales bajo las mismas condiciones crean resultados diferentes? ¿Será acaso la obra de un virus? Pero los virus también tienen un origen mitológico, oculto y terrible. Ellos también son enviados cuales demoníacos espíritus a acecharnos, poniéndonos palitos en la rueda sólo por el hecho de molestarnos. Por suerte no estamos solos y contamos con la ayuda bienhechora de los antivirus, ángeles guardianes que viven para protegernos.

Claro que dentro de este marco también hay lugar para una interpretación metafísica del nuevo sistema de creencias; baste decir, para no irnos por las ramas, que detrás del mouse se esconde una analogía antropológica con la inteligencia (botón derecho) y la voluntad (botón izquierdo).

El reino de lo material (hardware) y lo inmaterial (software) se funden también, por lo tanto, en esta nueva mitología dando lugar a relatos misteriosos de diverso tipo: archivos que desaparecen sin razón, disqueteras hambrientas que se alimentan de CDs y DVDs, parlantes que se niegan a reproducir música que no les gusta…

Pero estas divinidades no son siempre tan caprichosas. Cuentan algunos que cuando alguien obra con justicia llega a los oídos de Sistoperat, Rey de los dioses, por medio de Motorbusquê el mensajero y su Ctrl+F (buscar). Encontrado el recipiente de la recompensa, Sistoperat le concede a éste un Ctrl+Z (deshacer) para volver a tomar una decisión de la cual se arrepintió, como regalo por su buena acción. Claro que nadie sabe de esto porque todos se lo guardan para sí por temor a parecer locos.

Tampoco hay que olvidar a su hermano menor, Sisterror, el celoso, que nos envía cada tanto un Ctrl+C y Ctrl+V (copiar y pegar) enloquecedor que nosotros hemos dado en llamar dejà vu. Muchos le reprochan a Sisterror el haber creado los virus. Pero él responde siempre que en realidad son fruto de la propia malicia humana, y que él sólo está para evitar que nos quedemos demasiado inactivos frente a ellos. Wikipedia, la diosa de la sabiduría, prefiere mantenerse prudentemente fuera de la discusión y por eso, si bien nos regala el poder de compartir conocimiento entre nosotros, decide no revelarnos de forma directa esta situación. Todo lo que tenemos de este tópos kybernetikós son los mitos que se están empezando a formar y que sin duda inspirarán versos y música de todo tipo. Sólo esperemos que estos nuevos dioses no decidan usar su fulminante Alt+F4 (cerrar) en nosotros, mandándonos al inframundo. Claro que este hades no es un lugar físico, sino la privación de la divinidad, el castigo supremo, la vuelta al papel, el lápiz y la goma en vez de la bendición de la pantalla y el teclado. Dios no lo permita.

16/11/11 update: el 11/11/11 se me cortó misteriosamente Internet. ¿Casualidad?


Federico Caivano

Distanciamiento, desamparo y otras cosas (Fernanda Ocampo)



He tenido hace unos días una experiencia un poco semejante a la que tuve años atrás, cuando puse mis pies en el avión que me llevaría a Francia por dos largos años. Quizás mucho menos radical, pero suficiente para volver a traer a la conciencia los sentimientos y vivencias que había experimentado en aquel entonces con tanta intensidad. A ellos quiero referirme.
Para comenzar, pienso que el primer efecto que la distancia supo provocar en mí fue el sentimiento de “desamparo”. Tal como aquí la entiendo, esta palabra no tendría inmediatamente ninguna connotación relativa a sentimientos de abatimiento o desesperanza. Claro que la vivencia del desamparo puede conducir efectivamente al pesimismo o desesperanza, pero me refiero aquí a una experiencia “anterior”: la de un cierto “desabrigo” o “desnudez” ontológicos, que pone ante la mirada un abismo que produce vértigo.
Concretamente: me había subido a aquel avión que me llevaría bien lejos de mi casa, de mi familia, de mis amigos, hacia un lugar desconocido, habitado por personas con costumbres, ideas, prácticas, que me eran vitalmente extraños, y cuya lengua había explorado, aunque imperfectamente. El mundo, tal como lo conocía, se desvanecía lentamente ante mis ojos, y se abría allí un gigantesco horizonte... ajeno e incontrolable. Recuerdo estar sentada en el avión, (preguntándome una y otra vez ¿por qué estaba allí ?), y de repente verme estallar en incontenibles lágrimas que durarían unas 16 horas (el trayecto de Buenos Aires a París) y luego unos 10 largos días. Recuerdo también estar sentada en el borde de la cama de mi nueva “chambre”, y sentirme una completa extraña entre 4 paredes blancas que me miraban con indiferencia.
No podía ponerle un nombre a aquel llanto desgarrador. Sólo experimentaba que procedía de un lugar muy profundo, que siempre había existido en mí, pero oculto y fuera de alcance. Ahora éste había sido descubierto e irrumpido súbitamente: como sucede cuando algún aventurero de territorios lejanos da sus primeros pasos en suelo virgen, y entonces parece que algo se rompe, y la tierra grita con dolor.
Este llanto se me asemejaba al del recién nacido en el momento de alumbramiento: pues mientras el pequeño abandona su antigua vida en el vientre de su madre, emerge a un nuevo mundo, mundo que está “allí” (desconocido, objetivo, imperturbable, aplastante), y con el que sólo se relaciona (al menos hasta el momento del contacto con su madre, mediadora) a través de ásperos y fríos roces.
Puedo decir en este sentido que mi viaje a Francia, fue de alguna forma, como un lúcido volver a nacer. Pero me interesa resaltar especialmente que entre el antiguo mundo que “perdía” y el nuevo mundo que comenzaba a “conquistar” (a hacerme “propio”), irrumpía con violencia algo parecido a un “espacio desnudo” despojado de “mundo”, que ahora se hacía presente a mi conciencia con vital claridad. Espacio que se abría ante mí como un abismo, y frente al cual no podía sentir sino vértigo. Se trataba de mi yo: contundente y real, pero a la vez gratuito, indefenso, mendigo e inasible.
Pienso que éste podría parecerse al yo del que hablaba Descartes cuando afirmaba “pienso, luego existo”, y del que hablarían más tarde Kant y Husserl en términos de ego puro o trascendental. El yo que el fenomenólogo alemán ha entendido como foco de actividades y pasividades, como subjetividad absoluta e irrelativa, y al que tarde o temprano identificaría con la “persona” del Lebenswelt, puesto que no hay propiamente ego sin mundo vital y sin alteridad.
Esa subjetividad, trascendencia incancelable llamada ego puro, a la que se llega por una suerte de abstracción (epoché), pero que no es sino un yo personal que vive en el mundo junto con Otros (puesto que no puede ser de otra manera), y cuyo subsuelo oscuro está constituido por sensaciones y sentimientos irracionales o pre-racionales: ¿no es finalmente la afirmación ontológica de la subjetividad como centro irreductible, como existencia incomunicable?, ¿el yo en su “soledad” absoluta?, ¿el yo descompuesto del domingo a la tarde?, ¿el yo de la angustia?                              
Éste, tal como (creo) haberlo visto aquella vez en una cierta experiencia de distanciamiento y desamparo, se me ha aparecido como un ser misterioso: una suerte de “subsistencia” real y rotunda, (soy, estoy “aquí”), necesitada absolutamente del mundo y del Otro para ser (propiamente un yo), y a la vez injustificada e inasible como un abismo que hunde sus raíces en la nada…
Confieso que no me atrevo a mirar de frente ese abismo sin El… No, si no estoy al abrigo de Su tibia y tierna mirada.
 Fernanda Ocampo











Distancia (Mimi Blaquier)

Antonio Seguí, La distancia de la mirada, 1976.


Distancia I


Acortar la distancia
que me separa
de esta brizna de pasto
de la sombra del tilo
y el rosal en flor.


Muros, cercos de niebla
en el silencio quieto
Presencia suspendida,
una ventana
anuncia
triángulos de cielo


 
Distancia II

Acaso sea la distancia
la que me sostiene
en el rumor del silencio.
En las horas y los días,
la duración vivida
En el espacio medido metro a metro
codo a codo
respiro la distancia a bocanadas.


Bosquejo una palabra
íntima y extraña,
contorno, aliento, rumbo



 Mimi Blaquier






martes, 15 de noviembre de 2011

Distancia (Paula Munaretto)

nuncavsca.blogspot.com



Estaba allí, y sin embargo ya no me encontraba. Ni si quiera sé si tenía fuerzas para buscarme, simplemente, no estaba. Lo que sucedía es que ahora existía el tiempo.  Ahora sabía que había un “antes” y un “después”. Ahora notaba que todo era distinto… ya no me conocía.
Nunca olvidaría ese momento.
Momento en que lo miraba, y no me respondía; lo escuchaba, y no lo entendía, más aún, lo acariciaba, y nada sentía. Ya no era igual. Ya nada iba a volver a ser como “antes”. Ahora, existía el tiempo. Era un tiempo cortado, frío y distante. Un tiempo que no me pertenecía, sino que por el contrario me excluía. Yo ya no estaba en él, porque la persona a la que amaba ya no estaba ahí tampoco. Yo no quería estar en él.  Y lágrimas. Lágrimas ahogadas recorriendo recuerdos ahora forzados a ser olvidados por una memoria cansada por el sufrimiento. Una memoria que ya no quería recordar. Y lo que es peor, una memoria negada a olvidar. Intento pensar, pero nada…no logro representarme aquel instante en que todo se quebró. Bah, si es que existió ese momento. Quizás se trate más bien de una sumatoria de períodos, una prolongación de realidades, una conglomeración de instantes. Instantes en algún tiempo negados, dejados de lado, rechazados. Y que ahora surgían como una unidad central, en la que recaía todo el peso de un amor no correspondido.  Más frío del que jamás había imaginado, más dolor del que era capaz de soportar, más muerte de la que uno puede vivir.
En matemática la distancia se define como el segmento existente entre dos puntos. Ojalá todo fuera así de fácil…

Paula Munaretto

Disciplina (Javier Nari)



Tan maravilloso es el poder transformador de la virtud, de la ternura y la grandeza, que hasta las más viles formas de muerte se revisten de sublimidad y devienen símbolos de una vida nueva.
Inazo Nitobe, Bushido. El camino del guerrero.

Bajo el dosel dorado
sostenido por robustos pilares de ginkgos,
destilando delicados recuerdos
Daisetsu dejaba deslizar
los dodecaedros dados de la memoria:
ocho veces
ocho dados
sesenta y cuatro dados decantaron en su octava cara;
el Shinpū como fresca brisa en el dojo del Kouyou,
más que un sugoroku mental
abanicos de la conciencia
entonan una delicada melodía al son del viento.
En seiza Daisetsu desenvaina
con la disciplina ceremoniosa del sadō.
Sublime vuelo de una hoja en la arboleda.

Javier Nari

Dios y yo, derivaciones en D. (Marcela Lopez)

Giotto, El lavado de los pies, (Ilust.Blog)

Desafio, es buscarte.
Dicha, es encontrarte.
Decision, es seguirte.
Defender, es amar.
Duda, es aprendizaje.
Delicadeza, es ternura.
Debilidad, es impulso.
Dar, es libertad.
Defecto, es oportunidad de cambio.
Docilidad, es mansedumbre.
Deriva, es perderse.
Descansar, es confiar.
Desconcierto, es no entender.
Desprendimiento, es generosidad.
Dolor, es crecimiento.
Devocion, es entrega.
Dignidad, es regalo.
Dios, es sintesis,
de amor, esperanza y libertad.
 

Marcela Lopez




lunes, 14 de noviembre de 2011

Dinámico (Ariel Mansilla)

Carlos Cruz Diez, instalación en el MAM, Nueva York,  Marzo del 2010.



   Todo eso y todo aquello, nada de esto y mucho de eso. 
         Diferencias claras en el dinamismo de la indecisión.

Tema del día: Dinámico por naturaleza.
Sentimiento del día: Los elefantes se ven lejos.
         Color del día: Azul de Prusia.
 
Pocas habilidades tan productivas como el hecho de lograr mantener lo que sea en movimiento en función de una continuidad en el camino. Saber en qué momento llegar y en qué situación partir. De qué color en qué color saltar, siguiendo una sin lógica aparente para el ojo externo. Qué sonido ver y cuál es el que queremos que siga luego. Los elefantes son un hecho en nuestra línea temporal, lineales, a destiempo, de nombres, formas, sentires diferentes. El secreto no es más que el 'dinamismo’, saber aplicar el concepto de dinámica para tenerlos siempre un paso adelante de nosotros, que no frenen para alcanzarlos y no pasarlos para arrastrarlos. Ni hablar de ir a la par, lógica inaceptable en el proceder del negado al suicidio.
Adelante van cómodos, los miramos, sabemos cuándo desacelerar si ellos aminoran, cuándo acelerar para no perderlos de vista. Es opción viable para todos desde el primer encontronazo.
Hay que saber algo, dinámico no se nace, se hace. Con cada piedra, con cada golpe, con cada instante. El ser tiene que aprender a ser dinámico para poder seguir sintiendo.



 Ariel Mansilla



Dilema (Estanislao Zuzek)





Hacía rato que miraba ese papel entre sus dedos -  una y otra vez - en lo que hasta unos días fue el cuarto de trabajo de su madre. Ahora, le tocaba estar allí a él – con esos, sus ojos celestes que en vida ella tanto admiraba - para ir revisando lo que quedó tras su partida para siempre…


            Cuántas veces, y con qué orgullo, le mentó ella esos ojos, su cabello rubio y figura en general. Como si ello fuera lo más importante de él – ¿posiblemente, más que su misma persona? ¿O es que sólo él mismo se ha formado una idea así? Pero, ¡no! Fueron tantas las veces y en circunstancias diversas que hubo que escuchar de ella algo por el estilo. Y sólo ahora se percataba de ello. En fin, mamá era así y ¡qué se la iba a hacer! Le manifestaba su afecto de esa, su manera, de orgullosa nomás de su hijo - ¡qué buen mozo resultó! Pero… ya nunca más tendrá oportunidad de escucharla. Nunca. ¡Qué vacío! La quería. Sí, se necesitaban mutuamente – madre e hijo. ¿Amor realmente?


            Evocando el sepelio, se veía acompañado por su novia, sus contados amigos, su abuela materna, tres tías – todas hermanas mayores de su finada madre – y un tío, algo menor, algunas de las  amigas de mamá y recordaba vagamente unas figuras varoniles que recordaba haberlas visto en esos encuentros ocasionales de su madre con alguno de ellos sobre asuntos de negocio; y, obviamente, nadie por la rama paterna…


            Según le contaba a veces, ella se “hizo sola”. Era muy orgullosa de ello y celosa de su independencia - en especial frente al “sexo fuerte”. Para ella el varón tenía categoría de casi prescindible. Salvo él, claro, ¡el buen mozo! Luego, los frutos de esa prescindencia los sufría él todos los años en forma aguda al acercarse el día del padre, pues en el colegio pasaba a ser marginado. Sólo le quedaba festejar el día de la madre. ¿Por qué esa ausencia? ¿Por qué a su inquietud de adolescente su madre no le podía dar una respuesta cabal, en lugar de una evasiva? Había de ser algo “muy duro” para ella… y se conformó con el afecto que siempre le prodigaba. En fin, hubo también otros compañeros que no sabían quién era su padre. Sin embargo, los interminables “porqués” se amontonaban, como así también el desconcierto, la bronca, el odio, el abandono…, derechos del hijo, deberes de padre… nutrían ese vendaval de años!


            Recurrió a la terapia y logró asumir su status de hijo “sui generis”. A su vez, el cura consultado le hizo ver que, a pesar de todas apariencias en contra, él debía considerarse feliz: fue traído a la vida por acción de una mujer – su madre - y cierto varón y con la participación de Dios que le insufló la Vida y, a la luz de su inestimable valor, sus progenitores bien podían ser perdonados. Le hizo caso al cura, aceptando su condición de hijo de padre desconocido.


            Informado del accidente de tránsito por la policía, se apresuró al hospital. Mamá estaba en terapia intensiva. Politraumatismo, reservado… Sufría mucho. Se percibía que presentía el desenlace próximo y le confió el secreto tan celosamente guardado durante más de veinticinco años, recibiendo de él, a su vez, su más profundo perdón. Visiblemente aliviada, partió a la madrugada para siempre… ¡Todo tan rápido!


            Ese papel lo confirmaba. Por lo tanto, el cura tuvo razón: ¡perdonar! Más aun: no se puede odiar al que no existe y. en ese caso, el derecho a tener padre termina siendo abstracto. El semen de donante anónimo – ‘a medida’ – implicará ascendencia genética, pero paternidad nunca, jamás. Ésta presupone necesariamente voluntad, amor y compromiso. En cuanto a su mamá, pensó: colaboró con el Creador, aunque de manera cuestionable, privando a su propio hijo de la posibilidad de poseer padre y pertenecerle.


            Ahora, ya librado a su propio arbitrio, se le ofrecía la tentación de proseguir ese camino sin ataduras y definiendo sus propios valores, a modo del superhombre de Nietzsche – solitario y estéril – o, más bien determinarse, en concordancia con todo lo perdonado, de ir integrándose a la Vida de los que sí disfrutan de madre y padre. Habiendo hecho añicos ese papel, optó por esta determinación.



Estanislao Zuzek







Diferente (Sofi Montagnaro)

Salvador Dalí, La reina de las mariposas





Estaba acostada boca arriba intentando dormirse. Miró el reloj y marcaba las 2.00. “OK. En 5 horas me levanto, más me vale dormirme rápido.”  Por supuesto que cuando pasa esto jamás nos dormimos al instante, y ella no fue la excepción a la regla. Se puso a pensar en qué se iba a poner al día siguiente (quería estar linda porque al medio día iban a almorzar a El Cabildo), en que tiene que comprar shampoo, y en esas cosas que todos pensamos cuando el sueño no acude a nosotros. Después de un rato, y no sabe por qué, se acordó de aquella caja en la que guarda los cuadernos. Son todos iguales: tapa azul, hojas sin renglones (los renglones distraen y limitan) y escritos con lápiz de mina. Desde que terminó el colegio siempre tuvo la costumbre de llevar un cuaderno a donde sea por si algún pensamiento la secuestraba: no se iba arriesgar a no tener dónde escribir. No pudo resistir el impulso, se levantó de la cama, corrió la pila de libros entre los que estaba Crónicas Marcianas, abrió la caja, agarró un cuaderno y al azar lo abrió: “No sé si lo que quiero en mi vida sea un milagro. Me acuerdo que de chica siempre rezaba por ver un milagro o ser parte de él; lo que quiero ahora es que mi vida no sea ordinaria, sino diferente. No imagino qué la puede hacer diferente, pero lo necesito.” Tal vez haber leído lo que escribió hace 3 años no ayudó mucho a que se durmiera, sino que complicó más aún el trámite.

Diferente… Entiendo que mi papel es el de relator, pero necesito salir de la historia. Puede que me haya cansado un poco de contar lo que otros viven y no poder ni siquiera dar mi opinión. Les pido disculpas, normalmente no me comporto así y sigo al  pie de la letra las reglas de El Gran Relator de Vidas Ajenas, pero necesito intervenir. ¿Por qué la gente (no sólo de las historias sino también de la vida real) es tan dramática? ¿Por qué no pueden ver lo que tienen delante? Es claro, hasta para mí que sólo soy una voz y que poca experiencia tengo en el asunto,  que su vida ya es diferente. ¡Ella es diferente desde fines de julio! Él la modificó: le hizo ver que uno puede ser feliz y que conformarse no es la única opción de vida; le hizo entregarse completamente al otro sin egoísmos de por medio; quiere ser una mejor versión de ella misma; ¡tiene la certeza de que él es el hombre para ella! No entiendo cómo ahora está sentada al borde de la cama y no ve que el amor que siente ahora la hace diferente e hizo que toda su vida tenga una saturación más pura y, finalmente, un sentido claro. ¿No ve que su milagro es lo que está viviendo ahora? Por primera vez es plenamente feliz: le va bien en todos los aspectos de su vida, y aún así sigue esperando ese milagro. ¡Si lo que espera es que se abra el techo, caigan rosas violetas y que salten jirafas en su balcón, se le va a pasar la vida! ¡Ay, me está desesperando! Tranquilo….tranquilo… respiremos profundo… sólo queríamos comentar, no juzgar… Tranquilo… Disculpen, pasé los límites… Hoy no puedo seguir… Tal vez mañana. Chau.


Sofi Montagnaro


PS: Me di cuenta, no soy dramática y ¡odio a los relatores!


domingo, 13 de noviembre de 2011

Dictador (Martín Susnik)



Te vi. Te vi muchas veces. Te encontré en varios lugares, te diría sin temor que en casi todos. Te vi vestido de uniforme, de hábito, de turbante, de saco y corbata... Te vi de verde, de marrón, de gris, de rojo, de negro, de blanco, de azul... Te vi a la derecha y también te vi a la izquierda. Varón y mujer te vi.
¿Qué buscabas? ¿Inflar tu pecho y henchirlo de orgullo? ¿Sentir el poder del gesto mágico que logra la obediencia mimética de las multitudes? ¿Unidireccionar las mentes para no exponerte al desafío de la disidencia? ¿Fundamentar con el sumiso bullicio de la muchedumbre esas ideas de las que tal vez vos mismo desconfiarías si las enfrentaras al silencio?  ¿Dejar impreso tu nombre en las calles, en las plazas, en los libros, en la historia... en las memorias?  ¿Ser dios o semidios? ¿Superhombre?
Te vi alzando la bandera de alguna “verdad”, mientras te alejabas de ella por no querer propiciar el encuentro íntimo con lo que ES de veras. Te vi prometiendo “libertades”, mientras usabas tu cetro de batuta hipnotizante y dirigías desde tu atril la encadenadora danza que conduce a la caverna. Te vi profetizando “paraísos”, mientras en esta tierra, pisoteada por tu infecundidad, germinaba el infierno que habías sembrado.
Te vi en los gobiernos, en las fábricas, en los templos, en las escuelas, en las familias... Te vi muchas veces, aunque otras tantas no te vea (con el tiempo aprendiste a hacerte invisible para no levantar sospechas). Te vi de lejos, pero también te vi de cerca; tan cerca de mí te vi que hasta llegué a descubrirte en el reflejo ensombrecido de mi espejo.
Te vi haciendo gala de tus fuerzas para esconder tus fragilidades. Te oí gritar para ensordecer a viva voz el pensamiento propio y ajeno. Te olí endulzando con perfumería barata algunas almas para penetrar en ellas más fácilmente.
Pero nunca terminaste de entrar en ellas ¿no es cierto? Porque en el fondo no te interesaba lo que había ahí adentro y sólo querías manipular desde afuera. No entraste en ellos porque ellos no entraron en vos, y tu mirada apenas si rebotó en sus superficies para volver estéril sobre su verdadero centro de atención, que eras vos mismo. No pudiste mirarlos a los ojos, porque eso suponía que también ellos pudieran mirar en los tuyos y eso implicaba demasiado riesgo. No pudiste superar tu soledad ¿no es así? Tu tacto entumecido sólo pudo rozar la epidermis óntica de aquellos a los que extendías tu mano con afán de uso. Quedaste solo tras haber olvidado que había alguien más que vos.
Por eso te vi cuando la farsa se torno ya insostenible, cuando tus “verdades” revelaron sus mentiras y los que antes te seguían empezaron a perseguirte. Te vi huir espantado ante el griterío de las mismas gargantas que alguna vez vitorearon a coro tu nombre. Te vi cuando, después de intentar dominar el mundo entero, te encerraste en el más oscuro rincón de tu cueva subterránea – aquella de la cual quizás no habías salido nunca – arrastrando a la muerte lo poco que aún te quedaba de humano.
Te vi. Te veo, demasiado cerca a veces, incluso en el espejo. Y lucho contra vos, trato de dominar tu afán de domino y herirte de muerte para que seas capaz de brillar en el esplendor de la vida. Te debilito, para que en la impotencia de tu arrogancia descubras la auténtica valentía y te arrojes al amparo del Poder verdadero, que susurra suave, silencioso y servicial.

Martín Susnik