sábado, 18 de febrero de 2012

Guía (Marcela Lopez)





La vida es una mezcla colorida de tanto y de todo, que normalmente nos marea y desconcierta.
Pensemos solo unos cuantos ejemplos:

Nos alegra, nos hace reír, llorar, cantar, gritar,
nos acaricia y nos golpea, nos hace sentir los éxitos y los fracasos,
nos enseña con paciencia y con brutalidad,
nos estimula y nos aplasta,
nos quita con avaricia, pero también nos da en abundancia.

Por eso, cada paso que damos, es una decisión que debemos tomar y algo que la vida nos enseña, de esa manera tan particular. De nosotros depende qué, cuánto y cómo, aprendemos a vivirla.

Esta es la razón, por la que escribo una sencilla "guía" de algunas experiencias aprendidas, muchas veces con tropezones y caídas, para no perderlas de vista, y tenerlas siempre frescas.

. Deja que sea el amor quien guie tus pasos.


. Toma la esperanza como escudo y estandarte.

. Si te caes, levántate con más fuerza.

. Regala alegría y buen humor, hacen bien, revotan, se desparraman y siempre vuelven.

. El sacrificio fortalece el espíritu, por eso esfuérzate para lograr las metas más altas,
sin olvidar el enorme valor de las cosas simples.

. Reconoce tus limitaciones, cultiva tus virtudes y aprende las lecciones de la vida
con la humildad de los grandes,
para poder enseñarlas
con la grandeza de los humildes.

. Mantiene a Dios en tu corazón y así saldrá siempre lo mejor de ti.

. Exige en la misma medida que das.

. Se garante firme e incondicional de la vida, es un don maravilloso, defiéndela siempre
y vive la tuya con intensidad,
aceptando cada día el desafío de hacerlo
con amor, alegría, honor y libertad.

. Recuerda que fracasar no es hundirse,
es permanecer hundido,
y puedes empezar de nuevo en el momento que elijas.

. Nunca dejes de emocionarte y permitir que la vida te sorprenda.

. Sé generoso, desterrando toda forma y disfraz del egoísmo
y practicando la equidad y la justicia con tu prójimo.

. Las equivocaciones y lo errores, sirven para crecer,
aprende con ellas y de ellos.

. Predica con el ejemplo, es el mejor lenguaje y vale más que mil palabras.

. Que tus pensamientos, sentimientos y acciones,
mantengan algo ya olvidado pero esencial: coherencia.

. A los escrúpulos, véncelos.

. Ante las dudas, usa el menos común de los sentidos:
el sentido común.

. Pide perdón si hieres y da otra oportunidad al que se equivoca.
No olvides que todos necesitamos ambas cosas, muchas veces.

. Mira cada día al cielo y sonríe a Dios agradecido,
por enseñarte todos los caminos de la vida
y regalarte la libertad de elegir, mostrándote así,
la inmensidad de su confianza y de su amor
por ti.





Marcela Lopez

viernes, 17 de febrero de 2012

Guerrera (Estanislao Zuzek)




Guerrera - trozo de resaca lacustre, sin retocar - altura: 26 cm. Foto: Irena Zuzek



   Dicen que una  imagen vale más que mil palabras. En este caso, la ilustración es el texto. Es cuestión de leerlo nomás… Lector, lectora, con la imagen de arriba anímate a ello.

   Vayan aquí algunas connotaciones sobre su nacimiento. En mis paseos por la región de Bariloche, además del contacto con la tan magnánima naturaleza en bellezas panorámicas y de rincones de ensueño,  por donde camino o en el sitio mismo en que me encuentre me intereso siempre en detalles que llaman mi atención. Flores, bayas, helechos, formas y colores de piedras, raíces, ramas, troncos y sus restos en distintos estadios de descomposición… Pájaros, lagartijas y otros animalitos. En fin, lo que constituye el sotomonte de bosques, la resaca a orillas de arroyos, ríos y lagos, los restos no consumidos por el fuego de ocasionales hogares de acampe o la vegetación y fauna de la estepa patagónica, tan rica en vida. Sobre todo me fascinan los restos vegetales: ramas, nudos, raíces que, mirados desde un ángulo apropiado, encierran tesoros de figuras insospechadas… Sí, es una cuestión de mirar con predisposición de ver – perros, víboras, jirafas, animales mitológicos… cabezas, manos y muchas cosas más, según la fantasía de uno. Después, todo pasa por saber desechar lo superfluo y quedarse solamente con la forma vislumbrada. Para ello apelo al inseparable cortaplumas Victorinox. En algunas oportunidades me encuentro con piezas “tallables” y con ese cortaplumas voy conformando cosas, componentes, ensamblándolos; p. ej.,  en “pichichos” - con palitos ensartados en un trozo de rama, a modo de tronco, con cabeza, pescuezo y cola incluidos - o barquitos con vela y timón para solaz de algún nieto y que, luego, suelen ser lanzados a la buena ventura corriente abajo de cursos de agua o, viento en popa, hacia las aguas profundas de algún lago. O “fabrico” cualquier objeto “inútil” que me dé en ganas. En mi época de acampante también solía fabricar cucharas de revolver polenta, tenedores, cucharitas para el mate y hasta… un ocasional juego de dados.

   La verdad es que no recuerdo bien dónde recogí ese trozo de resaca. Me parece que fue en ocasión de alguna visita al lago Correntoso. Girándolo entre mis dedos, de pronto apareció… la mujer, avanzando, caminando resuelta – tan natural, femenina y a la vez guerrera – pero con un pescuezo muy, muy largo y sin cara. Esa ausencia fue disimulada con un bollito de helecho verde claro, a modo de melena, de esos que tan profusamente penden de los árboles del bosque patagónico, prendidos de sus ramas o directamente a la corteza del tronco, y que familiarmente denominamos “barbas” que, gracias a su parentesco de uso con las esponjas de bronce en cuanto al lavado de vajilla y previo pasaje por la arena o tierra a modo de abrasivo, los campamenteros las utilizábamos para fregar el tizne de hollín que se pegaba a las cacerolas calentadas a fuego directo. Con el tiempo esa cabellera se desecó y cobró un color más apagado y sobrio. Pues bien, ¡mírenla con qué garbo, y combativa, encara el camino de la vida!

   Asocio esta imagen a la mujer que tomó conciencia cabal de que debe valerse sólo de sus fuerzas; con resolución y determinación de la que sabe qué hacer y cómo y cuándo proceder para llevar una vida digna - de criatura de Dios, libre y responsable - a pesar de las quizás más ingratas que favorables vicisitudes que conformarían su pasado. Para mí es la imagen de la mujer sufrida que se decidió por la trayectoria honesta del tesón y trabajo cotidiano, duro y frecuentemente ingrato y, en primer lugar, por el bienestar de los suyos. “Guerrera” se asocia habitualmente a “mina” con cierto sentido peyorativo. Aquí, en cambio, con ese título deseo rendir homenaje a la mujer luchadora que, haciendo fuerza de su debilidad, con su amor, coraje y abnegado sacrificio diario está construyendo - aunque sea sólo en su pequeño ámbito - un mundo más justo, digno y trascendente… Dónde los deberes - de conciencia – hacia los otros y el Otro prevalecen netamente sobre los derechos propios.

   Este fue, a grandes rasgos, el mensaje que yo percibí en la lectura de esa imagen.


Estanislao Zuzek

Gritar (Ignacio Leonetti)


  
El grito, Edvard Munch



El otro día escuché de boca de un personaje (concretamente Don Bosco en la película sobre su vida) que gritar es un signo de miedo.
  No hablo aquí del temperamento “gritón”. De esos tenemos todos en nuestras familias mayoritariamente latinas del sur europeo que eligen el grito acompañado de manifestaciones ampulosas de sus brazos. Sabemos que el italiano, por ej., habla fuerte y con las manos.
 Pero no hablo de ello. Hablo del gritar como experiencia existencial aislada, como ataque del momento y que puede repetirse al punto que nuestra alma atormentada viva en un grito constante.
  Grita el que tiene miedo y esta circunstancia siempre encierra la desesperación.
  Con el grito –cual animal que se siente acechado- se defiende sin miramientos del modo más visceral y salvaje que se pueda imaginar.
  ¡Cuántas veces hemos pasado por esa experiencia! Buscamos posicionarnos en una suerte de torre o empalizada desde la cual pretendemos defender una idea o un capricho.
  Quizá sólo estemos buscando defendernos del mundo exterior que nos interpela y nos dice la verdad, sacándonos de nuestros errores que nos ciegan.
  En cambio el que no teme, el que sabe esperar confiado es muy difícil que grite. Sabe callar, tiene autoridad y elige el momento para poner sus ideas, sus sentimientos en consonancia con la realidad, a la cual jamás niega.
  Lindo propósito sería para nuestra vida el que haya menos gritos y más silencios, menos gritos y más intimidad dialogante.


Ignacio Leonetti

jueves, 16 de febrero de 2012

Grises (Lydia Zubizarreta)

Lydia Zubizarreta, Grises








"Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sens se répondent."
                                       Baudelaire, Fleurs du Mal, Correspondances (*)





Los grises se encuentran en infinitos espacios entre el blanco y el negro, también pueden formarse a partir de cualquier color del arco iris siempre que se le incorpore su tono complementario.  Se podría decir que son el color de los ecos en pintura.  El ojo los ve alargarse hasta el horizonte y vuelta, logrando que los colores vecinos se expandan enviando ondas de luz, como un eco cromático. 


Los grises forman este paisaje que me rodea y que yo pinto.  Gracias a ellos todo se convierte en relación, correspondencia, luz;  tonos que se unen, se enlazan, se superponen, o se proveen de un contraste que les permite destacar un perfil.  Siento en mi alma, gracias a estas luces relacionadas entre si, esa paz que es unión primordial.  Es la obra del Creador, la que hacía decir a San Francisco “hermano sol, hermana luna, hermano lobo”. 


La ciudad, también hecha de grises, trasmite una sensación muy distinta: sus planos de grises son opacos, contundentes.  Son grises creados por el cemento y las necesidades del ciudadano.  Tienen, sin embargo, su belleza propia.


Los grises de la luz que juega en la naturaleza logran sobrepasar nuestra capacidad de comprensión. Imposible retenerlos con la memoria.  Gris oscuro, vasto como la noche;  gris claro, que es iluminación.  Gris que es claroscuro.  Toda la gama, todas las posibilidades.


Verde, azul, amarillo, violeta, rosa, gris.  Juan Gris, el pintor, se lo apropió para nombrarse a si mismo.


Sensibilidad y pluralidad, los grises pueden compararse a esas esencias que evocan perfumes, colores, sonidos.  Están ahí, latentes, formando nuestro universo, enriqueciéndolo, sin hacerse notar. 





Lydia Zubizarreta





(*)  "Como largos ecos que de lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad
—vasta como la noche y como la luz—
los perfumes, los colores y los sonidos se responden. "
Flores del Mal, Correspondencias.
(Traducción de Ulysses Petit de Murat)






Gris indeciso (Noelia Vanrell)

Ilustración para las maquetas de Metrópolis,




Como  una ventana engrapada en un entrepiso
observo tus grises, ciudad,
Y mi gris indeciso

Costumbre de respirar, ¿cómo puede volverse costumbre vivir? Quisiera que respirar no fuera algo mecánico, quisiera decidir, a conciencia, cada vez que inspiro, cada vez que exhalo. Inspirar verdes, exhalar turquesas, pero vos, ciudad, no tenés esos colores ¿o es mi respiración la que te tiñe exhalando grises? (no es tu culpa, ciudad, que yo sea la indecisa, ya probé una vez el campo, y también, con una sola respiración, lo arruiné de gris). Un pie adentro, y un pie afuera, ojalá me cayera hacia alguno de los lados, así por lo menos el golpe añadiría un color morado. Pero no hay caídas accidentales, se aprende con facilidad a hacer equilibrio.
Pantanoso limbo.
El blanco enceguece, el negro asusta, es vergonzosamente cómodo el gris indeciso.

Noelia Vanrell







miércoles, 15 de febrero de 2012

Grietas (Mimi Blaquier)

Fontana plus Gutman,  Avisos clasificados de búsqueda de empleo sobre tela y espejo por detrás. 40 x 40 cm. 2004 Colección privada, París (Ilust. blog)






El día se deshace


en horas y cosas,


miradas de niebla


fracasos sutiles


El domingo y el lunes,


lluvia y sol





Grietas abren


la sombra


Voces, llamados,


rumores








Mimi B.laquier


Graznidos de un Elogio (Maximiliano Hünicken Segura)

Maximiliano Hünicken Segura

  

    Tras el elogio de la locura, y el elogio de la sombra, Erasmo y Tanizaki, nos han ilustrado al respecto. Se ha consumido la cera diletante de tantas horas de ocio. Pero  simplemente nos resta introducirnos en un nuevo “enaltecimiento”.


      Henos aquí ante semejante sonido, el crascitar, lúgubre canto de aquella volátil apariencia. Otros le dicen graznido, no obstante, el tétrico lance de aquellas muecas que nos ofrece el destino. Se suele presagiar la desgracia, o el falso elogio de aquella agudeza que merodea con su premura.  A veces con tan sólo discurrir, sin importar el tiempo transcurrido, y saborear la fábula como aquel niño que se alecciona vivaz entre cirios. Y bordea sus labios con la miel de una edad, que ignora el deslizamiento de la arena dentro de su ardor. Ahora bien, sólo le cabe la enunciación:



GRAZNIDOS



De graznidos  y  crujidos
Que repercuten por doquier,
El hábitat los ha merecido
Y el eco también.


  


Espeluznante sonido para una simple ave
Que sortea su destino,
Sus oficios y sus vicios;
 Así se erizan nuestras veleidades.





Oscura presencia
De inteligencia maligna,
Los celtas y los griegos,
Le confiaron otra valía.


  


¡Nos basta un advocatus!
Y la opacidad de una toga,
Para mitigar tanto arrebato
En ese alegato voraz.





La claridad de aquella vegetación
Nos inunda con su pátina,
No pretenderán estos aleteos
Confundirnos con el infierno. 





¡Cuervos son, y mis ojos están intactos!;
Mas debería cuidar los globulares
De aquel dorado verano,
Ya suficiente malestar significan sus graznidos.


  


La ley permanece inexorablemente
Y las aguas ondulan su clamor,
La defensa del siglo
Nos advierte, de la estafa y el horror.





Todos estos reclamos
Han sido suficientes,
Para declarar escalofríos
 En la tarima de los durmientes,
En el canto de aquel brío.


Max Hünicken Segura

martes, 14 de febrero de 2012

Gratitud y gratuidad (María Echevarría)

Velocidad Arte Urbano Fabián Burgos






La anécdota no es mía, la escuché hace poco y me pareció que valía la pena compartirla.


Va un muchacho caminando por la calle, paseando por las arboladas calles de San Isidro una soleada tarde de sábado. Va mitad pensando en sus cosas, mitad disfrutando del día. En eso, se encuentra con una chica de su misma edad, preciosa, que parecía estar esperando para cruzar. Cuando se acerca se da cuenta de que es ciega y le ofrece ayudarla. Ella, muy agradecida y alegre, acepta el ofrecimiento. Cruzan la calle sin ningún problema. Al llegar al otro lado siguen charlando y ella, muy inocente, le pregunta:


- ¿Y vos? ¿Agradecés tener vista?


Él ya no pudo ver el mundo del mismo modo.



El mundo es gratis, el aire es gratis, el sol, la luz, los ojos para ver los colores, las manos, los brazos para abrazar, para levantar y para bailar, el oído, la música, los olores y sabores, la verdad, la inteligencia para buscarla, la palabra, la sonrisa, la naturaleza, los otros, el universo entero es gratis y se nos da. ¿Nos damos cuenta de semejante regalo?


María Echevarría

Gratis (Martín Susnik)

Obra de Magdalena Jerman. Regalo a Martín Susnik



Tal vez nos hayamos acostumbrado. Sería comprensible, qué sé yo. Cuando pretendemos algo, hay que pagarlo, para tener con qué pagarlo hay que trabajar, para obtener el trabajo quizás haya que hacer mérito... Sistema de recompensas y consumo que, según sostienen algunos gurús, hace girar al mundo de manera más eficaz, aunque a veces cueste dilucidar hacia dónde es que lo estamos haciendo girar con tanta eficacia.


Pero de vez en cuando, con mayor o menor frecuencia según el caso, tenemos la oportunidad de elevarnos por sobre ese movimiento de rotación aparentemente omniabarcativo y tomarnos un respiro. Las oportunidades son múltiples: entregamos algo sin solicitar nada a cambio, o esculpimos sin pretensión de recompensa algún trozo marmóreo del universo o alguna de las vidas en él presentes, pagamos la vuelta... Y es maravilloso. Lo hacemos porque está bueno hacerlo, porque por alguna razón encontramos algo iluminador en la posibilidad de sortear una supuesta “lógica” que, aunque comprensible, se torna a veces asfixiante. Hacemos algo y lo hacemos gratis.


No es siempre sencillo; no lo es porque dar gratis supone superar la siempre insatisfecha angustia retenedora de la avaricia que algunos, curiosamente, hacen pasar por virtud; porque hay que captar encarnadamente que las alegrías propias y las ajenas no son competidoras sino compañeras de equipo; porque cuesta comprender a veces que entregar no es sinónimo de perder. No es sencillo tampoco porque para saber recibir gratis hay que tener la grandeza de reconocer que no todo ha de ser un laurel producto de nuestro orgulloso esfuerzo, y esa grandeza sólo puede ser fruto de una humildad genuina.


La idea es abusable, lo sé. El esfuerzo es imprescindible en muchas oportunidades y aquí no queremos hablar mal de él. En lo personal, lejos estoy de querer convertirme en tribunero de aquellos que fomentan la flojera a través de la malcrianza o apologeta de aquellos que reclaman beneficios desde una pereza que les permite alzar las manos pero sin mover un dedo. Son deformaciones, intuyo, defectuosas interpretaciones del misterio.


Sí, del misterio, bien digo. Porque hay algo de misterioso en lo gratuito, algo que toca la entraña misma de la existencia, que hace vibrar la piedra fundamental de las cosas y de nosotros mismos.


Al fin y al cabo, desde su núcleo más íntimo, que es también su fundamento más trascendente, en su más elevada razón de ser, que es también su causa más honda, mi existencia se explica simplemente por la libre y gratuita donación que se me ha hecho y que se me sigue haciendo.


Y acá estoy. No tengo en ello mérito alguno. Ni siquiera me preguntaron para ver si estaba de acuerdo, de modo que no puedo fanfarronear en lo más mínimo... Y es maravilloso. Acá estoy, gratis.





Gratis accepistis, gratis date (Mt 10,8)





Martín Susnik

lunes, 13 de febrero de 2012

Gracias (María Sol Rufiner)

Monasterio del Cristo Orante, Tupungato, Mendoza. Sol Rufiner



A la gente de Mendoza
en Acción de gracias
por su Hospitalidad





   Si uno piensa en dar las gracias, lo que saca muchas veces es una costumbre, una respuesta educada hacia un favor otorgado; pero casi ni nos detenemos a pensar ¿Qué significa “dar gracias”? ¿Qué es lo que damos cuando “damos gracias”? ¿Es algo nuestro que tenemos para dar? Es aquí que podemos ponernos a pensar lo que es la gracia… o sea lo regalado, un don… y si nos adentramos más, un don de Dios que supone y perfecciona nuestra naturaleza. Éste Don que sólo toca al Maestro dar ¿Cómo es que llega a ser nuestro para otorgar? ¿Cómo es que devenimos en administradores de tan gran tesoro? Y es que al ser sus hijos y Parte de Él, sus tesoros son nuestros para administrar.


   Así que llegamos al día de hoy y de cara a la costumbre la volvemos nueva en su significado, como haría Chesterton, y haciéndola carne tomamos conciencia de que cada vez que damos gracias, lo que estamos dando al otro, no son meras palabras, sino un Tesoro.



María Sol Rufiner

Gracias (Luis Baliña)







El mar cabe en una palabra: gracias.
Gracias: el mar es gratis.
Es dado gratis, gracias
Cabe también en una definición aburrida: extensión de agua salada con costas
Y no cabe en la capacidad de jugar, nadar y disfrutar de los chicos, sino que la excede.
Freud habla de sentimiento oceánico. ¿Qué sentirá ese sentimiento, la infinitud aburrida o la que excede la capacidad de disfrutar?





 Luis Baliña

domingo, 12 de febrero de 2012

Gota (Nicolás Balero Reche)





¿Qué le hace una gota al mar? Lo llena un poco más, el mar no escatima ¿Acaso lo hace un poco distinto? Lo cambia, lo hace mejor. ¿Cuántas gotas rebotan contra las piedras cada vez que una ola rompe? Sin embargo esa hermosa imagen cambiaría si le faltara una gota salpicando. ¿Cuántas gotas quedan abandonadas en la arena cuando el agua regresa a la inmensidad? Y sin embargo cada una tiene un destino. Sin cada gota que forma el mar no podríamos embarcarnos en la aventura de recorrerlo.


¿Y a la lluvia? ¿Qué pasa con aquellas gotas que nadie ve caer? ¿Quedan en el olvido? ¿Hacen la diferencia? Claro que sí, porque cada una fue preparada para caer y fecundar, y humedecer cada lugar donde caigan. Hace falta solo una gota para darnos cuenta que caerán más. Sólo una gota puede predecir una tormenta.


¿Cuántas gotas caen en un llanto desesperado? No lo sé; pero cada una tiene un peso propio. Sin esa gota que cae del rostro no sería el mismo llanto, porque no veríamos lo mucho que duele. Gotas que ni Nietzsche puedo resistir, lágrimas que lo liberaron aquél día en que Nietzsche lloró.


Las gotas son el recurso de la tristeza en el llanto, y de la alegría en la risa. La risa sin cada gota no sería la misma risa, los ojos inundados nos demuestran que la alegría nos inunda el corazón.


Y las gotas que caen con el esfuerzo, cada gota implica un paso más de superación. ¿Y los nervios? Esas gotas nos demuestran que no somos todopoderosos, y que hay situaciones que nos superan, y sin embargo somos mejores al afrontarlas.


Hace falta solo una gota de amor para que dos personas se animen a conocerse y quizás descubrir que quieren estar juntos toda la vida; siendo una gota los dos.


Y qué más somos para Dios que gotas en el mar. Y sin embargo cada gota tiene su camino, su importancia, su sentido, su significado. Cada gota tiene su nombre, y no sería el mismo mar sin cada gota. Y cuánto quiere Dios que esa gota sea en verdad transparente, como las que llenan las mejillas en un abrazo ansiado; cuánto quiere Dios que esa gota sea pura, como las que calman la sed cuando abrís la boca hacia el cielo en las lluvias de verano. Una gota de amor puro somos para Dios, una gota que muchas veces implica nervios, otras, esfuerzo; algunas veces implica alegría y otras, tristeza. Cuánta abundancia en tan solo una gota. Y así es Dios, hace grande lo pequeño; importante lo simple. Cuánta importancia tiene cada gota de este mundo.


 Nicolás Balero Reche




Gorrión (Raúl Lavalle)



               Mis andanzas por librerías de viejo me dieron el libro El gorrión y la luna. Su autor es Orlando Mario Punzi, poeta y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo (me parece que ha llegado a los noventa, la edad de Jenófanes). El “Propósito” de ese poemario lunfardo es:
 

Me voy al arrabal con el soneto.
Voy en busca del grillo camarada,
pues ya Darío no me dice nada
con sus lagos, el cisne y el abeto.
 

En esas calles del suburbio quieto
doy con una canción insospechada:
donde se yuga toda la jornada
la verdad brilla más que en Epicteto.


Abandono la rima trasnochada
de príncipes que mueren sin objeto
tras un estanque y una balaustrada.

  
Y en busca del gorrión analfabeto
y el tango y el farol de la cortada
me voy al arrabal con el soneto.



  Desde siempre los pájaros representaron cosas. Las palomas, la evangélica simplicidad; el pavo real, a la diosa Juno. Punzi hace que el gorrión simbolice el arrabal. No sé si es muy analfabeto, porque canta lindo, aunque no lo veamos. Además nuestros gorriones son finolis, porque dicen que los trajo Sarmiento de las Uropas; desde Francia, la cuna de El Morocho del Abasto.

 Raúl Lavalle

sábado, 11 de febrero de 2012

Gola (Sofi Montagnaro)





“Cada garganta es un mundo”.  Eso decía mi profesora de canto y yo siempre asentía… Prefería eso a decir “¿en qué sentido?”. No sé… hay muchos sentidos. Todos tenemos distintos tonos, distintos colores (recién el año pasado entendí a qué se refiere el color), distintos registros… Pero ahora pienso que la garganta es uno de esos órganos íntimamente ligados al alma.


Muchas veces veo al cuerpo como una tela cosida en algunos puntos a ese algo que es el alma; uno de esos puntos es la garganta. Es un nuevo modo de entender que cada garganta es, de hecho, un mundo. Tal vez parezca tonto decir esto, pero de la garganta sale la voz, que, quiérase o no, denota la personalidad, los humores, los estados de ánimo (o del ánima)… Y no sólo eso; para mí en la garganta se manifiestan dos de los sentimientos más frecuentes y más humanos: la felicidad mediante la risa, y la angustia mediante ese nudo que muchas veces sentimos en esta parte del cuerpo.


Sólo dejo esta breve reflexión. Tal vez hay quienes sientan esa conexión tan fuerte entre cuerpo y alma en otro punto. Los invito a comentar cuáles son sus puntos de costura…





Sofi Montagnaro, a través de sus dedos






Gol (José Manuel Flores Eudave)






El fútbol es un deporte que practicamos y vemos una parte importante de la población en todo el mundo. En países como el que habitamos, se respira el fútbol en el vivir diario de sus habitantes: fútbol, tradición, aspiraciones y cultura caminan casi de la mano. Vivido así, el fútbol puede convertirse en un mito extraordinario que engloba, descubre y relata las historias épicas que han llenado de gloria a todo un país. Los personajes y las historias cambian, pero no el núcleo mítico y glorioso. Eso que una nación necesita para revitalizarse y  sentirse orgullosa de lo que es, de lo que tiene, de lo que ha logrado, para buscar desplegar su propia identidad. Odiseo y Eneas… Maradona y Messi. Cómo interpretar los dos goles del 10 a los ingleses en el ´86. No es acaso una historia épica cuasi-mítica de un héroe que venció con sus habilidades futbolísticas, uno por uno, a esos soldados ingleses, haciendo justicia ante los poderosos… Historia digna para una buena tragedia de Sófocles en donde la justicia siempre prevalece. Esta leyenda quedará en el tiempo y pasará de boca a boca a través de las generaciones. 


Sin embargo, el fútbol también puede  ser  sobrevalorado  por fanáticos,  seres que encuentran en su devoción, un clamor cuasi-religioso al que se entregan ciegamente como en una especie de fatalismo. Estos seres  ven en  el fútbol como a un absoluto,  todo se justifica en vistas de ese todo.


 En su contraste, el fútbol es también  desestimado con indiferencia por muchos, en realidad por muchas, en realidad y sobre todo, por las esposas de esos que mencionamos arriba. Estas cansadas mujeres  sufren cada fin de semana  pues saben que su marido va a tener  una metamorfosis  que lo va a convertir en una especie de zombi enajenado que sólo responde ante estímulos futboleros y permanece inerte ante cualquier otra realidad física o espiritual. Pobres mujeres, el “fútbol para todos” las mató.


Pero vamos a tratar de buscar una cierta armonía. A los que nos gusta el fútbol y lo practicamos, sabemos que quizá es incomunicable la experiencia cuasi mágica  que se experimenta al jugarlo. Cómo explicar lo que significa hacer un gol, es algo inefable. Es como una intuición poética o como los ángeles,  cada uno es en sí mismo una especie, irreductibles a cualquier otro gol por más que haya sido similar. Cuando uno convierte siente su espíritu rebosante, vivo, gritando al cielo “GOOOOOLLLLL...” las venas se hinchan, el corazón late con insistencia, los pulmones se llenan de pasión. La vida cronológica se detiene y se hace eterno el momento  oportuno… Un gol es un pedacito de gloria…. Y qué decir de aquellos que valieron un país…





José Manuel Flores Eudave






viernes, 10 de febrero de 2012

Gobierno (Lucas Demattei)





"la vie est un question ici, et à voir où elle méne,
j'ai peur qu'elle ne fournisse qu'un réponse artificielle...”


  


Señores del gobierno,
Hemos venido a sus puertas para pedirles la salvación.
Hemos intentado por nuestros propios medios, pero nuestra condición no nos favoreció: el hambre pudo más.
Hemos acudido a la Iglesia, pero no entendíamos nada: en vez de vaticinar los bienes futuros, nos hablaban constantemente de crímenes que no habíamos hecho. Ante tal incomprensión, decidimos irnos.
Por eso hemos venido a sus puertas, para pedirles la salvación. No venimos con violencia. Hemos instalado tres carpas, a la espera que el más pequeño de sus servidores salga a auxiliarnos. Pensamos en traer cacerolas, pero no tenemos. Venimos a ustedes, pues han sido quienes han definido los contornos de esta sociedad nueva, en la cual no hemos sido incluidos. No creemos que haga falta justiciar nuestro pedido: la pobreza es una contingencia. Estamos todos embarcados en la misma carabela: sálvense ustedes también.
Señores del Gobierno, dénos trabajo para hacer, y páguenos lo que hagamos. El mañana no puede esperar. Y liberen, liberen ya a toda la gente...



Lucas Demattei



Gnoseología en el Hades (Federico Caivano)




El año es 1938. Edmund despierta de un sueño, que en realidad era una pesadilla pues estaba sufriendo en su cama con visiones de sus seres queridos yendo y viniendo, llorando en medio del silencio. Él quería decirles algo, preguntarles qué pasaba, pero no podía. No tenía fuerzas y todo se volvía negro…


-¿Dónde estoy? No puedo ver nada.


-¿Hola? ¿Quién anda ahí?


-¿Qué? Eh… hola. ¿Quién…?


-Disculpe pero yo  he preguntado primero. Creo tener el derecho de saber su identidad antes de revelar la mía.


-Em… muy bien. Mi nombre es Edmund Gustav Albrecht Husserl.


-Bienvenido, Herr Husserl.


-Disculpe, pero ¿bienvenido a dónde?


-¡Ah! Una excelente pregunta. Desconozco la situación en la que nos encontramos, pero puedo asegurarle que estoy aquí hace algún tiempo. Debo confesarle que me complace tener algo de compañía…


-Disculpe nuevamente, pero todavía no me ha dicho quién es usted.


-Es verdad. Mi nombre es Immanuel Kant, tal vez haya oído de mí. He sido profesor y rector de la universidad de Königsberg, además de haber publicado…


-¡¿Qué dijo?! ¿Usted es Immanuel Kant? Debe estar tomándome el pelo.


-Mire, no tengo forma alguna de probárselo, pero le juro que yo no tengo dudas de que soy el mismo. Por el ego cogito que acompaña a todas mis representaciones…


-Claro, sí. Entiendo. Yo lo he estudiado, Herr Kant. Conozco su obra profundamente y de hecho he basado mis propias teorías del conocimiento en gran medida en las suyas.


-¿Ah, sí? Pues no he oído hablar nunca de usted. ¿De dónde viene? Tiene usted un acento extraño.


-¡Pues claro que no ha oído hablar de mí! Yo he nacido más de un siglo después que usted. De ahí mi incredulidad cuando me dijo ser quien dice que es.


-¿Me está diciendo que hace más de un siglo que estoy aquí? Me parece increíble. Si bien hace mucho que me encuentro en esta situación, no diría que estoy hace siglos.


-¡Imagínese lo que me cuesta a mí creer que estoy hablando con un personaje histórico como lo es usted!


-¿Personaje histórico? Usted me halaga Herr Husserl.


-Suponiendo que es quien dice ser, créame que es un honor estar en su presencia. Pero, a propósito de eso, ¿dónde estamos exactamente y cómo lo escucho yo y me escucha usted si no estamos hablando en voz alta?


-Es una muy buena pregunta la que usted hace. No me había percatado de que no estoy hablando.


-¿Será acaso un sueño?


-Me he planteado esa posibilidad, pero debo admitir que nunca tuve un sueño tan consciente ni duradero. Me recuerda a la incertidumbre en la que se encontraba Descartes. Supongo que está familiarizado con su obra y su teoría del genio maligno.


- Sí, por supuesto. Entiendo perfectamente y siento lo mismo. De hecho, no creo que tengamos manera de probarle al otro, si realmente usted no es ficción mía, que goza de un yo trascendental propio. Sin embargo, lo que dice sobre el genio maligno me plantea una posibilidad, aunque pueda resultar un tanto extraña.


-¿Cuál es esa?


-De tanto criticar a Descartes en nuestras vidas, nos olvidamos ahora de considerarlo a Dios en nuestros razonamientos.


-¿Está diciendo que…?


-Sí. Es probable que estemos muertos. Es decir, usted, si no es ficción mía, necesariamente está muerto. No sé cómo recién ahora me doy cuenta.


-Mh… suponiendo que así sea, esto no parece el Cielo. ¿Estaremos en el infierno? ¿O en el purgatorio acaso? De cualquier manera,  sin cuerpo que nos proporcione material sensible de conocimiento, no podríamos estar teniendo esta conversación. Excepto que con los conceptos que han quedado en nuestra memoria sea suficiente. ¿Herr Husserl? ¿Está ahí?


-…


-¡Increíble! ¡Puedo entenderlo aun sin que usted enuncie pensamientos! Pero, ¿quién es Wolfgang? Oh… ya veo, su hijo. Lo lamento mucho, mi más sentido pésame. Piense que si de hecho estamos muertos, seguramente tenga la oportunidad de reunirse con él.


-No parece que vayamos a ir a ningún lado por el momento…


-Concuerdo. Pero eso implica que hay algún lado al que podemos ir en algún momento. E implica también que todavía existen los lados y los momentos.


-Pero entonces… el Cielo… ni espacio ni tiempo…


-¡…!


-¡Luz!


-…


-…



 Federico Caivano

jueves, 9 de febrero de 2012

Gloria (Marisa Mosto)






“¿Quién me ha tocado el manto?” Mc 5,21-43


Jesús avanza en medio  de una muchedumbre que lo rodea y apretuja. Se dirige hacia la casa de Jairo,  jefe de la sinagoga quien le había suplicado que curara a su niñita moribunda. Y allí, entre la gente, una mujer enferma, atormentada por hemorragias, considerada  impura, intocable, para su pueblo, se apura a tocar el borde de su manto con la esperanza de ser curada también. “¿Quién ha tocado mi manto?” Los discípulos se asombran, ¿cómo quien tocó tu manto? ¿No ves que está lleno de gente? ¡Cualquiera pudo haber tocado tu manto! “Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho”.


Me conmueve  no tanto que Jesús  haya percibido el gesto de la mujer, como que se  haya detenido a buscarla. Paró la marcha en medio de la agitación del gentío que lo acompañaba a la casa de Jairo, de la ansiedad que reinaba en el ambiente para que asistiera a la hijita moribunda del jefe de la sinagoga. Se detuvo frente a la multitud que lo ¿reverenciaba?, ¿examinaba?, ¿esperaba de él una acción espectacular?, ¿desconfiaba o confiaba en su poder?, y buscó alinear sus ojos con los de tan sólo «una» mujer que en su sufrimiento había puesto la esperanza en Él. Encontrar su mirada con  sólo un granito de arena de ese médano humano que lo perseguía. Dar alivio, o mejor dicho reconocimiento –porque  según el relato evangélico, su enfermedad ya había sido curada, el alivio físico ya había llegado-, acogimiento, a la que era excluida por su pueblo. Que ella supiera que Él lo sabía. Buscó su rostro. Ella al principio temió  haber ido muy lejos en su osadía de tocarlo. Pero Él, como respuesta a sus temores, la curó (σῴζω, sanar, salvar, es el término usado) por segunda vez con sus palabras y su mirada. Elevó su corazón a alturas nuevas desconocidas, invitándola a un encuentro personal.


¿Por qué conmueve? Más allá del hecho de que habitualmente solemos soltar una limosna de manera rápida al desconocido que se manifiesta necesitado, esquivando su mirada con cierta culpa y vergüenza, con algún temor  a que nos invada, a que espere siempre algo más de nosotros,  sobre todo de nuestro tiempo, de nuestra persona, porque si nuestros ojos se cruzaran quedaríamos atrapados en la órbita interpelante de su mirada. Pero más allá de todo eso, dejando de lado la abismal diferencia de actitudes, y considerando que todos somos indigentes si Cristo se cruzara una mañana en nuestro camino, lo que conmueve es que no estamos acostumbrados a ser tratados individualmente, personalmente. Somos un número en una estadística, un punto en una votación, un añadido al porcentaje en una encuesta, un consumidor, un televidente, un usuario, una hormiga más.


Por otra parte vivimos engañados con que la desesperada solución a tanto anonimato sería participar de la gloria del subconjunto de los «famosos». Nosotros jamás hubiéramos detenido la marcha, defraudando la expectativa de una multitud que nos aclama. Estamos dispuestos a bailar por un sueño, a subastarnos tomando mate  en el Gran Hermano,  a llamar a la radio para solucionar  problemas de pareja, a aparecer saludando aunque sea detrás del protagonista  en una foto de  revista o en la portada de los diarios a cualquier costo – en 2007 Robert Hawkins de 19 años mató a 8 personas en un Shopping de Nebraska y luego se suicidó, dejó una nota en la que decía que había hecho lo que hizo porque “quería ser famoso”. O deseosos de ver nuestro nombre en algún suplemento como primeros en el ranking de cualquier cosa. Como el “hombre vivo más pesado del mundo” que nos sonríe ostentando sus carnes infinitas desde la colorida edición de la Guinness World Records, o aquel autoinutilizado de “las uñas más largas en las dos manos”,  o “la familia más peluda”.


Pero seguimos siendo anónimos hasta que no seamos atraídos y abrazados dentro de la órbita cálida de una mirada personal. Estar en la gloria es habitar en esa presencia. Lo que verdaderamente ocurre, ocurre en ese lazo entre las personas. Lo que verdaderamente permanece, permanece gracias a la transformación que nos producen o producimos cuando tocamos el corazón de alguien. Lo demás es juego de espejos o viento, brisa plástica  o tornado  en Nebraska.



 Marisa Mosto





Glaciar (Guillermo Barber Soler)


Glaciar Perito Moreno,  Guillermo Barber Soler





Me pierdo en la visión de un glaciar. El gigante de hielo se me aparece como algo desbordante, proveniente de un lugar al que jamás tendré acceso, un lugar pasado, eterno, como mítico. Cada borde, cada arista,  es nomás un mero amontonamiento de partículas, acaso aleatorio, completamente prescindible. Pero a la vez – y esto es lo que cada vez  me asombra – cada uno de esos detalles, de esas puntas, giros, recovecos, manifiesta algo pequeño, como escondido, e inmenso por la profundidad de lo que oculta. La naturaleza está plagada de estos detalles, que invitan a trascendernos hacia el fondo oscuro que ocultamente revelan. Es que hay algo misterioso en la belleza, que nos muestra al mismo tiempo la fragilidad de lo contingente y la fuerza y patencia de lo necesario. Y eso mismo es lo presente en el gran enigma de la obra de arte, lo mismo que revela al Gran Artista detrás del universo, de las montañas, de cada arista del glaciar que frente a mí impone su Presencia.

Hoy ya no soy el mismo.



***



A los pocos días descubro escrito en la pared de un refugio:

“¡Bendito sea Dios, que habita cada piedra, cada planta, cada pájaro y cada arista de los glaciares, y que al mismo tiempo los desborda, como una profundidad de belleza y misterio impronunciables!”



Guillermo Barber Soler