viernes, 20 de julio de 2012

Luz ¿metáfora de? (Luis Baliña)




Lucía:
         luce, reluce, da luz.
Hoy la he conocido.
Komar hablaba de illuminare y de illuminari. Para dar luz -y tantas
otras cosas- primero hace falta recibirla.
Creo que esta Lucía da luz porque la recibe.
Aunque no se si entra dentro de las convenciones, pueden verla aquí.

                                                                                                                Luis Baliña
 

Luz – reflexiones (Estanislao Zuzek)






   Primero, el Creador ordenó: “¡Hágase la luz!” y se dio la posibilidad de divisar lo que Él estaba por crear y, además, que sus creaturas animadas pudieran percibirlo, de percibirse entre sí y a sí mismas. Ver y verse. Tomar conciencia. ¡Qué maravilla!

Según explicaba Emilio (Milan) Komar, las raíces griegas ‘erg’ y ‘org’ implican acción, trabajo. Pues bien, luz es energía radiante que incidiendo en los cuerpos, interactúa con los mismos de manera que éstos terminan reirradiándola a su vez. Si la luz incide sobre un órgano apropiadamente sensible – el ojo, éste “la ve” o, mejor dicho, “ve” el cuerpo que la originó brillando. Por supuesto, mediante el aprendizaje, por el cual todos hemos pasado desde la más tierna infancia, somos capaces de captar y diferenciar con los ojos colores, formas, texturas, extensiones, profundidades y expresiones – corporales y anímicas. También las miradas de otros, que miran, y sus miradas que se encuentran con la nuestra… para comprometernos mutuamente a la contemplación de las profundidades insondables de las almas que se miran a través de esos ojos. Que, de esa manera, se comunican y se participan.

En realidad, la luz es una mezcla de longitudes de onda electromagnéticas que nuestros ojos detectan en parte y, junto con el cerebro, procesan asociándole a cada longitud de onda un efecto distinto que llamamos color. Un cuerpo iluminado por esa mezcla – “luz blanca” – absorbe parte de esas radiaciones y reemite las demás y, entonces, esa luz ya no es blanca, sino de un cierto “color” – propio de ese cuerpo. Además, la misma no necesariamente genera el mismo efecto de color en ojos de otros sujetos. Conocido es el caso de los daltónicos que casi no diferencian p. ej. dos colores, que para los demás son netamente  distintos. Esto me hace pensar que Kant tenía su fundamento en sostener que la percepción del mundo externo depende del ‘ajuste / sensibilidad’ de nuestros sentidos; es decir, que depende de cada sujeto-que-percibe en particular. De ahí la noción subjetiva de la realidad. Obviamente, de la “luz blanca” podemos filtrar una sola longitud de onda – un color ‘puro’ –  e iluminar el mundo, nuestra vida, con el mismo. Y así podremos terminar viviendo p. ej. en un “mundo color de rosa”…, “verde, esperanza”, etc., hasta que la invasión de la luz ‘blanca’ o de otro ‘color’ nos lo arruine. ¡Qué imbecilidad, ¡no?!

La luz es generada por algo que brilla por sí mismo, que tiene energía. Aquella es irradiada al espacio y a todo objeto que se interpone en su trayectoria lo ilumina: lo hace visible, entregándole parte de su energía, lo hace partícipe de la vida. Los objetos animados - cuando iluminados - se nutren de ella para mantener su propia vida o generar nueva vida. La luz, directa o indirectamente, les es imprescindible. Cómo para que yo ose a decir: ¡Fiat lux… fiat vita!

Análogamente, las personas que brillan por sus ideas, valores, su vida ejemplar, virtuosa, iluminan a todos los que las rodean - y aun más allá, tanto en espacio como en el tiempo -  induciéndolos al cambio para que, a su vez, brillen por sí solos y con su brillar expandan el ámbito de los hombres iluminados por la virtud. Y, por otra parte, la Virtud ilumina por dentro a cada uno de ellos para que puedan brillar aun más fuertemente y hacer la vida más luminosa y  clara.

   Somos hijos de la luz, en todo sentido. Desde siempre. Buscamos, generamos y utilizamos la luz física, en todo su espectro, para acrecentar nuestro bienestar natural. Pero este último sólo puede darse en plenitud si nuestro ser está iluminado al mismo tiempo también por dentro por el Espíritu que es, además, fuente de nuestra esencia y razón de ser. Ser iluminados por la Verdad para poder, luego y por reflexión, iluminar a los demás. Recibir esa Luz para retransmitirla al entorno, pero de manera tal que la intimidad de las personas sea preservada y que, a pesar de sus posibles desnudeces morales, sus imágenes resulten dignas de su condición de hijos de la Luz – que ama y hace amar a todos. A la luz del amor… todo es más bello.


                                                                                                                                  Estanislao Zuzek

jueves, 19 de julio de 2012

Luz (Angeles Smart)

Diego Rivera, Niños pidiendo posada.






      PALABRAS EN LA NOCHE:
      Creo que tenía 13 años. Increíblemente ya tenía conciencia de uno de los conflictos más difíciles que atravesaba mi vida y aún hoy la sigue complicando. Entré a la Catedral de San Isidro la noche de Vigilia Pascual buscando sin saber qué, tal vez sólo poder hablar de lo que nunca se habla. Hoy después de casi 30 años, en los tiempos difíciles, sigo recordando y citándome para mí misma aquellas palabras que iluminaron no sólo mi joven confusión, sino toda mi vida adulta.
     LUCES EN EL CAMINO:
    Desde ese día supe qué es la sensatez, el sentido común, el compromiso con el otro y la experiencia de lo humano. Sin grandilocuencias y sin abstracciones;  con un sagrado respeto por el sentido de toda vida y el misterio de la libertad. A lo largo de estos años volví a encontrarme, en momentos espaciados por la distancia, con el sacerdote devenido obispo, siempre pastor, comprensivo y de una inmensa sabiduría.
    PALABRAS EN LA NOCHE:
    Estas ya no comunican y no se percibe ningún destello. Demasiadas palabras que sólo denuncian, acusan, señalan. Alguien que siguió, acechó, espió, husmeó, registró. Seguramente una de las cucarachas del planeta de Ferrari. Lo que pertenece a la intimidad y a la conciencia personal está en boca de todos, publicado y comentado. Cierto mundo y cierta gente definitivamente ya no me gustan. La oscuridad es más negra que la noche.
  Sin embargo la luz me sigue llegando, como siempre, desde el mismo rostro amigo, aquél que desde mis 13  años me cuenta de la comprensión, del perdón, de la esperanza.
 .


                               Ángeles Smart
                                            Bariloche, julio del 2012.


Lunático (Javier Nari)





Errabundo
Con el porte de milicia despojado
Un sable distante
Y en sus ojos un vértigo inefable
De caminar entre riscos
Y despeñaderos.
¿Cuántas veces se habrá perdido su conciencia
En escabrosos manglares
Iluminados por la luna?

-Acógeme, yo seré  tu espada-
Luminosa y sugestiva invitación
-¿Dónde, y cómo, quieres que te acoja?
Si mi vaina he desechado-

-Acógeme como tú sabes:
como una extensión de tu carne.
Con la determinación gentil del caballero,
la renuncia del creyente, y la soledad del poeta.
Y hazme iluminar tu eremitorio
como el destello letal de la hoja silente
que lacera los cuerpos al soslayo…
Con la locura fanática y encantadora,
del fervor del jazmín y el sacrificio
inmaculado del albo cerezo.-

Blandir con ascética armonía
el resplandor de la luna
no es tarea de muchos
Sólo de aquel miserable ungido,
guardián a quien le fue otorgado,
el ósculo numinoso del silencio urbano…

el Lunático.
 Javier Nari (Novadomus)

miércoles, 18 de julio de 2012


Luna (María Lanusse)





                                                             
No importa la forma.                                                   
Si parece tan solo un círculo,
En medio de la nada
O si parece una sonrisa desubicada.
No importa el color
Ni cuan brillante este.
Si parece sucia,
O si su blancura nos deslumbra.
No importa si esta llena
O si casi no se distingue
No importa si la veo cerca
O si la siento tan lejos.
Lo que me importa
Es que existe,
Que me recuerda
Que se puede brillar
En medio de tanta oscuridad,
Que la vida es tan linda,
A pesar de que haya tanta maldad
Que quiero ser feliz
Y contagiar esa felicidad
No importa nada más
Con solo verla
Se cuán cerca Dios está.




María Lanusse

Fotos copiadas de: http://thenetandthetulle.com/2011/12/11/jugando-con-la-luna/

Lugar de lágrimas (Clemencia Campos)






Cuán triste es ver a alguien triste; pero creo que es aún más triste que alguien esté triste porque nadie lo ve.
Y nadie, no es precisamente alguien.
Es NA-DIE.

Ella tenía ojos afiebrados. Ojos tiernos y tranquilos.
Era una mirada que buscaba un cómplice, un espejo, una caricia, una atención…quién la viera.
Ya desesperanzados de ser encontrados, dormidos y escondidos entre los pliegues de su roñosa bufanda, estaban aquellos ojos sin rumbo y aquella boca fina que alguna vez en la infancia fue feliz y sonrió.
Aquellos ojos eran como dos botones descocidos de un rostro afectado, que aunque emanaban mil aguas, no gritaban más que sed.
Hambre tenía esa mujer; y el frío era su fiel amigo que la acompañaba en esa esquina.
Era un frío cortante y seco, el cual le enseñaba día a día que vivía, que sufría y le recordaba que tenía un dedo gordo en el pie, que atrevido el gordito y sucio, se le escapaba de su frazada agujereada; tan agujereada como su alma. Un alma que despedía una gota, dos gotas, tres gotas…y así, su alma fue desapareciendo.
Ella se parecía más a una estatua, y como tal, era tratada por quienes a su lado paseaban.
Que angustia no ser vista.
No ser vista es angustia.
¿Ser vista es la felicidad?

Cuando vemos, imitamos.
Nos reflejamos.
Vemos algo…
Que pasa a ser un alguien cuando vemos sus sentimientos y los imitamos.

Clemencia Campos

martes, 17 de julio de 2012

Lucha (Marisa Mosto)

 Mural de Antonio Seguí, Estación Independencia, Metrovía Línea E



Ser uno mismo con los otros. No es algo que se elija. Es así. Ellos están allí.  Más allá de tus raros deseos de independencia o fantasías de omnipotencia. «Sos» con los otros. Vivir es con-vivir. Desde que otros te engendraron, te alimentaron, te cuidaron o no, te enseñaron bien o mal, te aplastaron con oportunidades o no te dieron ninguna, o alguna pobretona desesperanza. Te despertaron a la vida o embotaron tus sentidos.  Acostumbraron tu mirada a un paisaje, tu tacto a las caricias o a los golpes, o a ambos o a ninguno en el caudal de una fría indiferencia. Tus oídos a un idioma, a sus vibraciones, escalas y cadencias. A un cómo, a un modo de decirse, de decirte, de tratarse, de ceder, de exigir. Y a un qué. Por qué pelear, qué buscar, en qué creer, por qué vivir.

Y ahora venís y me decís que estás ahí sin saber dónde poner tus manos. Las entrelazás y girás los pulgares. Te sentís solo. Es cuando surge la falsa pregunta, la que está de más: ¿Ser uno mismo con los otros?

Pensás y te das cuenta. Te reconocés  vos, un otro para los otros. Y te preguntás “¿Cómo ser yo para ellos?” Entonces repetís gestos, copias algunos nuevos que te gustan más, que te hicieron bien. Vivís, aprendés. Hacés los que podés. Algunos pueden más. Otros están demasiado mutilados. Vaya uno a saber de cuántas cosas depende lo que vos podés. Cada pequeña historia reproduce a su manera a escala infinitesimal la gran historia del hombre.

Si mirás un poco más de cerca, sabés que sos capaz no sólo de repetir sino de sumar o restar. Podés decidir si sumar o restar. ¡Ojalá sumemos! “-¿Por qué?” me preguntás. Por amor, pienso. Por cansancio de sufrir y ver sufrir. Por el gozo del don de sí. Cuando una madre contempla la sonrisa de su bebé, se evapora el hueco que empuja la pregunta por el por qué. La respuesta está mágicamente allí.  Ser con otros. No es una opción. Es así. Y la paternidad y la fraternidad: un milagro.

Entonces pensá bien: ¿qué libertad es la que reclamás? Algunas torpes iniciativas que tendrás que someter a lo mejor de lo posible y sólo a lo posible. El humano espectro  real de la libertad. A veces incluso adelgazado, por falta de iniciativa o por falta de lo posible.

Iniciativa empujada  por el deseo; por la inquietud por desplegar una vida que valga la pena vivir a cada instante.  Por eso estás ahí preguntándome. ¿O no? Tratamos de que el deseo se cuele por lo mejor de lo posible tanteado en las penumbras,  casi a ciegas o con un pobre mapa de ruta que a menudo nos conduce a calles sin salida. A veces sin embargo, embocamos en el sendero que  abre a una ancha avenida en la que habitan todos los colores de un ritmo de comparsa con el que nos gusta comulgar y festejar. Y allí en la fiesta,  están los otros sin los que no hay fiesta porque no habría con quién bailar. Ser libre es sentirse enamorado de aquello que tenemos enfrente, entonces se tensan todas nuestras terminales y estamos a gusto con ellos. Nosotros, los que  luchamos por entender de qué se trata la vida.





 


“Uno”, Letra Enrique Santos Discepolo, Música:Mariano Mores; Voz: Roberto Goyeneche

Marisa Mosto

Logoterapéutico (Martín Susnik)








Canción: "Barve (Colores)" Letra, música e interpretación: Magdalena Jerman y Martín Susnik
Traducción de la letra del esloveno: al final de la entrada




“Mientras el sujeto tiene en sí su centro y sólo a sí se pertenece, aún no es propiamente él mismo. Mas cuando sale de sí y tiene en más al otro que así mismo, recibe de su mano su verdadero «yo».”
Romano Guardini



Cuando comencé a prestar un poco más de seria atención a aquella enseñanza evangélica según la cual el que ama su vida la perderá, en cambio quien la pierda la ha de encontrar (Mt 16, 25; Mc 8, 35; Jn 12, 25), debo confesar que mi respuesta no podía evitar cierta actitud de desconcierto. Por un lado, la enseñanza era completamente compatible con las cosas que en casa se educaban y se vivían, de modo que no tenía dificultades para sospechar que ahí se decía algo importante y además verdadero. Pero, a la vez, había en esa formulación algo que no cerraba. En primer lugar, siendo sincero conmigo mismo, no tenía dudas de que lo que deseaba para mi vida era ciertamente no perderla. Pero ¿se me estaba aconsejando acaso que no debía amarla para lograrlo? ¿Para encontrar lo mejor para mí tenía que no querer lo mejor para mí? ¡Caramba, pero si justamente de eso se trataba! Por amar mi vida es que quería encontrar lo mejor para ella, ¿cómo podría entonces alguien decir que para encontrar lo que uno busca tiene que dejar de buscarlo justamente? Si lo quiero encontrar se da por descontado que lo estoy buscando, de modo que la laberíntica formulación presentaba no pocas dificultades a mi comprensión. En segundo lugar, y manteniendo la sinceridad conmigo mismo, debía reconocer que no solamente buscaba lo mejor para mí, sino que estaba convencido además de que lo deseaba necesariamente, de modo inevitable. ¿Cómo evitarlo entonces? ¿Cómo iba a querer perder mi vida, si el deseo de encontrarla se manifestaba como una exigencia de la propia naturaleza? ¿Acaso podía un consejo bíblico incitarme a ir en contra de mí mismo? ¿Había que tender hacia la autoanulación? ¿Me estaban tratando de decir que tenía que negarme a mí mismo?
La idea en consecuencia no resultaba del todo convincente, no sólo por su paradojal formulación, sino por su aparente inaplicabilidad. Uno quiere lo que es lo mejor para uno, y no puede evitar quererlo, pues está arraigado a semejante ley de gravedad del alma. Y si había que dejar de quererlo para poder alcanzarlo, es porque en el fondo uno seguía queriéndolo alcanzar, o bien, alcanzarlo dejaba de tener, por dejar de quererlo, sentido alguno. La cuestión bien podía quitarme el sueño.
Y fue justamente el insomnio juvenil de aquellas épocas el que me permitió vislumbrar una posible comprensión de tan intrincada cuestión. En alguna de aquellas interminables noches, mientras la obstinación de mi cuerpo no paraba de dar vueltas y enredarse torpemente con las solitarias sábanas, la insistencia de mi mente no paraba de dar vueltas también, con la misma torpeza, en la necesidad de conciliar el sueño cuanto antes. Y ya se sabe cómo es el asunto: uno quiere dormirse, mira el reloj que avanza con inusitada celeridad, sabe que es imperioso tratar de conciliar el sueño ya, y sin embargo no hay caso. Más se empecina uno en dormirse, más lejos parece estar de alcanzarlo. Descubrí así que, en lo que respecta a dormir, no hay nada peor que centrar todos los esfuerzos en lograrlo. La paradoja era de lo más llamativa y tuve la ocurrencia de que en ella se escondía alguna suerte de secreto sobre la existencia misma pues no es éste el único caso en que la vida funciona de semejante manera. Piénsese por ejemplo en los momentos en que uno intenta obligar la inspiración creadora, o cuando tratamos de forzar una expresión que se encapricha en quedarse en la punta de la lengua, o cuando queremos apurar la comprensión de un asunto... más lo quiere imponer uno, menos parece poder darse.
Tiempo después encontré en las enseñanzas de la logoterapia algo que se relacionaba con la misteriosa cuestión. Frankl lo llama “intención paradójica” y consiste en señalar que el miedo hace que suceda lo que se teme, mientras que la hiperintención estorba y hace imposible que suceda lo que uno desea a la fuerza. Intuí que el concepto puede aplicarse también al problema planteado al principio de esta página: cuanto más se empecina uno en buscar exclusivamente lo mejor para sí mismo, más lejos está de encontrarlo; por el contrario, no parece haber mejor camino para encontrar lo mejor para uno que buscar lo mejor para el otro y centrar en ello la atención y las fuerzas. Algunas reflexiones de tiempos más cercanos, de esas que podrían venir caratuladas con el título de “memento mori”, han fortalecido la intuición. “Existimos por aquellos de cuya sonrisa y bienestar depende plenamente nuestra propia dicha” dice Einstein, y creo que tiene razón. Al fin y al cabo, lo que cuenta es que nos ocupemos en la felicidad de los que caminan a nuestro lado en esta cosa curiosa e indescifrable que es la vida. Tal vez enfocarnos en ello posibilite incluso que se torne menos indescifrable. Tal vez preocuparnos angustiosamente por nosotros mismos no conduzca a otra cosa que a una angustiante perdición. Tal vez haya que confiar en que la ocupación por la sonrisa ajena es la mejor manera, y acaso la única, de alcanzar también la propia de modo auténtico.
Me frustra, y no poco, la conciencia de saber que a pesar de la intuición aún no he hecho mucho al respecto. Pero quizás sea al menos un comienzo, una luz de vela que habrá que cuidar y fortalecer. Quizás haya encontrado en esta paradoja el lógos que para mi existencia resulte poderosamente terapéutico.

Martín Susnik

Colores 
Sé fiel a tu vocación, pinta el mundo.
Desparrama por doquier un conocimiento violeta
y sonrisas amarillas.
Dibuja un sello rojo donde haya desprecio,
viste de escarlata la paciencia,
pinta de blanco la paz.

Que la mirada de la gente sea azul (*)
para que abran los ojos en lo invisible
y que el pincel anaranjado pinte abrazos
para que se multiplique la felicidad.

Si alguna vez te sorprende el dolor,
no te apresures, espera...
La tristeza puede enseñarte unas cuantas cosas,
no temas y abre tus alas de par en par.

Tu vuelo será más alto cuando vuelvas a ponerte de pie,
tendrás las fuerzas robustecidas para pintar el mundo.

La alegría de tus días se ensanchará
cuando participes a los demás todos tus colores.

Enciéndeles una vela en la caverna
cuando allí no haya belleza solar,
y aunque aquella se derrita con el tiempo,
será como una guía para los demás...
Será camino...

(*) “moder” que significa tanto “azul” en un estilo más antiguo, como “sabio” (modrost = sabiduría

Para leer la letra esn esloveno:
: http://www.povestutrip.blogspot.com.ar/2012/04/barve.html



lunes, 16 de julio de 2012

Logos – día (una palabra… a través…) P. Andrés Rambeaud

http://ellogosenelmundo.blogspot.com.ar/ (ilust. blog)




Esto parece ser una capciosa manera de escapar a la letra inicial al  tensionar el lenguaje. Pero no. A sabiendas quiero partir de la raíz del término para llegar al final del relato.
Durante estas semanas hemos escuchado casi minuto a minuto sobre la necesidad diá-logo entre las partes de la sociedad cuando los puentes parecen romperse a cada paso. Cada discurso, al mismo momento en que se pronuncia clamándolo, es la confirmación, a través de los gestos y el paisaje humano que lo rodea y le da su propio tenor, de que el mismo ha sido anulado. El diálogo parece ser también como la salud: se la invoca cuando  ya no está.
Convicción, firmeza, coherencia, poseer la verdad o ser poseído por ella, son términos que nos hablan de una razón que parece justificarse desde la frialdad de su apego a “lo racional”, lo que es de esta manera y no de otra, la justeza desapasionada de lo exacto. Sin embargo lo que parece olvidarse es que no existe una pura racionalidad impermeable a la afectividad o que camina a la par e indiferente a la misma. Si esto no fuera así, ¿qué razón hubieran tenido las lágrimas de Higgs a sus 83 años cuando descubrieron el Bosón del cual predijo su existencia cuarenta años antes? Toda nuestra razón se encuentra internamente influida por la afectividad, para bien o para mal. El mismo intento de una razón sin afectos es ya una razón “afectada”, que como todo mecanismo de negación, se cobra sus víctimas a la vuelta de la esquina, normalmente en zonas no tan iluminadas de la vida social, en callejones de complejos, conflictos personales, resentimientos, etc. Lugares de huída o bunkers de defensa.
Frente a este panorama nos encontramos con la oportunidad de estar con el otro, frente al otro, como diría Levinas, frente al rostro que se me revela como tal en su radical debilidad, y que como tal me interpela y con su razón y afecto se interrelaciona con la mía, a través de la palabra (diá-logo), una palabra a través del otro. Tengo algo que comunicar y el otro también tiene algo que decirme. Pero si de alguna manera no permito que su razón entre en la mía, solo nos queda la llamada sorda de una campana que busca por sí misma llamar a quienes se han ido y ya no quieren volver, que es una forma laica de recitar el himno de la caridad paulino: “ si me falta el amor… soy como una campana que retiñe, un címbalo que resuena”.
¿Hasta dónde la experiencia de dejar que la razón del otro, la palabra del otro se adentre en mi propia razón es posible sin que mis razones desaparezcan, sin que se me pueda tildar de flojo, de tranza, de comerciante de ideas, etc.?
Pienso que en el límite justo se abre el espacio de la creatividad, de una creatividad que es fiel a las convicciones personales, pero que se abre a recibir lo que hay de positivo en el otro. Sin adentrarnos en los temas que clásicamente se denominan como “intrínsecamente malos”, el espacio del diá-logo, del encuentro con el otro a través de una palabra que nos une y nos distingue, nos lleva a una nueva posición en la que ninguno de los dos quedó en el mismo lugar  del que se partió.
Ernesto Sábato decía que un buen libro es aquel que hace que al terminarlo, ya no seamos los mismos que cuando comenzamos a leerlo. Análogamente podemos decir que un buen diá-logo, es aquel que hace que cuando lo terminamos, ya no somos los mismos. Ninguno de los dos. Porque la palabra, por su fuerza intrínseca, ha producido una transformación. ¿Acaso no fue una palabra la que provocó la más grande de las transformaciones imaginables cuando de la nada dijo que seas, y vió luego que todo era muy bueno?

P. Andrés Rambeaud 

Lógica matemática (Federico Caivano)

Federico Caivano, Más allá de la forma, 2007




Como muestra la imagen de mi dibujo, se me hace difícil ver puras formas. La cuadrícula de la hoja se me aparece muy vacía y me llama a darle contenido, sentido y dirección, pues si cada cuadrado es una figura cerrada, encierra algo. Con este mismo espíritu, me llamó poderosamente la atención la siguiente ilustración de un razonamiento formalmente válido, que se encuentra en “Una introducción matemática a la lógica” de Herbert Enderton: 
“Los bórgovos se ponen fefos durante el brilgo.
Ahora es brilgo y esto es un bórgovo.
Por lo tanto, esto está fefo.

 De nuevo podemos reconocer que la tercera afirmación es consecuencia de las dos primeras, aun sin tener la menor idea de cómo se ve un bórgovo cuando se pone fefo.”

¿Cómo es que existen bórgovos y nadie me dijo? Más bien que el razonamiento es válido de cualquier manera, pero no me quiero quedar con eso. Tal vez a Enderton no le interese cómo se ven o si siquiera existen, pero a mí sí; mucho más que la validez del razonamiento. ¡Cuánto desdén hacia a los pobres bórgovos! Qué manera utilitarista de tratarlos.

Por todo esto, y porque, si bien la lógica matemática es muy útil para la programación que posibilita que esté usando el Word en este momento, yo no soy una máquina, propongo algunas interpretaciones posibles, no exigidas por mi razón sino expresadas por mi voluntad libre tomando sólo como base la forma del razonamiento y sus términos:

·         Lo primero a lo que me suena es a insectos gigantes que se hinchan cuando en primavera se abren las flores y maduran los frutos. (“Bórgovos” me suena a gorgojo, “fefo” a fofo y “brilgo” a brillo y por alguna razón a una flor.)
Estos bórgovos viven en un planeta a 2 billones y un sexto de años luz de nuestra querida Tierra. Están dotados de inteligencia racional y por lo tanto poseen un lenguaje. Hasta parece ser que cuando Enderton escribió estas palabras por primera vez, al mismo tiempo, de ese otro lado del universo, un bórgovo les explicaba a sus alumnos el mismo concepto pero con los exactos fonemas ‘hombre’, ‘mortal’ y ‘Sócrates’, con sus respectivas conectivas y cuantificadores para enunciar el razonamiento tan conocido por nosotros. Es de notar que los símbolos para cada expresión lógica son diferentes a los nuestros pero contienen una referencia básica a su condición de bórgovos, como los nuestros a nuestra condición de hombres. Un ejemplo es el condicional, que nosotros representamos con una flecha (--->) y ellos lo simbolizan con una antena (---o).

·         Pero también se me ocurre que pueden ser palabras que expresan conceptos de exo-biología (es decir, el estudio de seres vivientes extra-terrestres). Los bórgovos (nubes de vapor denso, racionales y libres) se ponen fefos (estado de excitación donde se hinchan y causan pequeñas descargas eléctricas para atraer –incluso magnéticamente- a otros de su especie) durante el brilgo (reproducción sexual sui generis donde dos o más nubes se juntan y precipitan sus “embriones” en forma líquida).

·         También se me ocurre que pueden ser una especie de espíritus que existen en un mundo paralelo que cuando estamos en ese estado entre el sueño y la vigilia (el brilgo), se cruzan a nuestra dimensión y expanden su horizonte de conocimientos tras participar en un grado cada vez mayor del inconsciente colectivo (afefamiento).


Sí, ya sé que esto no tiene que ver con la lógica matemática. Es la idea.


 Federico Caivano


domingo, 15 de julio de 2012

Locos (Guillermo Barber Soler)






Un beso invita a otro beso
                                  a pasearse

por el tibio terciopelo de tu cuello

que como un hogar me recibe

todo.


Una caricia y otra
   y otra un poquitito más

inauguran la danza del fuego,
  
el rito de vivirnos cuerpo

y perdernos, como niños,

en la apertura del amado,

en la sagrada inocencia
                   de volvernos
locos.


Guillermo Barber Soler

Límite (María Teresita Suriani)










¿Cuánto quieres que me condene?
Si con palabras es suficiente,
Atar y desatar, armar y desarmar
A mi antojo o al tuyo, al de ellos

¿Cuánto quieres que me condene?
Si mis actos hablaran por mí…
Pero no me dicen, no me revelan,
No me callan ni siquiera
¿Y qué dirían si pudieran?

¿Y si el pensamiento vuela lejos,
Sobre el mar, sobre la Tierra,
Si vuela lejos pero jamás franquea
El límite de mi pensamiento?

¿Cuánto quieres que me condene?
Si no me salgo, si no me puedo,
Ir de mí misma, desatar mi quiero, mi pienso
Si cuando me veo en el espejo,
Mientras más me miro menos me encuentro
Porque nada fuera de mí misma puede agotarme por entero


María Teresita Suriani

sábado, 14 de julio de 2012

Literatura (Lydia Zubizarreta)

Jorge Zubizarreta, Nieve



“Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?”
 J.L.Borges,  La Biblioteca de Babel








“Un cuento de invierno” es el título que da Shakespeare a uno de sus relatos.  Fue pensado para ser contado en familia junto al calor del hogar en invierno.  Muy distinta intención es la de “Nieve”, título de una novela cuyo drama se sitúa en Turquía. Este país sufre una situación social comparable a la del invierno asolado por la nieve. Su autor, Ohran Pamuk, periodista y novelista, fue merecedor del premio Nobel de literatura. Como lector, uno no queda fuera del drama sino que participa.  Así es la literatura: nos sumerge, nos invita a otras vivencias, a otros conocimientos y sentimientos.  Es una invitación no a la objetividad sino a la intimidad.  Intimidad con los personajes creados, con uno mismo y con el autor.  También con el amigo que nos ha acercado a tal o cual autor. 
  El mundo de la literatura siempre me entusiasmó.  En la casona del colegio donde cursé primaria, subiendo hasta el último piso por los escalones de madera angostos y hundidos, se llegaba a un ambiente aparte, silencioso, lleno de estantes con promesas: la biblioteca.  Cada dos o tres semanas yo retiraba uno o dos libros.  Incorporaba todo lo que leía. Iba creándome un mundo lleno de aventuras, tan verdadero como el cotidiano.
  Ya en secundaria, nuestro profesor de literatura, apasionado y fino crítico de los textos que estudiábamos, hizo el milagro de acercarnos a los clásicos y los románticos, y a los autores que, como Voltaire, usaban el lenguaje como un filo de espada.  M. Metzger actuaba, declamaba, y nos ponía a los alumnos a actuar.  Entrábamos en una especie de familiaridad con Molière, Racine, Corneille y Hugo. Me impresionó un poema de Baudelaire, “El albatros”, que describe el vuelo del poeta y su torpeza en tierra, “sus alas de gigante le impiden el andar”.
  Una amistad de adolescente favoreció mi acercamiento a la literatura. Carlos Supervielle vivía muy cerca de mi casa lo que facilitaba nuestros encuentros.  Solíamos caminar bajo el sol o la llovizna. Yo escuchaba mientras él me hablaba de sus lecturas.  Me acercaba sus libros para que yo los leyera.  Así conocí a Dostoievski y a Kafka, a St.Exupéry y me animé a “Las flores del mal” de Baudelaire.  Yo me dejaba influenciar por Carlos dejando mi gusto y criterio en segundo plano, conociendo mi ingenuidad y mi falta de conocimiento.  Cuando Carlos partió a Paris para seguir sus estudios no interrumpimos nuestra relación sino que la transformamos en epistolar.  Con regularidad llegaba ese sobre azul con la estampilla francesa.  Dentro estaban su letra, sus comentarios, sus pensamientos y alguna hoja de otoño del Bois de Boulogne.  Su forma de escribir era buena literatura. Yo contestaba sus cartas conciente de no tener el mismo don.  Después de unos años nuestro contacto epistolar fue silenciándose.  Guardé muy bien esas cartas, sabía que eran importantes.  Sentí mucho desprenderme de ellas, por consejo de mi madre, antes de mi casamiento.  Debí haber guardado ese registro de una amistad basada en el amor a la literatura.  Carlos tenía alma de poeta.  Me causó mucha pena su enfermedad y temprana muerte.  Era como el albatros, amplio y libre en vuelo e inestable en tierra.  Su abuelo, Julio Supervielle, de nacionalidad franco-uruguaya, fue uno de los grandes escritores del s.XX.  Autor de poemas y de relatos como “El hombre de las Pampas” y “La niña de alta mar”,  entre sus méritos está el de haber impulsado las Ediciones Gallimard colaborando en la  selección de autores. 
Mi familia siempre amó los libros y teníamos una buena biblioteca.  Libros en inglés, francés, alemán, y alguno que otro en castellano o portugués.  Algo así como aquello que Borges contaba de la biblioteca de su padre, que eran en su mayoría libros en inglés, por eso cuando leyó “El Quijote” en castellano pensó que era una mala traducción.  Ironías de Borges. 
La literatura es universal en el más amplio sentido del término.  Podemos estar leyendo el I Ching, o a Omar Khayyam, Walt Whitman, San Agustín, San Juan de la Cruz o Sor Juana Inés de la Cruz.  Los novelistas de América Latina o Joseph Conrad, José Hernández,  Goethe o Dante.  Lo muy cercano también es valioso, lo sé pues tengo amigos escritores.  Sus libros revelan lo que su presencia no deja ver.  Pueden ser fantasías como en “Foto de Familia” de Mariam Alizade o un testimonio como el de un sacerdote en Neuquén, junto al Obispo Jaime de Nevares y a otros sacerdotes, en tiempos difíciles. 
El ser humano se expresa a través del lenguaje.  De ahí la pregunta del escritor: “tú que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?” 


Lydia Zubizarreta
Quila Quina



Libertad (Marcela Lopez)




El fin de semana pasado, junté valor y decidí poner un poco de orden en el altillo de casa y aprovechar para sacar un poco de tierra, tirar todo lo posible y aunque todavía no lo puedo creer, algo logré.
Pero en medio del revoltijo de cosas inservibles, recuerdos, "adherencias" de las que me cuesta desprenderme (como carpetas de jardín de los chicos), y etc. etc., encontré, olvidada en un rincón, una carpeta donde solía escribir en mi adolescencia.
Por aquellas lejanas épocas (30 o 35 años atrás), tenía delirios de escritora o poeta, así  que no puedo creer que algo de eso se salvó de la quemazón o la basura.
 Y doy gracias, porque me resultó interesante y divertido lo que leí.
Fue como zambullirme en los pensamientos y sentimientos de una chiquilina de 16 o 18 años, y redescubrir cómo sentía y reaccionaba esa adolescente, bastante rebelde, hace tantos años.
Así que decidí compartir con Uds  algunos de eso divagues míos tan añejos.
El tema es la libertad.  Sinceramente no me acuerdo que freno me pusieron, ni porque, ni a que, pero es obvio que me sentía un poco ahogada.
Así que aquí va, para que se diviertan un poco con cosas de antes, o quizás sirve para un estudio psicológico comparativo, de reacciones adolescentes de dos siglos (ja ja).


LIBERTAD

Quiero que mi mundo comprenda,
que anhelo, necesito vivir mi momento,
aunque parezcan inventos
las risas, los sueños
y aún los lamentos,
que aturden mis días,
que ocupan mi mente.

Déjenme que ría, que vuele
y construya mis eternos castillos
azules e inalcanzables,
que disfrace de pequeñas locuras mis horas,
pues aunque no lo parezca
la realidad vive en mi,
está incrustada en mi piel,
echó raíces en mis sentidos.

No teman tampoco por mí,
no piensen en mi futuro,
tan sólo les pido:
permítanme saborear, palpar
y vivir éstos, mis instantes
aturdidos de ansias y fantasías,
de ideales y alegrías,
ficticias o reales.

Necesito aprovechar mi ahora,
lleno del empuje y los proyectos
que lo caracterizan y lo ahogan.
Recuerden que es mi tiempo,
mi vida del momento,
mi libertad lo que les pido.

Soy también consciente,
 que mi meta continúa es el mañana,
pero...déjenme!!!! Yo sé todo eso,
yo viviré los hoy cada día,
y a los mañana, los planearé y vestiré
 de sueños y realidades cada día.
No pretendan que vea la noche,
cuando para mi,
aún sigue en lo más alto el sol.

!!Soy yo, es mi vida!!
Gracias por pensar en mi,
pero voy a vivirla así,
porque así la siento, así la entiendo,
aunque algunos crean que me engaño
al pintar los dolores y las desilusiones,
con mezclas de mil colores
y dibujos de flores e ilusiones.
Tan solo les pido:
¡¡¡Déjenme creer, déjenme ser,
aunque una, mil veces,
deba caer!!!


                                                                                                                            Marcela Lopez

viernes, 13 de julio de 2012

Libertad (Maximiliano Hünicken Segura)

El hombre rata habitando la cárcel de Dostoievski, Max Hünicken




En frondosos laberintos de miseria
Se encuentra la opción
De aquel hombre,
Mitad rata, mitad nausea,
Su vida se desplaza con lentitud
Y su ilusión se reduce
A esclavitud.


De aquella sumisa aceptación
Que se describe con impaciencia,
Porque no soporta el dolor,
No tanto el físico,
Sino más bien el que provoca la angustia.


La decisión cobra vida
En la medida en que resuelve dar pasos
Hacia el depósito, hacia el subterfugio,
Quiere alejarse de la vida circundante
Quiere morir eligiendo su arte.


Un arte propicio a un nuevo aire
Que oxigene la cerrazón de sus nimiedades,
Una libertad con sabor a sentido,
Con el color del suspiro.


Este hombre particular duerme con su delirio
Siente con su latido,
Piensa con su ansiedad,
Y vive condenado a distinguir;
El mal de vez en cuando lo invita
Y su pulsión de muerte lo envidia.


¡Cuántas maneras de herir tiene la opción!
Será que libres estamos en este atajo
Y esclavos sucumbimos,
Cuando aferrados a la vida
Nos sentimos
Y sin saber de la libertad
Con ella nos elegimos.

Maximiliano Hünicken Segura

Leyes (Marcelo Gobbi)


 Foto, M. Gobbi


Como se sabe, hemos tenido que lamentar muchas tragedias debido a que hay gente que se comporta de manera temeraria frente a los ascensores, y todo a causa de su ansiedad (la ansiedad de la gente, no la de los ascensores).
Me refiero a la costumbre de arrojarse hacia adelante apenas se abre la puerta presumiendo confiadamente la presencia de un ascensor; o de un descensor, según haya sido el propósito del pasajero al pulsar el botón de llamada del artefacto. Ocurre que del otro lado suele estar sólo el vacío, que junto con la ley de la gravedad forman un dúo algo peligroso para los imprudentes (dejo a los filósofos del grupo la resolución de la paradoja sobre si el vacío puede estar, algo que supera a quien sólo fatigó los pasillos de una mediocre facultad sudamericana de Derecho).
Para cuidar a la población de esos peligros tan frecuentes, los concejales de San Pablo han dictado una ley que generó la obligación de colocar cartelitos en los palieres y de hacerles el mantenimiento, y que seguramente empleará a cientos de inspectores que se ocuparán de verificar que el aviso siga en su sitio al lado de cada ascensor en cada piso de cada una de las muchísimas y gigantescas torres de esa ciudad inacabable. Dicen esos cartelitos: Aviso aos passageiros. Antes de entrar no elevador, verifique se o mesmo encontra-se neste andar. Ley 12.722 válida para todo o Municipio de São Paulo.
Inspirados en los principios del Derecho Paulista de los Ascensores hay funcionarios que ya están pensando en continuar ejerciendo su infatigable misión de cuidar a la gente boba con otras leyes que contengan consejos no menos trascendentes: “antes de retirar la pizza del horno asegúrese de protegerse con algo que intermedie entre el calor de la fuente y sus manos”, “antes de evacuar su intestino asegúrese de haberse bajado los pantalones”, “antes de casarse, asegúrese de que su novia no sea una loca de atar o, si lo es, al menos de que encima no sea pobre”.

 Marcelo Gobbi

jueves, 12 de julio de 2012

Ley (Nicolás Balero Reche)


Amadeo Modigliani, Mujer Gitana con bebé, 1919
http://es-la.facebook.com/note.php?note_id=205838266128070


Muchachos, este el caso que tienen que analizar: en pocas palabras es una nena de 15 años que está en su sexto mes de embarazo y quiere hacerse un aborto. El embarazo es consecuencia de una serie repetida de violaciones por parte del padre. Averigüen si puede realizarse el aborto o no según nuestra ley. Dijo aquél profesor de Derecho Penal mientras concluía su clase. Aquellos alumnos de derecho se llevaron el trabajo a sus casas como si fuera cualquier trabajo más, y esa tarde comenzaron a analizarlo.
Después de poner sus cosas sobre la mesa, y de la charla sobre mujeres que duró media hora, comenzaron a analizar el caso. Uno dijo: - La mina se puede hacer el aborto tranquilamente, entra en un caso de aborto no punible. Mirá lo que dice el inciso b del artículo 86: “si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente”. Ahí ta, fue una violación, se puede hacer un aborto. Otro alegó: Pero habla sobre la violación a la chica “idiota o demente”, no sobre cualquier violación, no viste que habla de esto “o” lo otro, sin ninguna coma.
¡No locura!, respondió otro, desde el fallo de la Corte se interpreta que son dos casos distintos: una violación por un lado, y el acto de pudor por otro. Cualquier chica violada se puede hacer el aborto presentando una declaración de que fue violada y leeesto.
Pará, pará Cristian, todo bien, pero la Corte no puede interpretar una ley para un caso particular y que esa interpretación sea ley para todos, eso le corresponde al Poder Legislativo, la Corte interpreta  un caso particular. Además, cómo embarazas a una chica con un “atentado al pudor”. O sea, pobre mina, imaginate que para embarazarse por violación seguramente que tiene que ser recurrente esa violación. Si vos le hacés el aborto así como si nada, va a volver a su casa y el tipo la va a seguir violando.
Sobresaltado, como si hubiera encontrado la solución al asunto, habló Juan: Igual, nos hacemos mucho problema por el inciso 2º pero mirá el 1º: “si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios”. Ya está: la mina se puede hacer el aborto porque peligra su salud, imaginate el marote que debe tener en la cabeza esa chica esperando un hijo que es a la vez su hermanastro. ¿Qué es la salud? Se puede hablar de salud psíquica por ejemplo.
El integrante del grupo que aún no había hablado y que había estado con una mirada penetrante todo este tiempo escuchando a sus compañeros, por fin se animó a decir: ¿Qué estamos discutiendo? Acaso una ley escrita cambia el hecho de que un aborto pueda o no realizarse. Hay una vida en juego, ni siquiera una, dos. Hay una ley más poderosa que la escrita, y que está antes; y que no cambia según la conveniencia o la época. Hay que cuidar a la madre violada y hay que cuidar al pequeño que también está vivo en el seno materno. Hablamos de palabras, de sutilezas, de leyes: pero hay algo que se nos impone antes que esto: la realidad y la dignidad de la persona. Después de decir esto se fue de allí. Parece que aquél alumno de derecho dejó la carrera y comenzó a estudiar Filosofía, para comprender la ley que está más allá de un código, la ley de la moral.



Nicolás Balero Reche



Lejanías (Jorge Oscar Marticorena)

"Camino a Santiago de Compostela", fotógrafo: La mirada del Angel.
http://lorenzolh.blogia.com/2011/061101-camino-de-santiago.php (Ilust.blog)





Las lejanías me seducen.
Prometen misterios para develar, desafíos para afrontar.
Amenazan con la necesidad de mirar a los ojos a emociones profundas, primarias, de esas que tienen que ver con instintos básicos.
El instinto de vida y el amor a la vida. El instinto de muerte y el terror a la muerte.
En mi tiempo de internarme en lejanías fui eligiendo algunas. A veces desafíos modestos, a veces magníficos y riesgosos.
En un anochecer en Sierra de la Ventana, regresábamos siguiendo unos profundos y solitarios cañadones.  Habíamos intentado una escalada en una pared de ese cañadón. Escalada que, en la posición que había elegido de primero de cordada, me llevó al límite. Al límite de mi fuerza, de mi equilibrio, de mi resistencia psíquica.
Descansando luego a la luz de una luna que aparecía, les comenté a los compañeros que yo había nacido muy tarde, porque ya había terminado la época de las grandes exploraciones, de esos locos que se lanzaron a explorar América, que remontaron ríos inmensos como el Orinoco, el Amazonas o el Paraná, que se atrevieron a penetrar los valles andinos, a buscar las fuentes del Nilo o mitos absurdos como la Ciudad de los Césares. A circundar el planeta. Ya no quedaban grandes ríos, extensos territorios, misteriosos continentes por descubrir.
Y de pronto, mirando la franja de cielo nocturno enmarcada en las paredes del estrecho valle por el que murmuraba el arroyo, comprendí que, posiblemente, había nacido en la época justa. Años atrás, una medicina recién descubierta me salvó la vida. En la época de las grandes exploraciones, yo hubiera muerto a los siete años.
El tiempo fue depositando sus arenas sobre esa comprensión.
Recordé deudas que eran deberes, asumí obligaciones que pensé ineludibles. Guardé en los rincones oscuros de los olvidos mis lágrimas de adiós a esas experiencias.
Dejé de interrogar a los mundos lejanos y me dediqué a responder a preguntas y necesidades tan cercanas que parecían mías. Pero siempre, como en los paisajes de fondo de los pintores renacentistas, aparecía lo que está más allá y sentía esa vieja seducción.
Así que fui retomando la costumbre de alzar los ojos y mirar más lejos. Y encontré caminos, maneras de permitirme pausas, de apartar las urgencias y encontrar  sendas más esenciales. Un poco, solo un poco más sabias.
Y un día volví a interrogar las lejanías de mi juventud más temprana. Y no con la mente. Con el cuerpo y con el alma. Renovando las ansias, formas, y métodos. Hasta las triquiñuelas que siempre hacen falta.
Hoy, retomo y ofrezco un amable consejo nada menos que del Rey Alfonso X El Sabio, porque pienso que también es un sagaz camino para alcanzar lejanías:

Quemad viejos leños
Bebed viejos vinos
Leed viejos libros
Tened viejos amigos





30 de Junio 2012. En casa, pensando en  la próxima partida.



Jorge Oscar Marticorena