viernes, 19 de julio de 2013

Vuelo (Lydia Zubizarreta)

http://garzamorasanisidro.blogspot.com.ar/2011/08/sobre-la-garza-mora.html




Sólo puedo decir que esa laguna inmensa con aquel cielo casi infinito me impresionó tanto como las aves que ahí volaban.  Eran las últimas horas de una tarde calma, con un cielo estático, tormentoso.  Si se miraba hacia el sur el color era plano e intenso, entre gris y azul.  Hacia el norte las nubes de formas barrocas dejaban pasar la luz clara, amarillenta.  Los sonidos, tenues, eran de cantos de pájaros, de alguna rama movida o de una zambullida y los círculos en el agua.
En el Iberá la naturaleza vive como en los tiempos primitivos.  Nada hace sospechar la presencia de nuestro siglo: máquinas y motores, multitudes y música electrónica. Se siente la paz primordial.  La línea de flotación divide el mundo en dos.  Los jacarés, lentos, parecen querer estar tanto en el de arriba como en el de abajo.
En la orilla están los ciervos comiendo.  Es el ciervo más grande de América.  Se ven carpinchos por donde se mire.  Algunos, nadando, van y vienen entre los jacarés.  A dos pasos de ahí el Chajá llama a su compañero, quiere abandonar el nido para ir en busca de comida.  Más allá dos Chajás, uno mirando a la izquierda el otro a la derecha, en perfecta simetría, parecen un elemento de art nouveau.  En aquella rama dos aves, un Martín Pescador y una Garza Mora, que a pesar de sus diferencias coinciden en el punto de observación.  Las Garcitas Blancas vuelan sin parar, aprovechan la vastedad del espacio.  Una Garza Blanca acaba de aterrizar y está parada en una sola pata.   
El momento es maravilloso.  No es sólo la belleza.  Es que se está dentro de la gran obra de la creación y su diversidad.  
Esa noche mientras recordaba el momento mágico me sorprende el sonido de un aleteo sobre mi cabeza.  Pienso en algún pájaro que se posó en el techo y toma vuelo.  Imagino las blancas alas de una cigüeña o de una garza.  Pero no, el vuelo no se produce afuera, sino en la habitación cerrada.  ¡Es un negro murciélago dando giros!   Otra vez la creación y su diversidad.  El razonamiento no alcanza: el miedo es más fuerte.  Salgo volando a pedir ayuda.  No podría haberme sentido más ridícula, ni más fuera de lugar.  ¿Es que no hago parte de la cadena ecológica?



Lydia Zubizarreta



jueves, 18 de julio de 2013

Voz (Ignacio Leonetti)




Casa de Sandro en Banfield




  No necesito aclarar a esta altura del blog que soy un nostálgico. Bueno, aquí envío otro aporte con estas características para compartir con los amigos del Taller.
  Pensé en ilustrar a la V con Voz y una particular resonancia vivencial que me ha tocado vivir a principios de 2010.
  Y esa experiencia fue la despedida –parcial- del barrio de toda mi vida: Banfield (¡que es con B!) Y fíjense, ¡qué condiciones!

   Viví hasta comenzados mis 30 años a cinco cuadras de la casa de la foto. La casa de Sandro, uno de los más ilustres vecinos del barrio. Desde ese inusual paredón un poco “farandulero”, todos nos sentimos acompañados y honrados de tan grata presencia. Prácticamente toda la vida famosa, el cantante la vivió allí. Las misteriosas y silenciosas piedritas lo ocultaron igual que Elvis en Graceland.
  Sandro partió ni bien comenzó el 2010. Y Banfield fue el epicentro de la Argentina por unos días.
  Curiosamente… nuestro club se había coronado campeón de fútbol por primera vez en su historia menos de un mes antes.
  En mi familia teníamos una abuela que también preparaba su partida y que alcanzó a conocer la noticia deportiva por mi boca, con mi voz. Algunos parientes suyos (y míos) habían jugado fútbol allí.
  Yo me mudaba.
 
  En ese verano se me fue un “cacho” de vida.




Ignacio Leonetti

Volando (Joaquín Cuevillas)






Voy a contarles algo que me pasó alguna vez o, al menos, creo que me pasó.
Yo era chico, todavía estaba en la primaria, y esa mañana, como todas las demás, mi papá me llevó al colegio. Él nos dejaba, a mis hermanos y a mí, antes de ir a trabajar y, como trabajaba lejos, nos dejaba muy  temprano. Siempre éramos los primeros en entrar al colegio y nos quedábamos en el patio esperando un buen rato hasta que lleguen los demás chicos. Esa vez mis hermanos no habían ido y yo estaba solo en el patio. Caminaba hacia el lugar donde los chicos de mi clase se solían juntar para después entrar al aula, cuando de repente un pajarito viene volando y se para en mi espalda. En ese instante quedé petrificado por la sorpresa ¡Tenia un pájaro, un gorrión, entre la mochila y el cuello, cómo no sorprenderse!
Estuve un rato quieto en el medio del patio, arqueado hacia adelante, sin saber bien qué hacer. Quería que alguien me viera y me dijese que lo que estaba pasando era cierto, que se entusiasme conmigo por el hecho rarísimo de que un pajarito se haya parado en mi espalda. Pero no había nadie cerca. Empecé a pensar entonces cómo se lo contaría a mis compañeros, cómo se admirarían. Imaginé también que, si me quedaba muy quieto, quizás el pajarito se quedase en mi espalda hasta que alguien llegue o para siempre. Mi imaginación volaba surcando las miles de posibilidades  que me abría este suceso inesperado.
El pajarito, a pesar mío, volando vino y volando se fue. Seguramente, no lo tuve sobre mí más que unos segundos, pero me dejó una profunda impresión.
Este es uno de esos recuerdos de la infancia que guardé siempre como algo precioso, increíble, como algo muy mío, pero que siempre quise compartir, aunque no lo haya hecho. Se lo conté solo a una persona, un compañero de clase. Cuando se lo dije no se rió ni se burló, tan solo me miro con desconfianza, sin darle ninguna importancia a lo que le decía. Desde entonces lo guardé para mí y se fue transformando poco a poco en una imagen, en una impresión que no sé si viví o soñé, en un vago sentimiento de incertidumbre.
Quizás de tanto guardar los recuerdos para uno mismo, por miedo, principalmente, a la incomprensión ajena, terminamos perdiéndolos en la multitud de nuevas vivencias que adquirimos día a día. Cuando los compartimos se renuevan y se llenan de la vida que el tiempo le arrebata.



Joaquín Cuevillas


miércoles, 17 de julio de 2013

Vivir los viernes (Nicolás Balero Reche)







¡Lunes! Qué lejos está el viernes. Luego llega el martes y el miércoles… son los días fuertes, los del medio, esos días que te dan fuerza para llegar al viernes y donde verdaderamente se trabaja o estudia. En el jueves ya se empieza a sentir el olorcito a viernes, la sensación de ansiedad, la aspiración incontrolable de poder llegar al fin al viernes luego de una semana de arduo compromiso y responsabilidad. La noche de jueves te va predisponiendo: dormir un poquito menos no importa tanto, total llega el viernes y se puede descansar, se puede al fin uno relajar.
Y llega el gran día, el san viernes, aquél día que no puede amanecer nublado o con lluvia; aquél día light, en el que no se labura tanto, aquél día en que se puede ir uno un poquito más temprano de lo habitual, aquél día que no importa qué tan cansado estés, total a la noche se puede dormir un poco más (aunque en el fondo no se duerme porque aprovecha uno para acostarse tarde). Llega aquél principio de fin de semana que te da licencia para cualquier cosa ya que mañana es sábado. Y que placer te da el viernes… aunque pasa rápido. Llega el sábado. Ese día glorioso en el que no hay nada de responsabilidad (salvo en épocas de finales) donde se establecen aquellas actividades lúdicas, placenteras, libres y optativas. El domingo… es la pachorra. La familia, los amigos, el mate, la siesta.
Y otra vez, vuelve a empezar esa rueda cíclica que no termina nunca y nos acompaña hasta el final de nuestros días. Esa rueda semanal que no se bien quién nos impuso. Pero vivimos inmersos en ese sistema y nadie lo cuestiona, salvo aquél Señor Quilmes cuando tiró la idea del Osvaldo, pero no prosperó. La semana te marca: “cumplo el lunes”; “¡buuu qué embole! No te dan ganas de festejarlo, ¿no?”. “Che ¿hacemos el fútbol?” “El jueves, el mejor día”. Los shopping están llenos los sábados, las Iglesias los domingos. El feriado tiene que ser lunes o viernes, o jueves y martes si lo declaran puente. ¿El asado? ¡Los domingos! ¿El 2x1 en el cine? ¡Los miércoles! ¿El fútbol del ascenso? ¡Los sábados! ¿El de primera? Y si.., el domingo con el asadito. ¿Día de la mala suerte? 13, pero ¡martes!
Pero ¿por qué esta necesidad de prejuzgar los días?… como si el sSol hiciera distinción en cómo va a iluminar si es un martes o un sábado. Como si la lluvia mojara más un lunes. Como si la luna fuera más grande el sábado. Como si el viernes tuviera algo esencialmente distinto a cualquier otro movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Como si los astros se alinearan, las personas fueran distintas, las actitudes diferentes, el humor mejorado, la psicología equivocada y el aire más puro según el día de la semana.
Por qué no disfrutar cada nuevo día, como si fuera el último. Cada lugar que se visitó, cada persona que se cruzó, cada actividad que se realizó, cada momento que pasó en el camino de vivir.
Si vivo esperando el viernes… en definitiva vivo esperando, es decir, no vivo, no supero la angustia de tener la necesidad de elegir mi vida. ¿Cuándo llegará? Ya llegó. El camino está siendo caminado.  ¿Por qué esperar el viernes, si se puede empezar a vivir hoy?


Nico  Balero Reche


Vivir (Mateo Santillán)


http://elcaminanteysusombrabluesman.blogspot.com.ar/2011/04/valedores-del-aparato.html (Ilust. blog)




Que tus cansados pies puedan hoy refrescarse en el fino rocío del pasto sobre el que reposan. Que sonría tu cara con la suave caricia del sol de la mañana. Que tus ojos puedan hablarte de la luz, que tan bien conocen a pesar de ser incapaces de verla, gracias al reflejo perfecto e incompleto de los objetos que ella toca. Que la fresca brisa de hoy renueve tu entorno y suavemente recorra tu cuerpo, refrescándolo para el nuevo día que comienza. Que tu mano pueda contarte que mi mano la acompaña. Y que tu alma se asiente donde tu cuerpo se encuentra, colmando así el momento con tu presencia real a mi lado. Recién ahí, y sin soltarte de mi mano, puedo dejar que des el primer paso hacia adelante.



Mateo  Santillán

Viva (María Echevarría)








Lo primero que sintió fue la oscuridad. Es raro, antes tampoco veía nada, estuvo años sin ver nada, pero ahora veía oscuridad, densa, impenetrable, pero la veía, la percibía, casi la palpaba. Luego de la oscuridad sintió el frío, se le clavaba en el pecho un puñal de aire helado. La dejaba sin aliento, pero al menos lo sentía. Sentía.

Después vino el dolor.

Y si todo ese tiempo creyó haber estado muerta, entendía que era ahora que estaba muriendo. Ese dolor que la desgarraba no podía ser otra cosa que la mismísima muerte arrancándola de donde sea que hubiera estado aletargada tantos siglos. Era como si sus propios huesos estuvieran recubiertos de espinas y púas, destrozando desde dentro músculos, nervios y piel. Era una agonía interminable.

Pero no estaba muriendo. Al poco tiempo el dolor fue cediendo, junto con la oscuridad, el frío y el silencio, y empezó a sentir voces, muy a lo lejos, casi inaudibles, pero sin duda eran voces humanas. Estaba intentando distinguir qué decían aquellas voces cuando se dio cuenta de que ya no tenía frío. Ese dolor que la torturaba hacía unos instantes ahora era una tibieza esparciéndose por cada célula de su cuerpo. Luego vio en el fondo de aquella habitación una claridad, muy pequeña al principio, pero que se fue definiendo a medida que sus ojos se acostumbraron a la luz. Había una puerta. De ahí venían las voces, la luz, incluso algo de música, y se dio cuenta de que no había muerto. Al contrario, después de muchos siglos de frío, dolor y ausencia, ahora estaba viva. Decidió que no se lo iba a perder y, todavía un poco entumecida y a los tumbos, caminó torpemente hacia la puerta y salió de su sepulcro.



María Echevarría

martes, 16 de julio de 2013

Visión de infinito (María Teresita Suriani)



"Hold me like a mother would, like I've always known somebody should, 
Although tomorrow it don`t look that good"



Conectar. De eso se trata Antes del Amanecer. De ese puente tambaleante entre dos personas que rara vez se tiende. 
La genuinidad casi completa, el sueño tan deseado de todos. Cuando se genera ese espacio en el medio, como dice Celine, ese espacio entre dos tratando de compartir algo, allí reside la magia. 
El sinsabor de todos los días, la mediocridad emocional de la que habla McCarthy en el tema que cierra la película, se interrumpe con una conversación entre dos almas. Cuando las palabras no son excusas para tocarnos verbalmente sino que brotan de adentro y tratan de revelarnos. Porque cada palabra que se dicen Jesse y Celine es un salto al vacío, construyendo ese puente, esa rara conexión.
Y ¿por qué nos emociona tanto esa conexión? Porque la regla es atravesarse o ir por arriba. Y en esto no soy pesimista, no me refiero a los vínculos familiares y de amistad, que bien pueden ser verdaderos, lo sé. Sino que estamos hablando del amor romántico. Sí. La regla ahí, en el chamuyo, en la salida descontrolada,  el recién conocerse es atravesar, enmascarar, ser otros. Como dice esa canción de U2: "They past right through you like a ghost. They look for you but your spirit is in the air. Baby, you're nowhere"
Y cuando no te atraviesan con la mirada buscándote donde no estás, no basta con las buenas intenciones para llenar ese vacío de no-comprensión. Hace falta un otro único e increíble, la pieza del rompecabezas, para conectar a ese nivel. Las probabilidades pueden ser de uno en un millón. 
La ingenuidad de Antes del amanecer está en creer que esa conexión se va a dar muchas veces en la vida en vez de aferrarse con todo a algo que no es muy probable que se repita. 
La escena en que Jesse y Celine están en la cabina escuchando 'Come here' es para mí la representación de la cercanía de dos personas que pueden pararse uno al lado del otro a escuchar juntos 'There`s a wind that blows in from the north and it says that loving takes this course...' sin tocarse, pero tensando cada músculo para sentir al otro. 
Porque la historia me hace pensar en mirar por una rendija directo al alma del otro, al infinito. Y la música y ciertas imágenes también tienen esa capacidad de hacernos ver algo que parece inaccesible. Algo se perfora, y lo que encontramos detrás sólo se vive de vez en cuando, la repetición lo rompería.
Las relaciones están en crear esos espacios de revelación del otro, esos puentes (y volvemos a los puentes...), ese lugar donde algo puede romperse, donde somos frágiles, pero en  donde más quisiéramos estar, a pesar de la vulnerabilidad. 

Cuando perforo algo es cuando en una conversación se palpita algo genuino. Un reloj que hace tic tac, un ruido, un tren que pasa.
Cuando hay un fragmento de mí que se refleja en otro como en un espejo.
Un pedazo de mí que quedó en vos, un infinito en otro infinito.
Una visión que nos permite creer que no siempre estamos tan solos.






Teresita Suriani

Visión Cusana del Movimiento (Maximiliano Hünicken Segura)


Platón y Nicolás de Cusa: Más allá del movimiento. Max Hünicken




De aquella Prístina coincidencia, hemos de vislumbrar, anhelando el pasivo reposo de la quietud. Los opuestos se atraen, y con ello se desdibujan las certezas mundanas de la razón. Henos con la menesterosidad de aquella coincidencia de polos. Unos aguijonean en el centro, otros en la periferia de una Docta Ignorancia. La coincidencia de los contrarios actúa como la neurona espejo de un Único pensamiento: has de imitar para la empatía, lo humano de tu movimiento se une al descanso de tu discernimiento: “El conocimiento humano es un proceso de unificación, que parte de las imágenes sensibles, que se unifican en los conceptos, relacionados mediante juicios y sintetizados en principios”(*)  Ahora bien, como sea el espejo de aquel principio gnoseológico, sabiendo de la filosofía que impera, y buscando en las proximidades de la naturaleza, las respuestas. El espejo de todo acontecer yace en los límites cusanos de su entendimiento. No por capricho, aquella maravillosa coincidencia, es la trayectoria mental de un contrario y su espejo. La tradición Platónica es testigo de aquellas ilustrativas correspondencias entre los distintos autores que la abarcan, y la representan: “Hay un profundo acuerdo entre San Buenaventura y Nicolás de Cusa, acerca de dos principios. Primero, la imagen  depende  totalmente  y ontológicamente del ejemplar. Segundo, se encuentra en la imagen una expresión del ejemplar” (**).  Y así de este modo, el Cusano nos ejercita, un poco con la originalidad de quien  sea considerado por muchos, como el verdadero padre de la modernidad, más allá de todo atisbo de transición, más allá de toda fútil coincidencia. No obstante, el espejo de todo conocimiento será un ennoblecedor recuerdo platónico, de un eterno movimiento: Recordamos los dos círculos geométricos que Nicolás de Cusa toma de la imagen de la punta que gira, como representaciones para el movimiento y el descanso, y por lo tanto capaz de explicar ambas entidades siendo uno en cada uno de ellos inseparable. Encontramos además estos círculos diferentes en el pasaje de las “Leyes”, donde Platón hace hincapié en la conexión entre los distintos círculos de la punta giratoria. Él pone énfasis en las diferencias en el tamaño referido a dichos círculos, mientras que Nicolás de Cusa no lo advierte de ese modo. Platón entiende que aquellos círculos se mueven más rápidos y más lentos debido a sus diferencias de tamaño, situando el descanso en el centro de la punta o cima. De esta manera, Platón toma el absoluto – Uno o el centro de los círculos como descanso, donde el movimiento solamente es el Eikon/Imago. El movimiento está siempre enfocado desde el punto de vista del descanso. Nicolás de Cusa no incluye el centro del Círculo en estas consideraciones de descanso y movimiento, pero sitúa ambos en distintos círculos.  Es notable el esfuerzo y la originalidad para pensar en el descanso y el movimiento como unido y no dividido de la manera epistemológica. De alguna manera el descanso es la medida a través de la cual se puede medir el movimiento.


Maximiliano Hünicken Segura


(*) Guerrero, Rafael, Ramón, ¿Docta Ignorancia  en el Neoplatonismo Árabe?, Apud: El Problema del Conocimiento   en Nicolás de Cusa, Buenos Aires, Biblos, 2005, p. 69.)
(**) Casarella, Washington, Peter, La Productividad de la Imagen en San Buenaventura y Nicolás de Cusa, Apud: El Problema del Conocimiento en Nicolás de Cusa, Buenos Aires, Biblos, 2005, p. 65

lunes, 15 de julio de 2013

Visceral (Guadalupe Wimpfheimer)






Apabullan los relámpagos del fuego
enjaulado
de la calma ventrícula
furiosa
que gime sinsentidos y
baila las rabias del demonio
intestino.

¡Ah! materia flagelante
acéfalo delirio
Bébe la armonía del azote
la delicia de los clavos rezonar
del gozo más rabioso
y exquisito manjar
de la locura del amor.




Guadalupe Wimpfheimer


Violeta (Clemencia Campos)








¿Qué hay de un día violeta? Violeta, decime, ¿de qué color sos? ¿de qué color te vistes hoy?
Un violeta más que violeta. Un violeta menos que violeta. No quiero descubrirte, porque en el intento quizá te desvioletice, aunque tanto te valoro que quisiera saber más de vos.
¡Ay violeta! Cuánta tristeza me regalas, pero qué lindas flores son las violetas.
Violeta… ¿Por qué te me escondes?
Hay días que no te encuentro.
Escapate del negro, no de mí.
A mí, tu amarillo amigo, y al verde nos encanta tenerte cerca.
Violeta, violeta mía… ¿por qué hoy me llamas a pensarte?
Estoy vestida toda de violeta: remera violeta, zapatos violetas, sombrero, y hasta uñas violetas, pero me dicen amarillo.
Cuánto quisiera tener ojos violetas.

Cuán triste este día lluvioso que me trajo a ti, Violeta.



Clemencia Campos


domingo, 14 de julio de 2013

Violencia (Estanislao Zuzek)



http://www.dnaindia.com/world/1837481/report-mahatma-gandhi-s-blood-to-be-auctioned-in-london-on-tuesday




De entre las varias acepciones de esta palabra la que más está difundida es la relacionada con acciones forzadas, bajo coacción, impuestas por otros… para someter, explotar e incluso eliminar vidas. Es lo diametralmente opuesto al transcurrir natural – fruto de la libre voluntad de las personas y del respeto del prójimo como ser libre,  actuando según su conciencia. Los procesos naturales conducen hacia lo que uno debe ser – por naturaleza, valga la redundancia – de manera armoniosa y en tiempo debido.

      Según el relato bíblico, la violencia ya se había instalado en la primer familia y se concretó, luego, en el primer crimen y fratricidio de la humanidad, al matar Caín a su hermano Abel - por celos y envidia. Cuenta, además, la Biblia que luego toda la descendencia de Caín  - los cainitas – cobró fama de violenta y terminó siendo fuente de numerosísimas desgracias y tragedias en ese mundo originario. Según parece, la violencia trascendió en tiempo a la estirpe cainita y se naturalizó en la historia de la humanidad – tanto, que esta última suele ser contada según el hilo conductor de guerras, conquistas, avasallamientos, esclavitudes, exterminios… hasta nuestros días en que, incluso, la estamos endiosando bajo muy distintas formas e ideologías.

     Ante todo, se pretende quitarle vigencia a lo natural y fundamental en el ser humano que es el ansia por la verdad. En razón de ello a esta última se la cuestiona sistemáticamente o, lisa y llanamente, se le quita entidad, valor y trascendencia. En su lugar, “la verdad” es ofrecida por las varias ideologías en boga, cambiantes según las circunstancias, mediante apariencias, engaños, mentiras, sofismas o directamente por adoctrinamiento impuesto. Obviamente, se trata de “liberar” de Dios al Hombre. Y sabemos que ello conlleva la deshumanización del Hombre – cosificándolo. Lo que, a mi parecer, es la máxima violencia moral posible – la supresión de su dignidad. En el retablo de la Humanidad, el drama actual: Deshumanizantes y Deshumanizados – que alguna vez fueron Personas… en número singular o plural – que ya no vislumbran alternativas a la violencia, como que fuéramos condenados a ella, a perpetuidad…

    Aceptada aquélla, todas las demás formas de violencia cobran justificación y su coexistencia es sólo cuestión de situaciones de hecho, de negociaciones o acuerdos, o de luchas entre fuertes y más fuertes para repartirse la ”plaza”. Así, está la violencia institucional, de facciones, de grupos de poder – grandes o pequeños, políticos, económicos, culturales, partidarios, etc.; y también de individuos, cómo uno – en su pequeño mundo. Lamentablemente, todos somos propensos al pecado. Cada vez que le sucumbimos, de alguna manera, ejercemos violencia, puesto que ésta consiste en contravenir y pervertir el orden natural. Si nos sentimos inermes para luchar contra aquellas grandes (y patentes) formas de violencia y destrucción, quizás sí nos sintamos en condiciones de combatir nuestras propias y personales formas de violencia mediante el uso del antídoto más apropiado: el amor al prójimo. Y el mundo mejorará al menos un poquito – aunque sea en nuestro propio entorno, no más. Vale la pena intentarlo, ¿no?

    Me parece oportuno concluir con una referencia al “Antiviolencia” por antonomasia, Mahatma Gandhi, según lo citado en facebook por cierta Elisabeth Reynosa, así:


    “Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuales eran los factores que destruyen al ser humano. Tranquilo y sereno respondió así:

     "La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad.”

¡La violencia! - Es para pensarlo… ¿no?


Estanislao Zuzek
        

¿Vieron? (Ángeles Smart)



Elena Nieves, Sin Título, 2011, acrílico sobre tela, 160 x 195





El cielo azul, es cielo y es azul
aunque algunos digan que no...
que es una lástima que no sea verdad tanta belleza.

Ha nacido un  niño
y en Santa Cruz de la Sierra
las manos indígenas le cosen vestidos
y le ponen sandalias de perlas con hilos de plata.

Anoche nevó
Está todo blanco y cargado de silencio
¡Salgamos!
Hoy es el día del juego y la risa.



Ángeles Smart

sábado, 13 de julio de 2013

Video (Martín Susnik)








Recuerdo muy bien la primera vez que alquilé una película en video. Sí, antes hacíamos esas cosas, créanme. Lo recuerdo bien porque fue todo un acontecimiento para mí. Mis viejos salían esa noche y yo quedaba a cargo de mi tía y madrina. Para entretenerme, insistí los días anteriores con alquilar una peli. Como en casa no había videocasetera (así – o simplemente “la video” – llamábamos al artefacto que reproducía cintas en VHS) hubo que pedirle a una vecina amiga de mamá que nos prestara la suya. Probablemente era, por entonces, la única dueña de semejante aparato en toda la cuadra.
Fuimos con papá a buscar la máquina para ver, de paso, cómo se conectaba a la tele, y cuando trajimos ese prodigio de la tecnología a casa mi entusiasmo revelaba una notoria excitación. Todavía recuerdo el olor de esa maravillosa caja de plástico negro, cuyo misterio interior escondía unos engranajes metálicos que emitían ese particular sonido a progreso y ciencia ficción. Cuando lo enchufamos, su display empezó a titilar unas lucecitas azules y rojas que no dejaban de encantar mi asombro.
La película que con mi tía, y por recomendación suya, vimos aquella noche fue "Pares y Nones” con Bud Spencer y Terence Hill. La película en sí misma no es inolvidable en absoluto, pero en mi memoria tiene un rincón especialmente reservado. No fue fácil conseguirla, les cuento. Dada la edad del largometraje, hubo que recorrer varios videoclubes para confirmar que la tenían y después obligar a mi viejo a que se hiciera socio, puesto que por mi infantil edad no me estaba permitía la membrecía. El local quedaba en San Vladimiro y “la Avenida”, donde ahora venden muebles de algarrobo, si no me equivoco.
La masificación del progreso y las transitorias oportunidades que brindó la ley de convertibilidad permitió más tarde que en casa llegáramos a tener ya no una, sino dos videos. Y los vaivenes económicos junto a mi crecimiento me permitieron convertirme en socio de no uno, sino al menos cinco videoclubes, el último de los cuales ya pertenecía a una multinacional. Con las dos videos en casa, otros artefactos y una pizca de ingenio aplicada al cablerío hasta me di el gusto de armar mis propios video-clips y editar videos originales, sobre todo cuando en casa además apareció la videocámara, allá por el noventa y cuatro.
Con el tiempo los videoclubes fueron cerrando, las videocaseteras se convirtieron en obsoletas, las cámaras se convirtieron en una función de los teléfonos y las cientos de cajas negras con grabaciones en cinta quedaron juntando polvo en algún estante. El DVD reemplazó el VHS permitiendo otras ventajas que se convirtieron ya en “necesidades”. A mí, sin embargo, me costó el cambio. No sólo porque significaba gastar ahorros en nueva tecnología, sino porque fue una extinción muy particular para mí. No fue lo único que vi extinguirse, es cierto. Ya había visto la desaparición de los discos de vinilo y luego la de los casetes, desterrados por el CD primero, luego el mp3 y la música on-line. Pero la desaparición de los videos VHS significó para mí vivir la supresión de algo que yo había visto nacer. Cuando llegué al mundo, los discos y los casetes ya existían en los hogares, pero no los videos. Y eso, que para algún momento de mi infancia había sido lo más nuevo, se había convertido en irretornablemente anticuado.
No hay nada que hacer… Las novedades están destinadas a perecer o, a lo sumo, a conformarse con convertirse en piezas de museo. Y esto cada vez más rápido. El progreso nos impone duraciones breves, necesidades nuevas, renovados gastos, novedosos consumos y nuevos olvidos.
Qué sé yo… ¿No hay nada que hacer?

 Martín Susnik

Vida (Oscar Gomez Salmerón)



 Jackson Pollock (Ilus, Blog)
http://the-inner-art.blogspot.com.ar/2011/11/el-genio-de-jackson-pollock.html




Vida,
¿Eres una efímera contemplación
del Universo, para luego no ser?
Escúchame,
no me hagas sumergir en la desidia,
vencido ante la certeza de una
incertidumbre eterna.
No te quiero indescifrable
Quiero que me lleves por tus
laberintos, hasta conocerte
Tal como eres
Tal vez funesta,
O maravillosa
Tal vez ridícula
Te reto con mis miedos, mis fracasos y
mis odios.
Respóndeme
No juegues con mi alma (si es que existe)
Te reto mil veces más.
Contéstame
Me das náuseas
Maldita, eres una alegoría a mi orfandad
¿No te das cuenta que estoy muriendo?
¿Te divierte? No seas cruel
Vida,
Por favor, sólo
dame amor en mi derrota.


Oscar Gomez  Salmerón

viernes, 12 de julio de 2013

Víctima (Alexander Vórtice)




Silvia Castagnino (Ilust Blog)
http://www.welcomesantelmo.com/san-telmo-guia/6nsy52dzhf/Silvia-Castagnino-Pinturas





Me acribilla la pesadez
de las muecas que poseen los mimos
Asimismo, renuncio a un mañana sin luz
o a una estatua sensorialmente obscena
que quiebre el desliz de mi cintura
hermética y engañadora.

Soy víctima y verdugo
de ti, de lo tuyo…

Sin querer soy el yugo que fumo
cuando el aire está tan depravado
como una mujer en cinta que no cree
en la vida que le ha tocado vivir.

Me desvela la glosa del embriagado
y el hachazo que convirtió en mito
al dios sol.


Alexander Vórtice

jueves, 11 de julio de 2013

Versátil y variopinta feria americana (Dolores Seeber)



http://centrocultural-la-c.blogspot.com.ar/2013/04/feria-americana.html (ilust, blog)




Ver letra chica  # salvo maridos…….

Milena entró entusiasmada después de haber escuchado el tema de que en fecha próxima habría  feria americana y que se aceptaba todo lo que fuera con la sola condición del buen estado. Como una tromba se abalanzó a los placards tiró estantes cajones  perchas y perchitas. Fueron cayendo guantes, pieles y carteras, sweaters, ponchos y bijouterias. Boinas, colgantes y pañuelos. Zapatos, vestidos y remeras. Todo aquello que durante el último año no había sido usado era destinado a la feria.
Se fueron llenando bolsa tras bolsa y llevadas escalonadamente a la dirección convenida en un panfleto. ¡¡¡Que… por cierto no era una sola!!!
Como una moto hizo un último viaje.
Se tiró en el sillón fusilada se quedó dormida. Cuando despertó como trascurrido un siglo ya era de noche toda la casa a oscuras en un silencio sepulcral, ¿Dónde estaban todos? ¿VENTUROSO …? Siempre acostumbrada a su presencia sonora!!!!!!!!!!
Recorrió toda la casa y fue prendiendo luces, pero nada, ni nadie. Pasaron los minutos, las horas, los días…..¿Sería que la habían abandonado sin aviso?.
Algo tenía claro. Solo, solo una sola cosa, no era aceptada entre los objetos a donar en la feria: maridos. ¿Se le traspapeló en alguna bolsa y sin darse cuenta, lo depositó en algún viaje? Pero dónde, cuándo, cómo, había sucedido tal distracción…
Ningún reclamo, ningún comunicado de semejante equivocación. La tarea fue rebuscar depósito por depósito. Bolsa por bolsa, propias y ajenas, hasta constatar el extravío y de ser así dar con su paradero. Una cosa era  renovarse y otra rematar la rutina y cotidianeidad.
Se puso manos a la obra y al mejor estilo ciruja revolvió todo con minuciosidad casi obsesiva, tarea que le llevó sus buenos días porque la mercadería iba entrando a raudales y cubriendo  galpones y depósitos. Nada, nadie ni parecido se perfilaba, pero, VENTUROSO seguía sin aparecer.
Pasaron meses de angustiante búsqueda hasta que, un día, de lejos un maniquí la miraba estático. Pelucas de tonos varios en su cabeza estaban, antejos exóticos, ropas tiradas por los hombros, abrigos, collares, pulseras, anillos, zapatos, carteras, todo tipo de color y forma de objetos de sus manos colgaban.
Casi sigue de largo pero….algo le llamó la atención. Su mirada tenía fuego, su porte elegancia, su postura tristeza.
¿Sería?, pero…. ¿y lo previsible?  Una mirada, un porte, una postura, un swich diferente. Un fugaz destello. ¿Lo habría encontrado finalmente?

Dolores Seeber

Vereda (Marisa Mosto)




Marc Chagall, Sobre el pueblo






Las veredas de ladrillos rotos, irregulares, surcados de moho, son un viaje que me lleva instantáneamente a la infancia.

A esas siestas de verano en el pueblo de Ramallo. Un silencio de muerte suspendido en el aire. La calle desierta, inmóvil. El pueblo  por unas horas es  un escenario vacío, una  escultura, una maqueta. Las puertas se cierran, los vecinos se acuartelan en sus casas. Una tregua, un respiro, un refugio íntimo, un paréntesis provisional  a las  miradas molestas. Las murmuraciones se acallan, se interrumpen las sospechas.

Un vallado en el tiempo.

Los adultos se retiran, nos dan  la espalda. Guardan para sí sus caras largas de insatisfacción cansada, hostilidad y fría indiferencia. Hacen un alto al fuego y sólo nos exigen silencio en  casa.

Nosotros aprovechamos ese oasis lleno de luz  del tiempo liberado.

Saltar del zaguán a la vereda.
Mi bicicleta naranja, pedalea  veloz, barro, arroyo, libertad. El moho brilla bajo el sol y sonríe. Las grietas de los ladrillos susurran a mi oído palabras tiernas.  Me abraza cálido el silencio. La soledad se llena de estrellas.

Las veredas de ladrillos surcados de moho son un viaje a  una  vida amigable y generosa que late tras la apariencia.


Marisa Mosto

Verdor (Paola Delbosco)


  
http://es.123rf.com/photo_2746383_a-la-hierba-verde-en-el-desierto-sobre-un-fondo-de-tierra-seca-silvestre-distrito.html





Viriditas                                                                            
Aparece de golpe, pero eso se debe a que, aún oculto, el verdor siempre estuvo. Es sensible a la presencia del sol: la intensidad del calor unida a la justa humedad lo obligan a salir de su escondite. Cuando el sol se excede o se va, el verdor se seca, pero hay algo que deja adivinar que, detrás de esa sequedad, el verdor trabaja en la linfa y en las raíces, y prepara sus respuestas. Muchas promesas se adivinan, para el que sepa buscar, en las casi imperceptibles protuberancias de ramas y suelo. Después, para el que esperaba desde hace tiempo, pero también para el distraído, el verdor explota jubiloso, asomándose desde la tierra o desde  troncos y gajos.  Ya no se frena, invade, cubre, se expande, alcanza alturas y anchuras inimaginables, y dura, como si fuera eterno. Su vigor asegura nuevas hebras de pasto, brotes que rompen los surcos, trémulas flores, promesa de frutos y semillas.  Golpea a los viejos troncos añosos, para que despierten en un nuevo ciclo; intenta con cada planta su estrategia sigilosa, más de las veces con éxito. Algunas otras, en cambio, lo seco ganó la batalla; pero secretamente la tierra se cebó de tanta fibra deshecha por la humedad, que al final el verdor triunfa alrededor de lo muerto, y es una fiesta de brotes nuevos, tiernamente verdes. Igual que el verdor, también el amor despierta, promete, se oculta, renace, renueva.    

María Paola Delbosco