sábado, 17 de diciembre de 2011

Extraño (María Teresita Suriani)

http://alternation-pm.blogspot.com/2010/09/free-hugs.html

"You´re gonna find yourself somewhere, somehow”
Corinne Bailey Rae

 
Queridísimo Extraño,
                                       Estoy sentada en un banco de plaza cualquiera, es un día de sol y pájaros y pasto y felicidad. Te vi pasar, vos no me miraste. Te vi pasar una, dos, tres veces, y nada… También ayer en el colectivo, te vi leyendo el diario, y me imaginé qué hacías, a dónde ibas, quién te espera en casa, quién te ama. No te conozco pero me gusta adivinarte en las sombras que se pasean quejumbrosas por las baldosas de la ciudad, en las conversaciones que escucho de incógnito por la calle. ¿Estarás muy lejos de la persona que quisieras ser o quizás no tanto? Yo también quería contarte que extraño mi casa y una conversación que tuve una vez con mi mamá, un día como este, bajo el mismo sol, sobre la misma tierra, esta que nos hace de casa a vos y a mí, aunque no nos conozcamos. Y extraño un olor específico que olí mil veces en lo de mis abuelos, pero que no podría describirlo, y el sonido de un pájaro, tampoco supe nunca de cual, pero sé qué significa, que estoy en un lugar muy parecido a casa. ¡Y qué extraña palabra! Casa, hogar…
    Espero que extrañes mucho también vos a alguien. Espero que extrañes y que sientas que hay cosas que te acercan de vez en cuando a un lugar seguro, firme. Espero que extrañes cosas y personas y lugares, porque eso quiere decir que sabes del pasado y del amor y de la tristeza, y que no te desprendiste por completo de tus pasos, de tu historia, ni te volviste frío e indolente. Yo no quiero que olvides, ni que pretendas no extrañar, ni temas ser vulnerable. Que estamos hechos todos de una materia tan frágil…
   Me gustaría conocerte, Extraño que compartís conmigo el colectivo, la plaza y el ruido, de esta ciudad de incesantes avenidas. No dejes de acercarte, yo de vez en cuando me animo y descubro que somos tan parecidos. Vos y yo, y todos los extraños habitantes de este mundo. A  veces entiendo tu dolor y otras tantas lo compartimos. Porque me duelen ciertas cosas pero seguro me va  a dar alegría haberte conocido.
   No sé si fue la tarde o el olvido, que nos dejó tan mudos, tan ciegos, tan lejanos. Yo quiero agarrarte por la manga y sacudirte, o poder decirte la palabra “amigo”. Yo quiero que sepas  que no hay nadie solo en este mundo… Y como dice la canción: “te encontrarás a ti mismo en algún lugar, de alguna manera”, y espero que también me encuentres a mí…
 





 María Teresita Suriani

viernes, 16 de diciembre de 2011

Extrañeza (Noelia Vanrell)

Publicidad de VOZ PRO-SALUD MENTAL - http://roquijano.wordpress.com/?s=voz


 
“Algo extraño es el alma sobre la tierra”, dice Georg Trakl,  ¿piensa el poeta que el alma no es de este mundo? Hay un sentir de extrañeza en el alma que no me hace dudarlo, una extrañeza que se manifiesta bajo las formas más diversas, a cualquier hora del día o de la noche, y generalmente en las situaciones más cotidianas y menos extrañas, por eso la extrañeza se siente tan intensa, porque aparece cuando menos se la espera.

La extrañeza tiene algo de asombro, pero no es lo mismo, porque el asombro es movido por algo otro (aunque nos asombremos respecto de nosotros mismos, es un asombrarse respecto de algo, “yo” sujeto, me asombro de un objeto distinto de mí, o me asombro de mí mismo en tanto algo objetual también, esa relación sujeto-objeto puede persistir también respecto de uno mismo). La extrañeza, en cambio, es tan extraña porque no tiene objeto, es una perplejidad que no sobreviene al alma, sino que desborda desde alma.

No es algo otro lo que hace al alma sentir la extrañeza, el alma misma es la que se revela extraña, ella misma es “algo extraño”. Entonces debería corregir lo que dije en un principio, no es un sentir de extrañeza lo que hay en el alma, sino una conciencia de extrañeza, un reconocerse a sí misma siendo extraña.

Esta extrañeza rebasa del alma en sus distintas capacidades de expresarse, en tristezas y en alegrías, y estas últimas son las que me hacen sentir más extraña. La extrañeza en su forma de tristeza (que creo que se acerca a lo que Heidegger se refiere al hablar de la angustia, que justamente, es tal por ser sin objeto) me es bastante familiar, ese sentirse triste sin saber por qué creo que es mucho más habitual que el sentirse alegre sin saber por qué.

La alegría sin motivo me parece la forma más extraña de extrañeza, son momentos fugaces pero de gran lucidez. De pronto me siento contenta siendo consciente de que no tengo ningún motivo concreto para estarlo, puedo estar cepillándome los dientes, para comenzar la rutina de un día perfectamente previsible, y brota desde dentro esa  emoción que sólo puede agradecerse, porque no hay nada que hacer al respecto, ya que al no referirse a nada concreto es imposible de retener, y de antemano percibo que va a apagarse al momento en que haya escupido el último buche de agua en la pileta y guardado el cepillo, pero no me importa, ese momento puede compensar el resto de mi día (o de mi semana…)

En esas momentáneas alegrías sin motivo, el alma expresa su extrañeza alegrándose por algo que no es de esta tierra, y por saberse ella misma una extranjera en este sitio. Este nunca sentirse como en casa, que casi siempre se manifiesta en angustias  inexplicables, a veces (aunque sean pocas veces) me invade en esta forma tan rara que me hace pensar: “Estoy contenta, y no sé por qué”.



Noelia Vanrell




Extranjero (Héctor Makishi)

Chang Park, “Untitled” (Serie: Objetos / Sujetos de estudio)




“I can give you, my loneliness,
my darkness, the hunger of
my heart…”
(Jorge Luis Borges – Two english poems)



¿Qué puedo darte?
-          Un mate frío
en un país extranjero.
-          Calles sin nombres o mejor,
anónimas.
-          Una mañana sin asombro.
-          Un despertar en el frío
de una cama extraña.
-          El olor de unas paredes
que no invitan a quedarte.
-          Una lectura de Borges, despiadada.

Camino en la luz
anunciando
que el amor lo vence todo.
Pero sigo extraviado
entre palabras luminosas
y olvidadas por los hombres.
Una lengua indescifrable
para el entendimiento:
“el corazón tiene sus razones
que la razón no conoce”.


¿Qué puedo darte?
-          El asombro
 de una mañana sin asombro.
-         Un corazón frío
       con aliento de fuego.
       -        Una noche oscura
              descubierta por un relámpago…


Ah, si esta luz devorara mis paredes
y me diera un corazón sencillo
como una estrella vespertina
que anuncia una esperanza misteriosa 
Héctor Makishi

jueves, 15 de diciembre de 2011

Experiencia empieza con E (Jorge Oscar Marticorena)

Boticcelli, La primavera, detalle




Con E se dice encanto,
con E se dice entender.



Primero, hace ya mucho, me gustó entender.
Después, bastante después,
supe de los encantos que aportan
las emociones,
las sensaciones.


Que no son lo mismo.


Unas producen las otras, y las otras a las unas.
Y cuando traté de explicárselas al entendimiento
se perdieron, disipadas en mis interiores.


Lejanos y oscuros laberintos,
en los que se desvanecieron y protegieron
de mis razonamientos disgregantes.

Los encantos no pueden pensarse.
Son para ser sentidos por fuera de los sentidos.
Antes. Después.
O antes y después de las sensaciones.


Con la mente y el cuerpo dispuestos a lo desconocido,
limpios de las viejas experiencias
que enturbian esta embriaguez

de los sentimientos nuevos.



Vinos nuevos,
que por nuevos requieren audacia.
Cómo, sino, lanzarse a abrazar lo desconocido,


saltando a esas tinieblas, depósito de nuestros fantasmas.


Puedo conocer y no entender.
Para qué entender lo que se acaba de conocer.


Prefiero sentir.
Los desequilibrios,
los estremecimientos,
las risas y los llantos.


Los miedos. 


Los amores y aún el disgusto,
hasta los odios,
que esos mundos nuevos
podrían provocar en mí.



En casa. Llegó la primavera.
27 de Noviembre – 6 de Diciembre de 2011



Jorge Oscar Marticorena

Excepción (Francisca Beccar Varela)


Fontanarrosa, Mendieta, Ilust. Blog



Estúpido se volvió un perro de mi barrio que no podía dejar de perseguir y ladrar al tren cada vez que éste pasaba por la estación. Yo decidí llamarlo “esclavo”.
Hasta que un día me lo encontré dentro del tren, viajando como un pasajero más. Entonces me pregunté si el perro de mi barrio, no sería del barrio de otro. Y así, imaginándolo subir y bajar del tren, repitiendo la misma primera escena ante nuevos ojos cada vez, lo re-bauticé: “perro de todos y de ningún barrio”.
Esperando el tren y durante el viaje muchas veces me siento yo misma una esclava. Se vuelve un tanto desesperante depender de los tiempos de este medio externo, al que, no obstante, subo por ser dueña de la iniciativa de emprender el viaje.
En ese tiempo muerto inevitable, a nadie se le ocurre gritar cuando pasa el tren, o en viaje caminar de vagón en vagón para estirar las piernas, o sacar la cabeza para respirar  cada vez que se abren las puertas.  Todos asumimos la espera del trayecto como un momento de estar quietos, mirando, pensando,  leyendo, o rezando. Pero no mucho más que eso, y la imagen general es Estática.
A la vez tiene algo de divertido ver el cuadro de tantas personas  juntas haciendo lo mismo: nada. Es un momento único, casi mágico. Y si uno está  en una gran estación como la de Retiro, una foto de semejante cantidad de gente quieta  podría figurar en el Guiness.
Pensando en todo esto en un nuevo viaje,  me encontré sorpresivamente con mi viejo amigo de varios apodos- Y en este fabuloso encuentro casual, quise darle a este "estúpido esclavo perro de todos y de ningún barrio", un tercer nombre que realmente lo definiera. 
“Este eterno viajante sin destino final, es un pobre animal,  pero hay algo que es muy cierto: le da vida a mi tiempo muerto.”  
Y entonces lo llamé “Excepción”


 Francisca Beccar Varela

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Evasión (Santiago Vorsic)

 
 
 
 
 
Todo cambió en el clima, advertía mi presencia. Esa bestia inmunda, voraz e inevitable me acecha por todos lados. Yo por suerte fantasma, por suerte impredecible, estoy donde no debiera. ¡Terror! Terror desmesurado invade mi mente a la idea de encuentro. Pierdo mi dignidad, mi paz, con el solo hecho de estar en la cabeza de esa bestia.
¡Qué hermosos los tiempos en que creía a éste como un lugar seguro! Tiempos en que era agradable estar al descubierto, en que vitoreaba a quienes podían verme. Y mejores tiempos aún aquellos en que no estaba solo. Era mi tierra, era mi libertad.
El estupor congeló mis venas. Me quedo tieso y sacudido por lo que veo ¡Se despeja el cielo! ¡El horror! Mi pecho se vuelve loco y me prepara a lo inevitable ¡Torpe de mí! ¿Por qué tuve que descubrir mi posición aquella noche en que me acorraló con sus súbditos de tarea? Sólo jugaba conmigo ¡Pero ahora llega lo peor! Llega cuando me desgarre con su mirada y su presencia. Pero todo no está perdido aún. Aún está mi endeble guarida de la que ya no me quiero mostrar. Si pudiera haría un pozo y me enterraría. Si pudiera viajaría a otro mundo.
Miro vacilante hacia las ventanas casi naturales de donde me atacará, de donde me correrá y no me dejará ir. Parece que aún no. Hay esperanzas todavía. En un todavía muy dudoso. Pero… ¡Gran suerte la mía! El viento cambió y el firmamento lo volvió a cubrir todo con sus nubes. Gano tiempo así, y la vida de su mano, pero la tranquilidad sigue encarcelada lejos, muy lejos de mi prisión.
Tal vez pueda enfrentármele ¡Hacerla huir y dejarme en paz con mi vida que es sólo mía y en la que nadie merece embarrar sus manos!
No merezco su acecho, no le he hecho nada, o tal vez sí. Tal vez sólo sea un cúmulo asociado de hechos que afecten el equilibrio del orden y que encaucen en lo que vulgarmente se llama castigo divino o sea propiamente un castigo divino. Entonces eso, sí, eso es el por qué de este sensato malentendido.
Ya se vuelve insoportable la necesidad de estrechar una mano amiga que me socorra, que me auxilie de esta tempestad en clama, de ésta avalancha de lo que se podría llamar objetivamente “nada”, y librarme así y quitarme este tormento, este dolor, y dejarme respirar aire fresco de libertad, quitarme de esta atmósfera viciada y sombría. No existen números ya para determinar cuánto pagaría para quitarle a ella por fin el placer de poder encontrarme de nuevo.

Santiago Vorsic 

Estero (Raúl Lavalle)




 
En el español chileno estero no significa ‘bañado’, como para nosotros. En Chile es ‘arroyo’. Me gusta mucho la palabra, porque trae el recuerdo de la vieja canción folklórica trasandina:





Junto al estero del bajo


lo encontré tendido


casi al expirar.


Me acerqué muy lentamente


Y  se lo quise explicar,


pero, al verlo resignado,


me tembló la mano


y me puse a llorar.





            El “corralero” que así hablaba era sin duda hombre leal; no se olvidaba del buen amigo viejo que esperaba en paz su fin.



Raúl Lavalle

martes, 13 de diciembre de 2011

Estela (Martín Grassi)



Navega un barco en el gran mar. Estela deja el barco en el gran mar. Huella del barco en el gran mar. Pisan otros la estela del barco en el gran mar. Sigue la estela de otro el barco en el gran mar. El gran mar deja de ser “gran” por un barco en el gran mar. Todos los mares el mar, el mar de la estela del barco en el gran mar. ¿Quién fue el primero de los barcos en el gran mar? Todos los barcos pisando la estela que dejó un barco en el gran mar. Navega el barco en el gran mar -el mismo barco, el mismo mar-, trazando la misma estela, un punto final.



Martín Grassi 



Estar (Martín Susnik)



“Estar.” Curiosa peculiaridad de nuestra lengua castellana. Íntimamente emparentado con el verbo ser y con una casi equivalente función copulativa, resulta intraducible a otro idioma en su distinción específica de aquel.
Pero ¿qué significa, específicamente, estar? ¿Qué lo diferencia de ser? Los mandamientos gramaticales exigen usos particulares para sendos casos y el desconocimiento de semejantes  imperios dan por resultado las simpáticas ocurrencias de algún gringo, al cual con pseudomisericordiosa sonrisa oímos decir, por ejemplo,  que “es muy contento de hablar con nosotros”. Sin embargo, las normas gramaticales por sí solas lejos están de ofrecer mucho jugo a la reflexión, o al menos así lo intuyo, acompañado por una multitud de adolescentes que acaban de llevarse Lengua a marzo. Por eso me pregunto sobre la especificidad del lógos de este curioso verbo, con perdón de la redundancia.
Se me ocurre, en primer lugar: el estar sigue al ser. No se puede estar sin ser, de ahí que me resulte inevitable pensar al primero como consecuencia del segundo. ¿Una consecuencia inexorable? ¿Se puede ser sin estar? ¿Estar qué? ¿O cómo? ¿O dónde? ¿Cuándo?... La mente se me nubla de modo similar a cuando se interna en cuestiones ontológicas, o tal vez se me nuble justamente por tratarse de ellas.
Se me ocurre entonces: el estar especifica el ser. Casi nos obliga a insertar algún predicativo que aclare una posición (estar sentado, acostado), un lugar (en casa, en el trabajo, frente  a la pantalla), una compañía o su ausencia (con amigos, solo…), una actividad (leyendo, descansando…), un estado de ánimo (entusiasmado, atemorizado), un tiempo…
¡Un tiempo! Como si el estar viniera a especificar, justamente, en qué “estado” nos encontramos en un momento determinado, y con ello cumpliera la función de aclarar algunos aspectos transitorios de aquellos que somos. Como si el concepto de “ser” fuera estable y el de “estar” más etéreo… Pienso entonces en aquel que es un romántico, pero sólo a veces está enamorado; en aquel que es calentón, pero de hecho está enojado sólo por momentos; en aquel que es artista, pero sólo en algunos momentos específicos está creando…
Mi mente continúa nublándose y empieza a mirar con desconfianza, o al menos inseguridad, sus reflexiones. Dejo de lado los predicativos (a los que por rebeldía o lo que fuere suelo negarme a considerar obligatorios) y fijo la vista en el ser y el estar sin más. Al fin y al cabo es lícito decir de alguien que simplemente es o que simplemente está. Y vuelvo  a interrogarme por lo que distingue a uno del otro.
Intuyo entonces, en una tercer ocurrencia, que el estar realza de alguna manera el carácter presencial del ser. Estar es ser-presente, ad-essere dirían los latinos. Todo lo que es, está en algún lugar, ya sea en sentido literal, metafórico o analógico, de modo que el mismo concepto de ser implica ya presencia; pero se me ocurre que la noción de estar la realza, la afirma, la subraya...
Y se me ocurre, por último, que el estar reviste una particular importancia al aplicarlo al caso de la situación humana. Se transforma en un hacerse cargo del propio ser y reafirmarlo voluntariamente,  convirtiéndolo en consecuencia en algo incluso susceptible de mérito. En efecto, ante la existencia del otro uno puede alegrarse, regocijarse y agradecer a quien tiene a cargo la donación del ser; pero el ser no se le agradece a quien es su portador, pues nadie tiene mérito por tenerlo. En cambio, sí se agradece el estar, pues es la reconfirmación que uno hace de su propio ser, autentificándolo, convirtiéndolo en presencia efectiva, presencia que puede además tornarse disponibilidad y posibilidad de encuentro con el ser/estar de los demás.
Y acá estoy. Escupiendo mis toscas ocurrencias sobre papel. Y ahí estás vos. Padeciéndolas seguramente, leyendo mis obtusas reflexiones. Si pudiste soportarlas hasta aquí, si perseveraste en la ardua constancia de acompañarme en estos tropiezos ontológicos… gracias por estar.


Martín Susnik

lunes, 12 de diciembre de 2011

Esponsales (Mimi Blaquier)

Viviana Dziewa, Mímesis Bahía, técnica mixta (ilus. Blog)





…un jour de noces avec le monde.


… A Tipasa, je vois équivaut á je crois, et je ne m’obstine pas à nier ce que ma main peut toucher et mes lèvres caresser.
Albert Camus; Noces,”Noces à Tipasa” (Alger, 1938)





 


Las cosas se escurren
por las aristas
de espejos opacados.
Indagar
seguir buscando
lo que hace que sean,
la cifra justa
Sin perder el compás
y la medida
aventurarme
a la certeza frágil
de lo que veo y lo que toco
Hoy es un día
de esponsales con el mundo
siento la arena tibia
la luz que vibra sobre el agua
tu caricia
y los aromas de la tarde



Mimi B.

Nota: “…un día de esponsales con el mundo.
“…En Tipasa,yo veo equivale a yo creo, y no me obstino en negar lo que mi mano puede tocar y mis labios acariciar.” Albert Camus, Bodas (esponsales)


Esperanzado pesimismo (Javier Nari)

Valdimir Kush, To The Safe Haven.



 

A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.




¿Qué actitud se debe tomar frente a la vida y frente a las circunstancias que ésta nos depara? ¿Qué actitud elijo tomar YO frente a la vida, frente a la realidad? Yo opto por caminar en la vida al son de un pesimismo esperanzado.

Pero ¿Cómo es eso?  Muchos me preguntaran (de hecho me lo han preguntado) ¿Cómo es eso de pesimismo esperanzado? ¿Un oxímoron? ¿Una paradoja?

Por lo pronto, lo que propongo es que independientemente de si somos optimistas o pesimistas (o realistas o idealistas o lo que fuere), lo que no podemos dejar de ser, es esperanzados. De otra forma “nuestros días sobre la tierra pasan como una sombra” (I Crónicas 29,15).

Esperanza y optimismo no se identifican como se tiende a pensar. Tampoco se oponen. Como no se oponen esperanza y pesimismo tampoco.

Para el optimista todo es indicio de que “las cosas van a salir bien”. Riesgo: la decepción. El mundo no tarda en decepcionar. El mal presente en el mundo no tarda en ponernos en jaque.

El optimismo espera y ve en todo lo mejor.

El pesimismo nunca espera ni ve en nada lo mejor (así se evita uno la decepción).

La esperanza en cambio espera y ve todo en lo Mejor. La esperanza espera todo en el Todo.

Podemos (incluso debemos) estar dispuestos a esperar lo peor del mundo y de la vida pero no a caer en la desesperanza.

Espero. Espero en una instancia superior. Tengo puesta mi confianza en una instancia superior. Apelar en cualquier circunstancia a esa instancia divina. Esperanza es la garantía afianzada en el orden de lo trascendente y de lo sobrenatural.

Sólo la esperanza arraigada en una instancia superior es auténtica esperanza. Es la esperanza del que cree, del que tiene fe. El auténtico esperanzado es el creyente.

Por eso la esperanza es siempre una espera “a pesar de”. A pesar de los fracasos, a pesar de las decepciones. Es que en la esperanza no cabe la posibilidad de la decepción. La esperanza le da sentido al sufrimiento.

Asumir toda pérdida, todo aparente fracaso. Llevar la carga con esperanza. Llevar en el pie los tropiezos. “Se vive como se puede no como se quiere” repetía (seguro lo seguirá haciendo) el padre Luis en sus misas dominicales en la subterránea capilla del Alas. Eso es, pesimismo esperanzado. Todo pasa por Sus Manos, las asperezas en Su presencia se tornan suaves como la seda y el algodón.

La esperanza no espera en el éxito espera el triunfo final. La confianza que nos da “creer en virtud del absurdo”. Del Mundo espero poco, no creo que se pueda esperar mucho.

“¿No corremos todos el peligro de perder la gracia de la esperanza en el bullicio de los disgustos y afanes cotidianos?” /Sobre la Esperanza (Joseph Ratzinger) No si la esperanza no se reduce al optimismo. La esperanza es en este sentido indestructible, porque parte de una convicción interior (la fe) y no depende de las circunstancias externas que puedan afectar a la persona mientras se mantenga la convicción.

“Pero cuanto más superficialmente vivimos, tanto menos puede compensar, la auténtica, la gran esperanza, el poder destructivo de las bagatelas diarias.” Joseph Ratzinger

Por eso la esperanza debe arraigarse en la Fe, Fe en el Amor. No hay esperanza sin amor. Pero no alcanza con nuestro amor. Un amor así, en minúsculas, tan mudable y tan débil,  sólo podría sostener una esperanza tan frágil como él mismo. Sin la fe el acceso al Amor divino se nos presenta vedado. No quedaremos con suerte a medio camino. La fe nos pone frente al Amor, nos pone frente al Misterio de la Cruz y de la Redención. La esperanza se sostiene en ese “punto fuera del mundo” que al mundo mueve que es la fe. Ahí tenemos a las tres virtudes teologales, que son más que teologales,  son fundamentales al sentido de la existencia del hombre. Forman entre ellas un trípode, en el que se sostienen recíprocamente, son necesarias las tres para sostener el sentido de nuestra existencia. Si se cae una de las tres se caen todas.



Abraham creyó: por eso era joven, pues a quien constantemente espera lo mejor lo envejecerán las decepciones que le deparará la vida, y quien espera siempre lo peor se hará muy pronto viejo: sólo quien cree conserva una eterna juventud.

(Sören Kierkegaard, Temor y Temblor)



Finalmente, ¿Cuál es la actitud que se debe adoptar frente a la vida, frente a la realidad? Yo opto por el pesimismo, pero también opto por la Esperanza.



Laus Deo et Beatae Mariae Virgini.



C. A. Novadomus

domingo, 11 de diciembre de 2011

Esperanza en Dios (Angel Cejas)





Recorriendo la Creación del Universo desde lo macrocósmico hasta lo microcósmico, nos encontramos que los científicos por más que avanzan en sus conocimientos, siempre están frente a cosas nuevas por descubrir y no dejan de asombrarse de lo que van descubriendo y de lo que todavía queda por descubrir.

Antiguamente se pensaba que los dioses y diosas estaban atrapados en el tiempo como los humanos. Así que los dioses nacían, los representaban en una pirámide y morían. Luego aparecían sus hijos y gobernaban a los humanos y así sucesivamente.

En aquellas culturas entendían que las diosas y dioses estaban atrapadas en la ½ dimensión del tiempo como nosotros. El tiempo para nosotros sólo avanza en un solo sentido; no podemos retroceder.

Cuando Dios le dijo a Moisés “quiero que liberes al pueblo judío”, Moisés le preguntó cuál era su nombre. Sólo diles “Yo soy”.

Lo sorprendente de esta historia es que este Dios está fuera del tiempo, es Espíritu, no tiene físico.

Nosotros, todo lo que hacemos, lo hacemos como un ser humano integrado: 100% físico y 100% espiritual. Jesús les dijo a sus primeros seguidores: “Cada vez que hicieron algo por el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

Les está enseñando que toda la vida está empapada por lo divino. La cuestión es si nuestros ojos están lo suficientemente abiertos para verlo.

Lo que buscas, es lo que encontrarás. Esta realidad, dijo Jesús, está aquí es ahora, está entre nosotros, y la llamó “el Reino de Dios”. No nos convirtamos en máquinas tan enfrascadas en lo que hacemos, que perdamos la alegría, el asombro, el maravillarnos de ser un humano en medio de este mundo que Dios ha creado.





Ángel Cejas

Espera (Nicolás Balero Reche)

  Venenzio Zolla La espera, 1917 (Ilust. Blog)

“El bondi no llega más y estoy llegando tarde”, se decía un buen trabajador que como muchas otras personas miraba el reloj en la parada de colectivo. Como muchas otras personas iba a llegar tarde al trabajo. Esperaba llegar temprano, para poder hacer el trabajo que le habían encomendado, y si lo entregaba en tiempo y forma, esperaba que se lo valoraran de tal forma que junto con la felicitación tal vez vendría un ascenso.
Al fin llegó el colectivo, ese cubículo mañanero lleno de caras vacías y solitarias donde rara vez se escucha una conversación, ya que lo que más resalta son aparatos de todos los tamaños y colores tapando las orejas de los viajantes y libros ocupando las miradas; no vaya a ser que me toque una señora mayor con ganas de hablar ¡la era de la globalización, la era de la comunicación! Claaaro… De pronto se escucha el sonido de un celular. Le llegó un mensaje a aquél trabajador, sólo podía ser Micaela, que se despertaba a la misma hora que él. “Te espero hoy a las 9 en casa, como habíamos quedado, yo elijo el lugar”. Una espera más, un encuentro.
Un día agitado de trabajo, terminando el día dejaba de lado la espera por un ascenso, esta vez pensaba en la espera del fin de semana. Esta época lo hacía pensar más en que falta poco para las vacaciones tan esperadas.
Se hicieron las ocho y esta vez esperaba el taxi para pasar a buscar a Micaela. Esperaba que le fuera bien en la cena, ya salían hace tiempo y estaban en las últimas salidas para terminar la espera de decidir si se ponían de novios o no. El muchacho esperaba casarse algún día, y ya tenía 30, también esperaba tener hijos, el tiempo se le acotaba. Luego de casarse esperaba tener una casa propia, tal vez un perro, y tal vez un mejor trabajo para que su futura incógnita mujer no tuviera que trabajar (tanto) y pudiera cuidar a su hijo, que esperaba, naciera sano y esperaba también se hiciera de River (obviamente esperando previamente que ascienda), y esperaba fuera una buena persona, y esperaba, algún día pudiera tener su propia familia.
Este hombre vive todos los días como esperando algo que nunca va a llegar, porque ni siquiera sabe qué es lo que está esperando. Como si el sentido de la vida lo tuviera la simple espera sin sentido, sólo la mera sensación y comodidad de estar esperando algo. Pareciera que la felicidad viene acompañada de este deseo de siempre esperar algo más, tal vez por eso el hombre se dice que es inagotable, inconformista. Pareciera que la expectativa se disfruta más que lo alcanzado. No hay otra cosa en la vida que vivir esperando lo que vendrá, confiando en que será bueno. Nunca las cosas de este mundo nos harán tan felices que ya no esperaremos más nada. Pero hay una cuestión, si vivieras cada día como si fuera el último, no esperarías tanto lo mejor; vivirías el momento presente como el mejor y el más feliz y así basta de esperar, comencemos a vivir.

Nicolás Balero Reche