jueves, 8 de diciembre de 2011

Entusiasmo (Lydia Zubizarreta)

Lydia Zubizarreta, Arroyo


 
“Y las ramas inclinadas
                                                                                                       
 En un silencio pendiente
                                                                                                             
Hacia el día fluido…”  

Juan L. Ortiz



 Hubo una vez en Buenos Aires, en la calle Austria 2225, un local chiquito cuya vidriera, que ocupaba todo el frente, era muy particular.  No era que no tenía nada que ver con el negocio y sin embargo tenía una libertad con respecto al mismo.  Es que la dueña, María Luisa Casares, se las ingeniaba para reflejar ahí su alma, toda llena de entusiasmo.  De ese entusiasmo que es don, y se nutre de alegría, de generosidad, y de sabiduría.  Quizás alguno de ustedes la conoce y va a estar de acuerdo conmigo en que María Luisa es joven, sonriente, ojos vivos y curiosos, muy colorida, muy armoniosa. 
Si no la conocen puede que hayan leído el artículo que en su momento apareció en el diario La Nación.  El oficio de María Luisa es hacer marcos para cuadros, láminas y espejos, todo muy artesanal.  Sabe hacer dorados a la hoja y restauraciones.  Más allá, y de puro talento y entusiasmo, ella es poeta, dibujante, y amante de la música. Sus vidrieras eran perfectos cuadros escenográficos.  Había poemas, cartas, todo escrito con su caligrafía, pluma y tinta china.  Todos los objetos eran verdaderos: sillitas de época, espejos, atriles, plantas. 
Dejaré que sea ella misma quien nos cuente de su vidriera: “Podía ser por ejemplo un cuadro de Chagall de dos enamorados volando y estrofas de Neruda de las 40 noches de amor.  Entonces una persona que pasaba me dijo que no sabía que Neruda le había escrito a Chagall.  Otra vez  fueron las cartas de Guadalupe Cuenca: ´Mi querido Moreno de mi corazón…..de la mujer que lo adora´.  Cartas que nunca leyó Moreno que ya había muerto. Bajo las cartas la bandera argentina pintada a mano.  En otra ocasión un desnudo de Modigliani, suntuoso en rojos, y ´Una mujer desnuda y en lo oscuro´ de Benedetti.  Ángeles y sillas antiguas, poetas del siglo de oro, con Botticelli.  La carita del ángel de Verrochio, impresionante, y Lope de Vega con su ´Que se duerme mi niño, tened los ramos…´  Poetas uruguayos en torno a la pintura, los grandes dibujantes en torno a la poesía.  No podía dar con la imagen sin la palabra, no podía imaginar la palabra sin su color.  Una vidriera con teteras y pocillos y haikus verdaderos, o sea los originales de Bacho, Bouson, Shiki y demás, y por ahí agregué alguno mío con un falso nombre como Mai Kai que me dijeron ´qué lindo, no la conocía...´(pequeñas travesuras). Fin de año: Navidades llenas de jazmines que me preguntaron si tenía criadero de jazmines y la cinta roja en el fresno de la vereda, el fresno que yo amaba, de donde caían cual cascada de colores deseos en cartulina para todos, más abajo una cinta bajita para los niños. Para el día de la madre: foto de mamá con su mesita, con sus manteles y tacita de ella, fotos de familia y rositas rococó, el té servido, y algún poema o carta a ella, esperando que de alguna manera se llegara hasta mi vidriera. El día del niño lleno de dibujos de ellos, con casitas en madera que formaban un pueblo, con sus banderitas, y los árboles eran brocolitos bien paraditos, con poema de Rubén Rada ´Yo quiero que a mí me quieran´."
María Luisa era mi marquera, además de ser siempre y hasta el día de hoy mi amiga.  Yo le daba mis acuarelas para enmarcar y soñaba con tener el honor de figurar en esa vidriera. Un día llegó el momento esperado: ahí estaba mi ´Arroyo´  junto a una poesía de Juan L.. Nos acercó el amor por el río y la luz de la tarde. 
Este lugar, milagro cotidiano para mi, quedaba justo a mitad de camino en mi recorrido a pié desde casa a mi taller de pintura.  La Divina Providencia lo puso ahí.  ¡Hacía tanta diferencia en la vida de todos los que nos deteníamos para beber como de una fuente siempre renovada la cultura, el buen gusto, y el entusiasmo que ensancharía nuestro día!  En mi caso me predisponía al arte: ni bien tomaba los pinceles todo ese mundo ya estaba conmigo.
Cuando cerró el negocio la tristeza fue grande.  Sabíamos que esas vivencias no se podrían reemplazar nunca.  La última tarde a última hora se reunieron todos para brindar, hacer música, recitar poesía, rendirle homenaje. Estuvo incluso el dueño del locutorio de enfrente, el que se maravilló un día de ver en la vidriera “¡una auténtica carta manuscrita de Van Gogh, y en castellano!”  Falté yo que no pude juntar el ánimo como para asistir, aunque deambulé esa tarde por el barrio.               
  Me encuentro siempre con María Luisa.  Sin embargo no verla en su local, con esas túnicas que usaba para trabajar, tan coloridas, provoca la sensación de vacío.  Se diría que incluso el fresno, su querido fresno de enfrente a la vidriera, ése del cual colgaban las cintitas con deseos, recuerda todo, y parece recitar nostálgico esta poesía de Liber Falco:
Fuera locura pero hoy lo haría
atar  un moño azul en cada árbol
ir  con mi corazón de calle a calle
subir  a los pretiles, ¡gritarles que les quiero!
 
 
 
 Fuera locura de esa que es divina: inspiración de las musas, desborde generoso, amor.  Fuera entusiasmo, el de María Luisa Casares a quien dedico, agradecida, este homenaje.
          Lydia Zubizarreta 
                                                                                       Quila Quina

4 comentarios:

  1. ¡Qué lindo homenaje Lydia! María Luisa (a quien no tengo el honor de conocer) también se la pasaba homenajeando a toda esa cantidad de personas que desfilaban por su vidriera, las hacía sentir valoradas, comprendidas, alentadas y con creatividad lo transmitía a todos los que se asomaran por allí.
    ¡Es imposible vivir sin la belleza! (decía uno de los personajes de Dostoievski) y vos y María Luisa nos ayudan a satisfacer esa necesidad que creo que se vincula con la necesidad de la experiencia del misterio.

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  2. Cómo me gusta esa gente que transforma todo lo que toca en algo único y que hace de todo y cada uno de sus quehaceres una obra de arte! Creo que hace unos años era más facil lograrlo, asi como lo hizo tu protagonista. Ahora tenemos que habérnoslas con situaciones menos colaboradoras: poco tiempo, objetos estandarizados, un mercado despiadado. Pero, por supuesto, no es determinante. Y parece que tu elogio al entusiasmo y la locura de la que habla Falco aportan algo al debate sobre el tema de la enajenación del texto de José.

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  3. Muchas gracias por los comentarios, que siempre suman al entusiasmo de comunicarse. Angeles, lo de María Luisa no fué hace mucho, es algo reciente, y ella lo volvería a hacer si tuviera la oportunidad. Es más cuestión de personalidad que de otra cosa.

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