sábado, 22 de octubre de 2011

Chucao (Lydia Zubizarreta)

Lydia Zubizarreta, Tramas-bosque en otoño, acuarela




            El chucao es un pájaro que se esconde, que le gusta lo oscuro de las sombras en el bosque.  Está siempre muy cerca del suelo, cuando vuela dibuja un arco entre una sombra y otra.  Un arco oscuro porque él también es oscuro.  Por toda luz tiene una mancha roja en el pecho y la garganta.  Vive preferentemente en los bosques de coihues, si en el bosque hay cañas, mejor.  No es un pájaro grande, tampoco es muy chico, si se posara en una mano extendida, cosa que nunca haría por su timidez, sobresaldría por un lado la cabeza y por el otro la cola levantadita, muy característica.
             
             Esa costumbre que tiene de andar siempre escondiéndose debajo de cualquier caña o rama me remite a mi infancia, donde no encontraba mejor programa que ponerme debajo de la mesa de comedor, especialmente si había visitas, o debajo de la cama, o en el caso de estar en el campo, debajo de algún árbol con ramas largas, oscuras y bajas.

               El chucao nos llama la atención por su canto.  Es maravilloso.  Llena el bosque haciendo que sus 6 o 7 notas salten de árbol en árbol, llegando hasta el lago, o hasta el bosque más allá.  ¿Con qué comparar su canto?   Me hace pensar en una mezzosoprano ensayando la escala, pero no es exactamente eso. Es otra cosa.  A ningún ser humano se le ocurriría esa combinación de notas.  Canta a todas horas, especialmente en las horas de luz oblicua como el amanecer y el atardecer pero a veces es pleno mediodía y está cantando. 

  Cuando me ve llegar con mi mochila cargada de pinceles y acuarelas interrumpe mis pensamientos con su canto, me lleva a la realidad del bosque.  Ando por ahí en busca de un lugar desde donde pueda captar con colores y sobre papel algo de esa luz y encanto, algo de ese silencio, de esa vida.  Me detengo, y si por ventura escucho otra vez el canto del chucao, es para mí señal de que ése es el lugar más indicado.  Con esa confirmación me siento, pongo a mi lado los pinceles, la paleta, el agua, todo lo que necesito, y empiezo.  Se trata de una contemplación.  Poco a poco me olvido de mi misma, me absorbe el entorno.  Logro una alternancia de pasividad y actividad, percepción e intuición, y también un defenderme como pueda, pues ahí todo me supera en tal forma que lo mejor que puedo hacer es aceptar mi indigencia.

 Estoy así durante algo así como una hora.  Una hora en la que el tiempo tuvo otra duración. 

Se formó mi acuarela.  La miro, la guardo, me levanto, regreso por el mismo camino.  Vuelvo a casa rapidito, en general es todo barranca abajo.  Miro el bosque y voy despidiéndome de sus formas, agradeciendo al Creador tanta belleza, agradeciendo el haber podido acceder a esa belleza, mi corazón está lleno de paz, saludo sonriente al chucao que sé está por ahí cerca.  ¡Será hasta mañana o pasado, espero!

Dicho sea de paso,  nuestra casa se llama Chucao, y en la puerta, por supuesto, se ve dibujado ese muy amigo mío.



Lydia Zubizarreta desde Quila-Quina












5 comentarios:

  1. Me encantó, no conocía al Chucao. La naturaleza combina notas muchas veces impensables, inimaginables, para el hombre. Pero tenemos la gracia de que toda esa belleza nos tiene por destinatarios, porque se no regala, se nos ofrece, a veces timidamente como el Chucao. Aquello que no podemos concebir nos lo entrega la naturaleza como un Don qe proviene de Dios. Eso sí, como toda Gracia debe ser correspondida para que sea para nosotros motivo de regocigo. Si no estamos abiertos a recibirla... alpiste.

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  2. ¡Gracias Lydia!
    Vos me supiste llevar al bosque como tu Chucao te lleva a vos. Me sacaste de mis pensamientos y me transportaste por un momento a imaginar toda esa belleza; el silencio atravesado por el canto, los árboles por la luz, el atardecer por tu corrida por la barranca. Hasta la puerta de tu casa me llevaste, frente a su nombre me quedé allí parada imaginando el lago a mis espaldas.

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  3. Siempre que se escucha el canto de un pájaro un poco solitario yo digo "me parece que es un Chucao". No porque reconozca el canto (y creo que por lo que describís no es el que yo me imaginaba) sino porque escuché mucho esa frase en mis veranos cuando venía a Bariloche de vacaciones. Es muy gracioso, pero nunca averigué cómo era ni cómo cantaba el chucao verdaderamente. Simplemente es como un símbolo de algo familiar pero que sólo aparece cada tanto e inesperadamente para que no nos olvidemos que existe. Creo que a partir de tu escrito voy a reconocerlo (sólo en mi memoria y fantasía) todavía más. Y seguiré diciendo de cuanto canto aparezca en el bosque que "me parece que es un chucao" y lo voy a asociar con los colores variados de tu acuarela aunque ahora sepa que él "es oscuro y por toda luz tiene una mancha roja en el pecho y en la garganta". Qué lindo debe ser, ser artista en el bosque!

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  4. Espléndido el chucao y espléndido el relato! Gracias Lydia!

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  5. Qué ganas de respirar aunque sea unos minutos del aire de ese bosque y de escuchar ese canto del chucao!!!!
    Muy lindo el relato y me encantó la acuarela del bosque!!!
    Cariños!!!

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