jueves, 20 de diciembre de 2012

Oscuro (José Martín Valle Riestra)





Hace aproximadamente un mes.

Es un día con un sol radiante, Jamiroquai en la computadora, una Quilmes en la mesa, unas papas en el plato y otras  a punto de ser devoradas, y dos ojos negros mirando fijamente al vacío, y la cara pensante o quizás vacía de un joven delgado, con nariz aguileña y una sonrisa tragi-cómica, orejas grandes, el pelo largo y la barba desprolija, de esas que quieren ser de hombre pero van a ser de pubertad toda la vida, el torso desnudo y los pies cruzados sobre el suelo,…y el sonido del lavarropas que corta la quietud.

Kevin se para y recuerda lo que tiene que hacer,  va hacia el lavarropas, saca la ropa, la pone en un cesto y sube a la azotea para colgarla. Arriba se encuentra con alguien que no espera. Una de sus Dianas, otra de sus torturas, se miran, siguen haciendo lo suyo, se atreven a hablarse, se sonríen, y se despiden.

El chico delgado de mediana estatura, la ve bajar, y se pregunta si esta vez, por fin sale con alguien.

Vuelve al departamento y suena el teléfono – Hola Kev, soy Papá, ¿Querés venir a Perú?-.

                                                                  ***

7 de Diciembre a las 10:40 de la mañana.

Estoy sentado en una silla azul del aeropuerto frente a una ventana que da a la vida (…), y no puedo si no reflexionar sobre este año que va acabando.

Pienso primero lo malo - ¿alguien se siente identificado?- los puntitos del pie, las patitas, la pata y las patazas que metí en el barro a lo largo de todo un año – y dos de no ir a Perú- los pequeños errores y las grandes cagadas que me voy metiendo. Y es que la Navidad me pone depresivo, si buscas a alguien que se mire el ombligo todo el día, ese soy yo, no soporto no estar en el centro de todo, obviamente no puedo estar en el centro de todo, entonces me deprimo. Pero qué linda depresión, la mía, que me agarra en situaciones familiares, es como para terminar como el año pasado en medio de la playa con una botella de vodka en los brazos, totalmente inconsciente, qué depresión más pedorra.

Pienso, luego miro si es la hora de embarque y luego sigo escribiendo.

Después de una pequeña pseudo-catarsis de expresión retorno a pensar – redundancia válida, para demostrar que alguna parte de mí es pensante y cercana a la cordura- en las cosas que me gratificaron, veo pasar a todos los profesores que me entregaron su tiempo, veo pasar a todas las personas lindas – y católicas- que conocí, veo pasar a todas personas lindas –y no católicas- con las que me atreví a ser su amigo, veo pasar todas las reuniones que tuve, y veo que no hay vacío en ello, que valieron la pena, que un año no pasa así nomás.

Hoy regreso a mi patria, muchos dirían: “a tu segunda patria”, se equivocan, porque yo nací de dos madres, yo tengo dos patrias, y hoy regreso, para estar un tiempo, para probar sus delicias, para ver a mi familia y para regresar con todas las ganas.

Hubieron cosas que no pasaron, Diana no me dio bola, me hubiera gustado escribir más y hoy no tengo un helado de chocolate para convidarles.

Kevin se va, pero no por siempre. Leche condensada con fresa para todos.

                                                                        José Martín.

2 comentarios:

  1. Jaja ¡Gracias Kevin! ¡Muy tierno! Pero dejá el alcohol por favor que te va a arruinar el hígado.

    Me encantó la descripción del principio: Kevin mirando al vacío... que termina con el sonido del lavarropas. Me parecíó muy lograda la descripción de esa escena.

    ¡Suerte en Perú que allí hay muchas Dianas también!
    Y muy simpáticas.

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  2. Ja ja Kevin es un tierno tan querible...que ya encontrará la Diana justa para el.
    Buen viaje y felices fiestas!!!

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