Glaciar Perito Moreno, Guillermo Barber Soler
Me pierdo en la visión de un glaciar. El gigante de hielo se
me aparece como algo desbordante, proveniente de un lugar al que jamás tendré
acceso, un lugar pasado, eterno, como mítico. Cada borde, cada arista, es nomás un mero amontonamiento de
partículas, acaso aleatorio, completamente prescindible. Pero a la vez – y esto
es lo que cada vez me asombra – cada uno
de esos detalles, de esas puntas, giros, recovecos, manifiesta algo pequeño,
como escondido, e inmenso por la profundidad de lo que oculta. La naturaleza
está plagada de estos detalles, que invitan a trascendernos hacia el fondo
oscuro que ocultamente revelan. Es que hay algo misterioso en la belleza, que
nos muestra al mismo tiempo la fragilidad de lo contingente y la fuerza y
patencia de lo necesario. Y eso mismo es lo presente en el gran enigma de la
obra de arte, lo mismo que revela al Gran Artista detrás del universo, de las
montañas, de cada arista del glaciar que frente a mí impone su Presencia.
Hoy ya no soy el mismo.
***
A los pocos días descubro escrito en la pared de un refugio:
“¡Bendito sea Dios, que habita cada piedra, cada planta,
cada pájaro y cada arista de los glaciares, y que al mismo tiempo los desborda,
como una profundidad de belleza y misterio impronunciables!”
Guillermo Barber Soler





