Chardin, Señora tomando el té
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¿Cómo vos no tenés té? Me dijo sorprendido y con un dejo de tristeza mi amigo Saurio. Efectivamente casi no había té en casa. Solía haber en cantidad y variedad pero las cosas había cambiado profundamente desde la última vez que nos vimos. Sin duda de las bebidas calientes mi favorita es el té y nunca me había parado a pensar –hasta ahora- por qué. A unos les gusta reunirse en torno al mate. Solicito un momento de sublime silencio para festejar la misteriosa atmósfera de amistad y fraternidad que este baluarte líquido genera. Otros prefieren aromatizar su vida con café. El café es a mi modesto parecer una bebida preparatoria para la agenda, las cosas que deben ser hechas. Es como el masaje que les hacen a los boxeadores antes de empezar el siguiente round; y ese ya no es mi estilo. Tomando café uno se siente importante y ocupado, pero a mí el café me sabe a ocupaciones a las que estoy obligada pero realmente no quiero o no me siento capaz de encarar. El chocolate caliente, por su parte, es un mágico intento por retroceder en el tiempo para poder entrar en contacto con la pureza del niño de la infancia, ese niño, a veces encarcelado y un poco asfixiado, que llevamos todos dentro pero que late con fuerza y no muere, nunca muere.
El té… ¿por qué el té? Supongo que para bien o para mal, es
el que mejor me acompaña. Y aunque tenga sangre inglesa confieso que mi
costumbre de beber té no se reduce a la sobria costumbre del five o´clock english tee. No, mi ingesta
de té es bastante más desmesurada o habría que decir “generosa”. Al levantarme
por la mañana, media mañana, a la tarde, a media tarde y antes de ir a dormir;
bueno en realidad cualquier momento es bueno para disfrutar un tazón de buen
te. Es cierto que con el tiempo me he vuelto más quisquillosa realmente
disfruto el té cuando es buen té.
El ritual del te: se pone la pava, se espera al primer hervor,
se elige la variedad de té de acuerdo a lo que pida “el propio ser”, se busca
una taza adecuada, se coloca el té, se echa el agua, se dejar reposar, se busca
un lugar relajado para beber el té, uno se sienta y a disfrutar de cómo mínimo
de 7 minutos de interioridad. 7 gloriosos minutos de interioridad; lo curioso del
té es que se pueden tener esos minutos
aun estando acompañado. Incluso cuando uno se lo bebe en medio de la vorágine
cotidiana es como un recordatorio de esa profunda necesidad de interioridad e
introspección que tenemos todos los seres humanos, de la necesidad de reposo y
de escuchar al propio cuerpo y la propia alma, de recibir lo que tengan para
decir sin intentar resolver nada en el acto. El té no te lanza hacia el futuro,
ni te devuelve al pasado, no te lleva a la fiesta del mate, el té te sitúa en
el personal presente.
Si pudiera explicarle a mi amigo le escribiría lo siguiente:
Querido Saurio, con el tiempo aprendí a vivir el ritual del
té sin tanto té, suena absurdo ¿no es cierto? Pero es que descubrí que se
pueden tener esos 7 minutos de mil maneras. Claro que estaría muy bien
acompañarlos de buen té, pero realmente no es imprescindible. Igual, no te
preocupes que nunca ha faltado el té en casa. Para mí la experiencia de tomar
té es una prueba de realismo antropológico: somos cuerpo y alma unidos
sustancialmente. Es como un pequeño lujo que me recuerda la altura espiritual
de todo ser humano mediada por el cuerpo. Te confieso que a veces extraño las
variedades de té. Extraño tomar un té y sentir que a través del paladar conozco
de alguna extraña manera lugares distintos al mío. Te espero para nuestro
próximo té.
Ana Watson
¡Bienvenida Anita! ¡Qué lindo lo que escribiste!
ResponderEliminarTu apología del "té" parece escrita como respuesta al "Tarde" de Nico.
Me gustó esa idea de vivir el ritual del te sin el té... Tu conquista de la paz interior. Tu texto emana esa paz tranquila y solitaria.
Yo hice en la C, mi apología al cafe, jaja. Te invito a leerla... No hace falta el aut-aut, hay momentos para todo.
También disfruto el te y lo que escribiste me iluminó acerca del por qué de su encanto.
¡Gracias!
Muy bueno Ana!! Me encanta todo lo que despiertan esas bebidas tan especiales. Coincido en que cada una a su manera ayudan a relajarse, o despertarse o meterse en uno mismo en paz. Y a mi me encantas los tes de distintos "yuyos" y es cierto al saborearlos, es como conocer algo de donde vienen.
ResponderEliminarMarisa hizo su apologia del cafe y Maria del mate, estamos completos.
Bienvenida!
¡Ey, Anita! ¡Bienvenida! ¡Qué bueno volver a saber de vos mediante un texto que me gustó mucho! A mí, me pasa esa interioridad con el te jazmin pero no cualquiera sino ése que viene en hebras en una lata naranja de origen chino. Y tomado con esa taza japonesa sin asa, es como un momento perfecto para la reflexión. Es verdad lo que decís. Y con respecto al café, que también lo amo, tiene "ese qué sé yo, ¿viste?". Es como que no te saca de dónde estás como hace el te, sino que te agudiza todo lo que estás haciendo o siendo (si estás leyendo, te hunde más en la lectura, si estás triste, te agudiza más la tristeza, etc.)
ResponderEliminarBah, no sé es mi experiencia con las dos bebidas. Cada uno para cada momento.
MUY BUENO. ESTA PARTE ME GUSTO SOBREMANERA:El ritual del te: se pone la pava, se espera al primer hervor, se elige la variedad de té de acuerdo a lo que pida “el propio ser”, se busca una taza adecuada, se coloca el té, se echa el agua, se dejar reposar, se busca un lugar relajado para beber el té, uno se sienta y a disfrutar de cómo mínimo de 7 minutos de interioridad. 7 gloriosos minutos de interioridad; lo curioso del té es que se pueden tener esos minutos aun estando acompañado. Incluso cuando uno se lo bebe en medio de la vorágine cotidiana es como un recordatorio de esa profunda necesidad de interioridad e introspección que tenemos todos los seres humanos, de la necesidad de reposo y de escuchar al propio cuerpo y la propia alma, de recibir lo que tengan para decir sin intentar resolver nada en el acto. El té no te lanza hacia el futuro, ni te devuelve al pasado, no te lleva a la fiesta del mate, el té te sitúa en el personal presente.
ResponderEliminarLOS JAPONESES CON EL RITUAL DEL TE, Y EL TEATRO NO, HACEN UNA SUSPENCION EN EL SER- NADA, COMO SI FUERA UNA SUSPENCION EN EL JUICIO A LO HUSSERL.
BESO, UN PLACER QUE ESTES CON NOSTROS, DESDE EL AROMA DE UN TÉ, BUSCANDO EN LA COTIDIANA PLENITUD DE TU PARTICIPACION, UNA NUEVA COMPLACENCIA.
MAX HUNICKEN
Qué lindos homenajes que se están haciendo a las distintas bebidas, también pasaron el pan, algunas chuletas, los copitos y no se si me olvido de algo. El fernet apareció en las fotos así que podemos dejar el vino para la realidad real y completar así la dimensión de la representación. Saludos!
ResponderEliminar¡Bienvenida Ana! Tres cosas me pusieron contento al leerte. Tu aparición en el blog, tu capacidad para mostrar el encanto del té (yo siempre lo había considerado más un brebaje para cuando estoy flojo de salud...) y el saber que estás con esa capacidad para degustar de esos minutos de interioridad (recuerdo algunas épocas tuyas más "cafeteras"). ¡Gracias por compartir tu reflexión!
ResponderEliminarMuy lindo Anita! Qué lindo que estés por acá, yo estoy medio perdido, pero cada tanto me paso y leo lo que escriben viejos amigos...
ResponderEliminarMil gracias a todos por sus comentarios! Qué alentador! y qué gran alegría poder sentirme otra vez del otro lado del charco a través de este blog. Ya mismo me pongo a leer las otras entradas que me recomiendan. Yo también, como Claudio, estoy un poco perdida... De hecho, recién ahora me doy cuenta de que se puede contestar a cada comentario. Bueno, por algo se empieza.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo a cada uno
Cuando vuelva en unos meses, Ann, te llevaré té de regalo. Porque aunque se pueda tomar té si té, yo insistiré con el método tradicional, con un buen té. Un cálido abrazo.
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