Mi viejo cantaba. En las reuniones familiares, canciones típicas españolas, sobre todo del país vasco, pero también del repertorio de Miguel de Molina, algún aria de zarzuela, cosas así. Y lo hacía bien, tenía linda voz, entonaba muy bien. La familia le pedía:
-Cantá, Santos.
Se llamaba Santos
porque había nacido el Día de Todos los Santos. Yo y mis hermanos siempre hemos
cantado, esas canciones y muchas otras, pero ninguno estudió canto. Sin embargo
un rastro, una impronta artística
bastante profunda quedó en el nosotros.
Tanto mi hermano
como yo hemos andado y andamos por ese río, lo mismo que mis tres hijos.
Y cuando empecé a
dirigir campamentos universitarios, canté mucho en los fogones, y encontré en
el canto un recurso para superar mi timidez adolescente y ejercer una tarea de
conducción que luego se fue ampliando a ámbitos para mí inimaginados.
Con esto de liderar
sutilmente el canto en los fogones me armé un repertorio algo internacional.
Además de algo de folklore argentino, muchas otras canciones. Tradicionales
francesas, españolas populares y de la Guerra Civil. Italianas de montaña. Y
los Negro Spirituals y minstrels de Estados Unidos. Que forman parte de esa, mi
cultura dependiente, de la que ya he hablado alguna vez.
En estos días de
corta covalescencia, encerrado en casa y dedicado al zapping, el cine y la
música vi a Hugh Laurie cantando una versión muy personal de Old Folks at Home,
que he cantado mucho.
Me movió mucho.
Habla de la lejanía de su lugar originario, allá lejos bajando el río Suwannee,
donde su corazón quiere volver porque todo el mundo es triste y deprimente,
donde quiera que va.
Repasé un poco mi
vida, quizá algo asustado por esta breve enfermedad aunque, consciente como
estoy de nuestra inevitable finitud y fragilidad, esta revisión la realizo con
frecuencia, y me ha dado tema como para una cuantas de las páginas que vengo
escribiendo.
¿Qué decir como
comentario de la anécdota?
Se me ocurre el
asombro por el encadenamiento de oportunidades, ofertas, rechazos, alegrías y
pesares pequeños, medianos y muy grandes que, como por puro azar, me llevaron
al aquí y ahora, ya que fue solo en un momento muy avanzado que logré alguna
claridad en unos pocos deseos, que ni sé si animarme a calificar de objetivos.
Todo lo cual me ha
traído aquí, a esta casa, a este tiempo, a este teclado en que escribo, a estos
amores y amigos, a estas inquietudes que tienen mucho, pero muy mucho que ver
con quien soy.
Si parece que
alguien me hubiera venido guiando…
Nostalgiosa tengo el
alma.
21 de Julio, 2013. Como
siempre, tratando de no perder el fugaz presente.
Jorge Oscar Marticorena
Tus palabras Jorge dan voz a un sentimiento que avanza seguro y sereno como el agua de un arroyo. Mira hacia atrás, las melodías del Padre que atizaron todo un estilo de vida que fue hallando sus propias puertas y ventanas de salida en un diálogo generoso con el presente. Somos lo sido, pertenecemos a una trama de la que somos protagonistas y a la vez sus designios nos exceden.
ResponderEliminar¡Qué bueno que sus hilos hayan trazado un puente entre tus sentimientos y este taller!
Lo leí varias veces y cada vez me acordé de algo distinto. Me emocionó la mirada nostalgiosa hacia atrás, y esa sensación de que algo guió todo y te llevo a ser quién sos. Me gustó mucho la letra de la canción, ese querer volver siempre, ¿no será lo que mejor nos defina ser seres nostálgicos?
ResponderEliminarLa versión de Hugh Laurie es lindísima. Mientras te leía escuchaba Jhonny Cash y a Jeff Bridges, con algunas letras de un pensamiento similar al tuyo. Te recomiendo que escuches "Maybe I missed the point" de Jeff Bridges: http://www.youtube.com/watch?v=RpSuCaA8ASg
Gracias por tan lindo escrito! Mi parte preferida:
"Todo lo cual me ha traído aquí, a esta casa, a este tiempo, a este teclado en que escribo, a estos amores y amigos, a estas inquietudes que tienen mucho, pero muy mucho que ver con quien soy."
Buenísimo eso de los deseos que ni te animas a calificar de objetivos. Como dice Steiner "uno no tiene que dar cuenta de sus amores". La verdad que es bastante cansador estar tratando de justificar con argumentos lo que uno quiere. Me vino bien este relato de tu experiencia!
ResponderEliminarLa definición de lo que se quiere es lo profundamente personal. Yo trato de no preguntarme demasiado por mis porqués. Como soy muy analítico, un poco lo hago. Despues, si me interesa incluir a alguien, puedo dar rienda suelta al análisis. Pero es ya otra cosa, otra etapa. Si se claramente que quiero algo, me cuido de los sentimientos de culpa.
EliminarClaro, he sido muy culposo.
El vilipendiado y amado Fito Paéz (últimamente, más lo primero) en una de esas afortunadas frases que cada tanto nos regala, decía: "Y aunque todo sea una farsa/ yo se que el mundo cabe entero en una canción", ¿cuál será esa canción? Supongo que cada uno tiene la suya.
ResponderEliminarPero, la música tiene ese poder de sintesis y a su vez de expansión (¿cuál sería lo contrario de síntesis?), enigma y evidencia a la vez (diría Adorno) y siempre abriendo mundos, nuestros mundos.
Con respecto, a esos balances de la vida, creo que es saludable tener conciencia que lo vivimos. Ya sea negativo o positivo, el balance. Es como reiniciar la compu y sentir que todo anda bien, otra vez.
Pd. Me llama la atención que estos últimos 4 días, he leído escuchado muchas veces la palabra "nostalgiosa". Se lo escuché a Marley, lo leí en Mirtha Legrand y Campanella, ahora, Jorge y Teresita (calculo que Tere por repetir lo que dice el texto) y así otros dos más que no recuerdo bien.
La tomé de nuestro folklore, posiblemente el norteño, alguna de esas hermosas zambas que por allá saben crear.
EliminarNo sé cual. Aunque quizá se lo escuché a Ana, mi mujer, a la que la apasionaban el folklore y las artesanías, y con la cual aprendí mucho de esas y otras cosas del pueblo